Fiebre de sábado por la noche, pero en una murga de barrio

Fiebre de sábado por la noche, pero en una murga de barrio
Sólo en Boedo, unas 6000 personas asistieron al paso de los artistas que veneran al Rey Momo. Estiman que este año se superará el millon y medio de espectadores de 2011. Hay unas 110 grupos que desfilan por los corsos porteños.

Miles de personas participaron de los corsos porteños en la noche del sábado, quizás la jornada más importante en este fin de semana largo por los feriados de Carnaval. Levitas, bombos, lentejuelas y galeras de colores inundaron las calles en 33 puntos de la Ciudad con entrada libre y gratuita. Los festejos están organizados por la comisión de Carnaval, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, en la cual tienen participación las agrupaciones carnavaleras de cada bario (declaradas hace 15 años patrimonio cultural de esta ciudad) a través de la Agrupación MURGAS.

Por los corsos desfilaron alrededor de 110 murgas porteñas que siguen dándole al Carnaval capitalino una identidad propia basada, fundamentalmente, en el tipo de baile al compás de los bombos y los platillos. “A mi me gusta más este Carnaval que el de los uruguayos”, dice Héctor, de 41 años, que asistió con toda su familia al corso de Corrientes y Medrano. Héctor tiene a la pequeña Tatiana, de cuatro años a caballito. Su esposa Mirtha, en cambio, cree que los carnavales de Montevideo “son más lindos porque los coros son mucho mejores y las letras, ni qué hablar”. Aunque reconoce que “a los uruguayos en la parte de los coros no hay con qué darle”, Héctor dice que “acá se baila más y mejor”. Cerca de 22 empezó a llegar la Agrupación Humorístico Musical Los Mismos de Siempre, con sus colores naranja turquesa y blanco y un número de ribetes paródicos sobre la dificultad de entendimiento entre las religiones mayoritarias del barrio.

No hay aún números oficiales sobre la cantidad de asistentes a los Carnavales, pero los organizadores y algunos comerciantes coincidían en evaluar que en el corso de Boedo e Independencia, señalado por todos como el más importante de la Ciudad, había algo de 6000 personas cerca de la calurosa medianoche del sábado. Algo así como un Luna Park lleno, pero en la calle.

Los organizadores calculan que este año se superará el millón y medio de personas que asistieron el año pasado en las diez fechas y en todas las sedes de ese gran corsódromo en que se convierte Buenos Aires en Carnaval. “El día que aprendamos a divertirnos sin hacer tanto ruido seremos una sociedad civilizada”, se queja un muchacho que vive en un departamento que da, justamente sobre la avenida en que se desarrollan los corsos. Otros vecinos suyos, sin embargo, aprovechan la ubicación privilegiada y miran el corso desde lo alto, tomando mate o cerveza.

Las bebidas alcohólicas están terminante prohibidas en todos los comercios cercanos a los corsos. No sólo en los puestos distribuidos especialmente por los organizadores del Carnaval, que venden choripan y gaseosas, sino en los supermercados que permanecen abiertos hasta pasada la medianoche o, incluso, en algunas pizzerías. Se trata de una salida de características claramente familiares. Hay, en general, pocos jóvenes solos y son enorme mayoría los chicos y las chicas en etapa preadolescente que se divierten tirándose espuma en aerosol. Beto, uno de los vendedores ubicado estratégicamente en la cuadra por la que circula el corso, dice que el año pasado, a esta altura, había vendido un poco menos que este. Cada aerosol de espuma cuesta $10. El año pasado costaba siete.

Según la Comisión de Carnaval, este año son más de 15 mil artistas callejeros que recorren los corsos barriales para celebrar el logro de la pelea que dieron desde comienzos de los ’90 por recuperar el feriado de lunes y martes de Carnaval, que la dictadura había borrado del calendario y se recuperó a fines de 2010 a partir de un decreto presidencial.<

La actividad en algunos barrios

En el corso de Almagro (que está ubicado en las inmediaciones de la esquina de avenida Corrientes y Medrano), se presentarán hoy, entre otras, las murgas Los insaciables de la Paternal y Los maniáticos de Villa Crespo. Mañana será el turno de Los bohemios de Lugano y Los Elegantes de Palermo.

En el tradicional barrio de Boedo, donde el escenario es en la calle homónima entre las avenidas San Juan e Independencia, se presentarán hoy Los audaces de Bajo Belgrano, Falta envido y Truco de Almagro y Me leva que Eu Vou. Para mañana se anuncia la presencia de Los Arlequines de la R y Los Pecosos de Floresta.

En San Telmo, el corso situado en la avenida San Juan entre Tacuarí y Perú contará hoy el paso de Los mismos de siempre, Derrochando Alegría y Bailando en una pata. Para mañana se prevé la presentación de Los Caprichosos de San Telmo y Los linyeras de La Boca. En todos la actividad comienza a las 19 y termina a las 24.

“Era necesario el feriado”

Sergio “Checho” Urbano es el fundador de Los Girosos de Pompeya, una murga que ya cumplió once años agitando el empedrado porteño. Están a punto de salir a hacer su espectáculo en el escenario más importante de estos carnavales, el Corso del barrio porteño de Boedo.

Cuando no se dedica a la murga (“este metejón”, como la define) Checho es camionero y hace fletes para una empresa.

”Hay una canción de la murga que se llama Terrible Carnaval, porque no es fácil juntar a tanta gente para ensayar, y encima Pompeya es un barrio difícil, es un desgaste enorme que uno tiene en estos días, pero lo esperamos todo el año”, comenta, mientras charla con unos y con otros.

Como director general de la murga, mueve sus casi dos metros de altura con elegancia entre los trompetistas de la agrupación.

Son 130 vecinos de ese barrio del sur de la Ciudad que se visten de blanco y negro para celebrar al Rey Momo y, entre otras cosas, se encargan de la organización del Corso ubicada en las inmediaciones de Chiclana y Avenida de la Plata.

“Era necesario el feriado de Carnaval para que la gente más humilde tuviera una noche feliz, un fin de semana de alegría”, dice Checho, mientras esquiva algunos chorros de espuma que llegan desde la vereda. “Y los que son de otros sectores sociales también vienen, porque con unos mangos se divierte toda la familia.”

El Che Guevara dibujado en su levita gira cuando Checho sale “a romperla”, en el escenario de lo que él define como “la fiesta más convocante de toda la Ciudad de Buenos Aires”.

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