El fenómeno de la violencia social

La Rioja, al igual que el resto del país, no está exenta del notable y preocupante crecimiento de la delincuencia.
Hace apenas unos pocos días, NUEVA RIOJA cumplió sus primeros siete años de vida y de inserción constante y permanente en la comunidad riojana, convirtiéndose además en una opción, una alternativa real, concreta y válida para los lectores, ávidos de información en los tiempos que corren. Mucho se escribió y se dijo al respecto de este nuevo aniversario, que, trazando un paralelismo con las etapas de la evolución humana según el psicólogo Jean Piaget ubicaría a este medio en el tercer período: el de las operaciones concretas.

Se podría decir entonces que en este momento NUEVA RIOJA se hace capaz de una cierta "lógica" a partir de operaciones mentales concretas y que piensa "con los ojos y con las manos" (palpa la realidad y la escribe), un tipo de pensamiento fundamental para la etapa siguiente: la de la adolescencia, tal vez la etapa más compleja de la vida.

Pero volviendo al análisis de Piaget, la posibilidad de esas operaciones concretas viene dada por la conquista del esquema fundamental del pensamiento: la reversibilidad que, a nivel social, se manifiesta como una reciprocidad, en la que el individuo se convierte en cooperativo, puesto que es capaz de ponerse en el punto de vista de los demás, superándose así el egocentrismo.

Precisamente, sobre este punto viene trabajando NUEVA RIOJA desde su nacimiento hasta la fecha, lo que de alguna manera convierte al medio en un niño "evolucionado". Y desde 2003 hasta el presente año, este medio fue testigo y transmisor del día a día, de la cotidianeidad de los riojanos en todas las materias, y también de aquello que, precisamente por no ser cotidiano, también se vuelve noticia.

Y si hay una realidad que se puede palpar y que se transmite día a día es esa sensación que se convierte en una expresión común: "esto antes no pasaba". La frase, hace referencia a la creciente e indisimulable inseguridad que, si bien no es un fenómeno propio o exclusivo de La Rioja, sino más bien una onda expansiva a nivel país, preocupa y mucho.

En los últimos años se ha registrado un desmedido crecimiento de la delincuencia juvenil y de la delincuencia en general, como resultado de una multiplicidad de problemas: desintegración familiar, avance de las adicciones, la falta de oportunidades educativas y laborales.

Junto con los agobios económicos, el problema de la seguridad pública (devenido ya en violencia pública) es uno de los más importantes en el país, particularmente en lo que hace a la delincuencia que ha crecido en forma alarmante durante los últimos años.

Resumiendo, el problema de los niveles actuales de delincuencia es el resultado de una inadecuada política en materia criminal en los últimos años, como así también a la falta de señales políticas claras en el tema, con permanentes marchas y contramarchas.

Hechos graves

Los últimos y gravísimos hechos que se registraron en la apacible Baradero, una localidad de la provincia de Buenos Aires de apenas 25 mil habitantes, hablan a las claras de la ola de violencia que sacude al país y que no es nueva ni propia de nadie, sino que acapara a toda la Argentina.

Baradero fue el escenario de -tal vez- los más graves incidentes que se hayan registrado en el país, en lo que va de este año.

Unos dicen que el brote de violencia, por el que la municipalidad de Baradero terminó incendiada, fue espontáneo; otros aseguran que un grupo de agitadores políticos se aprovechó de la ira provocada por la muerte de dos jóvenes (en dudosas circunstancias), para encender la mecha del polvorín.

Como sea, todo esto es materia de análisis posterior que no terminará de desentrañar al hecho en sí mismo, mucho menos al fenómeno de la violencia global.

Para graficar, estadísticas recientes marcan que el año pasado fueron arrestados 18.819 menores, mientras que en lo que va del año, fueron más de 7820 los delincuentes juveniles apresados por las fuerzas de seguridad provinciales. Si se compara estas cifras con lo que sucedía años atrás, se corrobora que el fenómeno de menores involucrados en delitos está, lamentablemente, en franco crecimiento.

Mientras tanto, y como un intento de buscar una solución al fenómeno se discute si elevar a 18 años la edad de responsabilidad de los adolescentes -hoy se ubica en los 16- o rebajarla a los 14. Para algunos expertos en el tema, antes que debatir la edad de imputabilidad hay que instrumentar un sistema penal para menores que respete sus garantías, además de políticas activas de infancia y de integración social.

La Rioja, al igual que el resto del país, no está exenta de la delincuencia juvenil en donde cada hora son detenidos menores, según datos que maneja la Policía, que en su mayoría son reincidentes, pero recuperan rápidamente su libertad. Y este no es un dato menor, como sí suelen serlo los delincuentes en muchos de los casos.

Políticas poco claras

Como muestra de la creciente violencia social en La Rioja se puede hacer mención a un importante número de hechos delictivos que en los últimos tiempos sacudieron a la sociedad como el asesinato de Cecilia González Córdoba -por estos días se desarrolla el juicio contra el único imputado, Martín Santillán- o el doble crimen de Pagancillo, en el que dos hermanas fueron brutalmente asesinadas.

Pero sin ir más lejos y sin ser tan drásticos, en la semana que pasó generó preocupación el hecho que terminó en una verdadera batalla campal entre un grupo de individuos que participaba de una fiesta privada y más de 150 -sí, leyó bien- efectivos policiales. El saldo: más de 20 detenidos y secuestro de armas.

Aunque llamativo, no se trata de un hecho único ni aislado. A situaciones de este tipo se enfrentan los efectivos policiales casi con asiduidad, al igual que con robos, arrebatos y el creciente y violento accionar de las patotas de adolescentes o jóvenes que asolan diversos barrios de la Capital y engrosan dramáticamente el número de heridos que por fin de semana ingresan al Hospital Enrique Vera Barros.

Si bien son muchos los factores que se conjugan para desembocar en este fenómeno tan indisimulable como preocupante, sin lugar a dudas que la ausencia de políticas concretas, o la no aplicación de las existentes redunda en hechos que generan una señal de alerta.

Sin ir más lejos, no deja de ser llamativa la falta de decisión y acción en lo que a materia de nocturnidad respecta y aquí, como en tantos otros casos, el rol del municipio capitalino es ineludible. Y es que cuando los lineamientos de acción parten sin claridad desde la cabeza misma, difícilmente lleguen a las bases para ser aplicados con corrección y determinación.

Cuesta mucho entender, por ejemplo, tantas idas y vueltas del intendente Ricardo Quintela en lo que a horarios de nocturnidad respecta. Primero se estipula una cosa, y luego -reunión con bolicheros mediante- se borra con el codo lo que poco tiempo antes se escribió con la mano y da marcha atrás para ceder a pedidos más relacionados con la caja de los comerciantes que con la seguridad y el control.

Así, el mensaje no es claro. Las políticas lo son mucho menos. Y el resultado está a la vista: Quintela una vez más vuelve a demostrar que no es capaz de sostener políticas. En rigor de verdad, no deja de ser un caso extraño el del municipio capitalino: hace 60 días que se declaró en emergencia financiera, pero la planta de funcionarios comunales sigue creciendo con el correr de los meses y a pesar de la supuesta falta de fondos. La creación de cuatro nuevas subsecretarías -antes eran Direcciones- fue un ejemplo del confuso manejo de la administración quintelista.

El intendente Ricardo Quintela sostuvo de manera pública que esta modificación no implicaría un aumento en los gastos de la Municipalidad. Sin embargo, cada nueva Subsecretaría creó a su vez varios cargos nuevos. Sin dudas el caso paradigmático es el de Cultura, que con el nuevo formato de Subsecretaría determinó el surgimiento de ocho nuevas Direcciones en su organigrama de funcionamiento.

Así, con este tipo de políticas poco claras y nada transparentes, difícilmente se puedan sostener programas en materia de seguridad o de cualquier otra índole, tal es caso de otro de los grandes flagelos sociales, como lo son los accidentes de tránsito, en gran número fatales.

Aún así, es para rechazar enfáticamente la movida de algunos jóvenes a través de la red social Facebook que promueven realizar un escrache a la madrugada en la casa del Intendente, quien a su vez tiene un historial similar, lo que incita a más violencia y agrega más conflicto en vez de dar lugar a la búsqueda de consensos para evitar hechos que son de gravedad.

Cuestión de todos

Más allá del hecho puntual que anteriormente se señala, hay que hacer hincapié también en la responsabilidad que le compete a la sociedad toda en la búsqueda de soluciones permanentes a esta problemática. Y especialmente se debe hacer mención al rol que es propio de los padres, quienes deben tener un mayor control y responsabilidad sobre los hijos. Es, en definitiva, una cuestión de todos.

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