La presencia del jefe de Gabinete concitó la atención de numerosos -y fervorosos- dirigentes y militantes. Firme defensa de la gestión y extrema moderación en las críticas.
En esos términos se desarrolló la breve visita a Santa Fe del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, para participar en la tarde-noche de ayer, en un foro de debate sobre el Bicentenario que, en rigor, fue la excusa para concretar un importante acto político, en (no tan) velado apoyo a la precandidatura de Agustín Rossi para la gobernación, y a escasos metros de la Casa Gris.
Y es que el tono de las alocuciones se ajustó a los términos de la convocatoria, y tanto Rossi como Fernández reivindicaron la política como herramienta de transformación y desarrollaron una línea histórica que conectó la Argentina del primer peronismo con la de los Kirchner, en términos de crecimiento, proyección internacional y justicia social. Y en el medio, un vasto océano de gestiones autoritarias o democráticas orientadas a “demoler” el modelo de país, gestado por el fundador del partido y recuperado por el matrimonio gobernante.
Pero el auditorio que colmó el espacio del salón Garay del Colegio Inmaculada -más de 1.300 personas, a las que habría que sumar un buen número que debió permanecer afuera- tenía clara la naturaleza del acontecimiento, y no dejó de acompañar con cánticos y vítores, con un fondo permanente de redoblantes y despliegue de pancartas. El propio Fernández, acaso influido por su reciente vinculación al mundo de la música -mediante su participación en un videoclip de Andrés Calamaro- se sumó por lo bajo a uno de los estribillos, mientras esperaba que resolviesen el problema técnico de su micrófono.
Discurso medido
En cuanto a las declaraciones, en la abigarrada conferencia de prensa desarrollada en los altos de la institución -que incluyó cierto grado de desorganización y no pocos empujones y hasta alguna discusión a viva voz entre colegas- ninguna se desprendió de lo previsible para ganar títulos a fuerza de novedad o tono.
Acompañado por Rossi como anfitrión y el también diputado nacional kirchnerista Gustavo Marconatto, Fernández aprovechó afirmaciones de Mario Brodersohn -viejo militante del radicalismo y reconocido economista- para reivindicar que “en los últimos 80 años los mejores han sido el ‘48, el ‘73 y el 2008. El 2008 ha sido un año excepcional y se cansaron de pegarnos en las costillas. En 2009, en plena crisis internacional, las medidas contracíclicas tomadas por la presidenta de la Nación nos permitieron sostener las fuentes de trabajo; se perdieron muy pocas y ya han sido recuperadas. Hemos mantenido el nivel de actividad y ya estamos de nuevo arriba del 9 %”.
En ese sentido, se desligó de especulaciones sobre candidaturas y aseguró que la atención del kirchnerismo está puesta en la gestión de políticas públicas. No quiso hablar de los problemas de la oposición - “es asunto de ellos”-, ni de la factibilidad de un hipotético acuerdo con el reutemanismo y el obeidismo - “soy sapo de otro pozo”-, ni de la situación de Santa Fe -“yo no soy un celador de las provincias”.
Enemigos públicos
También tuvo un discurso fuertemente institucionalizado hacia la Corte Suprema y el ineludible cumplimiento de sus fallos, si bien se reservó el derecho de expresar el disenso y advirtió que el organismo no debe actuar solamente como última instancia, sino también como poder del Estado. “Debe ocupar los dos sombreros”, graficó. Aun así, insistió -y explicó extensamente-, la “imposibilidad” de cumplir con lo mandado en el caso del ex procurador de Santa Cruz, despedido en su momento por Néstor Kirchner.
En particular, sobre el reclamo de Santa Fe por los descuentos de coparticipación para Anses -que fueron planteados ante el Tribunal- consideró que “es una discusión que está avanzada; se tendrá que resolver en algún momento”.
Sobre otros habituales y recientes receptores de sus dardos, se concentró en “el monopolio” -en alusión al grupo Clarín- y el ex fiscal de las Juntas Julio César Strassera. En tal sentido, negó que exista una “confrontación” con la prensa en general; sin perjuicio de marcar desacuerdos en determinados casos. En cambio, insistió en que “nosotros discutimos para que haya una horizontalidad de la información, muchos medios donde todos puedan expresarse”, mientras que “el monopolio pelea por su negocio”.
En cuanto a Strassera, “todo el mundo piensa que es una especie de prócer porque participó del juicio a las Juntas, y en realidad las circunstancias lo pusieron ahí. Pero cuando fue fiscal durante el Proceso, se portó muy mal con muchísima gente. Y yo tengo por qué callarme la boca, por más desagravios que le hagan”.




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