Ayer se corrió la edición 72 del clásico, la última con todas las tribunas del hipódromo en pie.
La carrera se corrió pasadas las 18, bajo una amenaza permanente de tormenta. En las tribunas, la gente le puso color a la jornada con sus heladeras llenas de comida, cerveza, unos buenos tintos y el infaltable fernet. En la popular, que dentro de poco será derrumbada por un emprendimiento inmobiliario, hubo gente que llevó su parrilla para hacer un asadito. Otros, optaron por cocinar la carne en casa y comerla en el lugar.
Mesas, manteles, sillas, mates, los aficionados al turf no se olvidaron de nada para disfrutar a pleno el último clásico que se disputó con las tres gradas en pie. Mientras algunos se refugiaban del sol en las tribunas, otros se agolpaban en los establos para ver a los caballos de carrera y después realizar fríamente las apuestas. Los tres puntos donde se podía jugar “con remate” fueron los más calientes.
“Esto es hermoso, trato de venir a todos los clásicos que puedo porque me encanta el hipódromo, vengo desde que tengo tres años, mi papá y mi tío venían a la cancha de Talleres y después se pasaban a ver la última carrera”, contó Egles, que fue al clásico con su hermana Celia, su mamá Pura Beata y Elena, una amiga de la familia.
Carlos Álvarez, vecino de barrio San Carlos amante del hipódromo y allegado a las carreras, se preparó un “asadazo” para disfrutar del clásico y contó que teme por el futuro de la actividad: “Mis hijos y sobrinos se han criado en el hipódromo, ellos son peones de caballos. Al lugar lo veo dado vuelta, hace un tiempo que viene bajando la actividad de las carreras, se comenta que la semana que viene tiran las tribunas. Esto tiene muchos años de trayectoria, no sé cuánto tiempo más va a durar”.
Pese a la amargura de varios por el deterioro del lugar, el bullicio y las palmas del público le fueron poniendo “picante” a la tarde mientras se acercaba la hora del clásico. Para amenizar la espera estuvo presente la banda del Liceo Militar General Paz, que hizo bailar a casi toda la tribuna de socios (el famoso Castillo del Jockey) cuando interpretaron “Cachita”, de Ricardo Montaner.
Las nubes negras cubrían el cielo del hipódromo y la hora del clásico se acercaba. Minutos antes de las 18 los jockeys y los caballos ingresaron a la pista con sus llamativas chaquetas y fueron recibidos con una ovación.
Mientras los caballos se estaban acomodando para la largada, las mitad de las puertas de las gateras se abrieron y seis caballos, de los 16 que corrieron el clásico, salieron con todo a la pista.
Entre ellos estaba Jamellón, el cuestionado campeón de 2010, que pertenece en parte al hijo de un reconocido y polémico político peronista y al que le endilgan no haberse sometido a los análisis correspondientes antes de la carrera. La largada desprolija generó quejas de múltiples propietarios.
Entre algunas gotas de lluvia, un buen marco de gente, la nostalgia por épocas mejores y el fervor de la carrera pasó una nueva edición del Clásico San Jerónimo, la 72, que tuvo como ganador a Manifestante, el caballo Nº3, montado por César Cuellar, de Formosa.
..........................
Una fiesta. 17 caballos en la lucha
Premios. Se repartieron 78 mil pesos en premios.
Comidas. Helados, parrilladas, golosinas, choris y pastelitos. De todo se vendió en el predio del Jockey para quienes no llevaron su alimento.
Comentá la nota