Ayer se celebró un nuevo aniversario del acontecimiento mariano que cambió para siempre la historia de nuestra ciudad. Aproximadamente 800.000 peregrinos de todas partes del país llegaron en los últimos cinco días para rendirle homenaje a la madre de los cielos. Durante su homilía, el obispo de nuestra Diócesis Héctor Cardelli, dio un mensaje a los jóvenes.
“Quiero dirigirme a la juventud que se ha convocado al campito de María. Vamos a unirnos a la propuesta del Papa Benedicto de vivir un intenso año orientando nuestra meditación y nuestra atención en el tema de la fe. Acabamos de escuchar un pasaje del Evangelio donde María nos da una muestra suprema, maravillosa de la fe aceptando, más que lo que le pide el señor, aceptando quien se lo pide. Dios sale al encuentro de María para pedirle el consentimiento de anticiparse a ser la madre de Jesús. Jesús estuvo siempre junto al padre, pero ahora habiendo aceptado la similitud con nosotros, quería llegar al modo en que nos comunicamos, con una voz, con un gesto, con una mirada, con los sentimientos, con la vivencia, con la vida que tenemos nosotros hasta la muerte. Necesitaba hacerse hombre, necesitaba tomar nuestra carne. Y queda allí, en el seno de la vida, donde se entretejía esa carne divina de Dios, que se traduce en palabra para indicarnos el camino que debemos seguir y que se traduce en el alimento de la verdad para nutrirnos de su fuerza y poderla aceptar en nuestra vida”.
Aceptar a Dios
Cardelli habló de la fe como camino a la verdad y la vida “Que misterio más incomprensible el de María, para quien no tiene fe. Por eso el Papa nos dice que la fe que recibimos con el bautismo es la puerta que nos abre el camino de la salvación. Aceptarlo a Dios en nuestra vida, aceptarlo a Jesús en nuestra vida, sera la clave de nuestra felicidad, será la clave de la plenitud de vida que Él vino a traernos. Aceptar a Cristo en el corazón nos hace libres de orientar nuestros pasos conforme a lo que el nos da de enseñanza. Sus palabras, que nos iluminan la mente con la verdad y su entrega de amor que nos fortalece la voluntad para entregar nosotros nuestro corazón, son las claves más importantes para que nuestra vida no se nos doble detrás de intentos que no colmaran las aspiraciones de nuestro corazón. Cuando comenzó este acontecimiento en San Nicolás hace 29 años, muchos de los presentes todavía no habían nacido y es en este lugar donde María se hace presente para llegar a sus hijos y ponerse delante de ellos y decirles a ustedes aquella respuesta que le dio a Dios y que dijo que se cumpla en mí tu voluntad, tu querer. ¿Y cuál es tu querer señor? Y Dios dice: Mi querer es que se amen, que se amen los unos a los otros, ámense como yo los amé, con un amor increíble, entregado, generoso que busca y siente al otro, con un amor que genera felicidad, que genera comunión, que no tiene ataduras y que al vivir la libertad de los hijos de Dios ama sin distinción de razas, de credos, de color, de clase social, porque el amor de Dios es universal y ése es el amor que nos entregó y que debe pasar por nosotros para entregarlo a los demás. Dios sigue amando a través de nosotros. De gran capacidad, de grandesa nos reviste ese amor, cuando no lo tenemos nos volvemos egoistas, nos volvemos individualistas, nos volvemos soberbios, materialistas. Se ahogan la posibilidades que tiene nuestro corazón, de unirse a Dios con amor. La vida se enriquece, se multiplica y se hace verdaderamente vida plena, cuando ama, cuando se entrega, cuando busca el bien. Hoy es el momento de decirle a María que queremos venir a tu encuentro, de renovarnos en este momento donde nos encontramos unidos por el amor a ella. Donde nos encontramos movidos por la fe, donde comienzan a hacernos cosquillas en el corazón los grandes sentimientos para que verdaderamente nuestra oración, nuestra ofrenda y nuestra disponibilidad florezca ante Dios, pueda fecundarla y podamos producir frutos de vida eterna”.

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