Con una fiesta cívica, la ciudad celebró sus 228 años de vida

Con una fiesta cívica, la ciudad celebró sus 228 años de vida
En la noche previa (la del lunes), los gualeguaychuenses se fueron a sus hogares acunando el sueño que les habían dejado los artistas locales y la Fanfarria Alto Perú, frente al Teatro mayor de la ciudad.
Con una fiesta cívica, la ciudad celebró sus 228 años de vida

Ayer, la mayoría miró al cielo porque ya se sabe, las lluvias y los actos oficiales nunca se llevaron bien. Casi todos respiraron cuando el sol era lo que predominaba. El clima de fiesta ya fue imparable. Quien saliera de su hogar y transitara por la ciudad, descubriría que en muchas esquinas, policías de uniforme ya presagiaban que algo importante estaba por ocurrir.

La plaza Colón se fue poblando de vecinos. Cerca de veinte mil anunciaron los organizadores y las fuerzas de seguridad, acostumbradas a estos cálculos, murmuraban por lo bajo que se estaban quedando cortos.

Familias con sus hijos, amigos… todos se dieron cita porque como se intuía, el aniversario de la ciudad fue un poco el cumpleaños de todos.

A las 11:15 la Fanfarria “Alto Perú” ingresó ovacionada por la calle San Lorenzo y se ubicó de espaldas a la Plaza, mirando al río. Frente al escenario, los abuelos de la Dirección de la Tercera Edad, La Cámpora, Juventud “Fermín Chávez”, Luz y Fuerza y otras agrupaciones y vecinos que llegaron desde Basavilbaso, Zárate, Larroque, Urdinarrain, Concepción del Uruguay y Ceibas, entre otras localidades, vibraron en la previa poniéndole entusiasmo y alegría a la convocatoria. Por los altoparlantes insistieron –al final con éxito- de que se bajaran las banderas partidarias.

Un enorme cartel de la Asamblea Ciudadana Ambiental que expresa la ya legendaria “Si a la vida. No a las papeleras. Fuera Botnia-UPM”, ingresó a la plaza y fue seguida por todos con admiración y respeto: Gualeguaychú también expresaba sus capítulos abiertos.

Mientras tanto, el grupo Tuka Tuka y luego la Fanfarria, hicieron cantar y bailar a la concurrencia.

A las 12:30, un hormiguero de gente detrás y al costado del escenario dio la noticia que todos estaban esperando: el arribo de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La Jefa de Estado fue recibia por la Guardia de Honor de la Escuela Enova y saludó a los funcionarios. Un son de batucada la convocó a un rincón del puerto y se mezcló y bailó con las comparsas del Carnaval más bello del país. La gente se transformó en una marea humana detras Cristina y todos querían saludarla y besarla.

La Presidenta subió al escenario acompañada por el senador nacional Guillermo Guastavino, el gobernador Sergio Urribarri, el intendente Juan José Bahillo, la senadora nacional Blanca Osuna, la titular del Concejo Deliberante, Liliana Ríos, el secretaro de la Presidencia, Oscar Parrilli y el ministro de Gobierno de la provincia, Adán Bahl.

Inmediatamente se dio paso a la tele conferencia con la Granja Tres Arroyo y con Santiago del Estero (ver aparte) y se pasó a los discursos, donde prevaleció el sentido de la convocatoria: el aniversario de la ciudad, previa entrega a Cristina de la Llave de la Ciudad.

Nada fue casual

Un acto de esta magnitud no se deja nada librado al azar. Ese es el ABC de todo protocolo, máxime cuando el escenario es dominado por la Presidenta de la Nación.

Se sabe que la presencia de la primera mandataria siempre es un acto político de primer orden, mucho más cuando se hace a pocos días antes de las elecciones generales. Y en este marco, la presencia de Cristina no fue casual en una de las ciudades que se caracterizan por su participación y fervor ciudadano.

El discurso de Cristina recorrió la historia y el presente, pero todos estaban esperando el momento en que la Jefa de Estado se iba a referir al conflicto por UPM (ex Botnia). En ese marco recordó cuando se anunció que se iba a recurrir a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, porque “el derecho internacional es lo único que debe regir entre todos los países del mundo”, enfatizó.

Aclaró que le gustan los debates, pero rechazó aquellos que son “estériles”. En ese sentido, pidió que las discusiones sean “sobre cosas objetivas, verificables y cuantificables, y que lleven beneficios a todos los argentinos, agregó (ver aparte).

Terminado el acto oficial, Cristina se bajó del escenario y se dirigió al tablado donde estaban los alumnos del coro de la Escuela Nº 88 “Los Fundadores” que entonaron unas canciones. Una de ellas sostenía: “El sueño de San Martín tendríamos que soñar”. Con ese espíritu, la Presidenta recorrió unos metros entre el público y se despidió. En la plaza, la gente no se quería ir. Todos querían expresar por qué Gualeguaychú es Ciudad de los Poetas, es Ciudad del Carnaval, es Ciudad Ambiental, es madre de sus propias obras. El cumpleaños de la ciudad los volvía a convocar para compartir los mejores sueños y ahí estaba la gente: viviendo un hecho histórico como pocas veces en los últimos tiempos. Nada es casual en estos 228 años. Por eso Gualeguaychú celebró con su mejor tradición fundacional: vecinos, instituciones y autoridades soñando juntos, acaso también “el sueño de San Martín”.

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