El mismo día en que se cumplía un año del crimen de Mairel Mora se encontraba -con una mecánica similar- el cuerpo de Olga Serantes. Este fue el segundo caso de femicidio en el año en la ciudad.
No es un caso cualquiera. Y el tipo de fundamentación utilizado tiene dos aspectos sustanciales: por un lado, justifica el homicidio porque -según el asesino- su víctima lo había provocado. Y por otro, tiene similitudes con el caso del ingeniero platense que abusaba de sus hijos pequeños. Era ingeniero, tenía buena presencia, un empleo estable en una firma reconocida y era apreciado por sus vecinos. Por ende, a los ojos de la Justicia nada de eso se condecía con la imagen prototípica del abusador.
El caso de Dirlene Vieira puede ser considerado ahora un caso testigo de aquel debate casi ancestral. Y obligaría a una serie de preguntas: ¿merecía la muerte por haber tenido una actitud "casi provocativa" para con Gentile? ¿él tenía derecho de tomar martillo y tramontina porque ella hubiera puesto en duda su virilidad? ¿la vida de una mujer es un objeto del que un hombre puede desprenderse cuando lo decide? Y la última (aunque podrían aducirse unas cuantas más) ¿es posible tomar en cuenta sólo el relato de Gentile y no contemplar el de la mujer por el simple hecho de que no tuvo oportunidad de hacerse oír?
Los casos de femicidios en el país aumentaron un 19 por ciento respecto de 2010 en el primer semestre de este año. A su vez, el año pasado se habían incrementado -respecto de 2009- un 12.5 por ciento. Esto, teniendo en cuenta únicamente los rastreos de organizaciones feministas en base a noticias publicadas por las agencias DyN y Télam y 120 diarios de diferentes partes de la Argentina por el simple hecho de que no existen estadísticas oficiales.
El primer semestre de 2011 se produjeron 151 casos contra 260 de todo 2010. Y nada de esto es casual ni menor: Argentina se ubica en el cuarto lugar en América Latina después de México, Guatemala y Costa Rica.
Sin embargo, si se toman en cuenta las cifras (siempre no oficiales) de violencia de género, treparon respecto de 2010 en un 25 por ciento.
En Olavarría este año se produjeron dos muertes violentas de mujeres presuntamente en manos de sus parejas o ex parejas. El sábado 5 de marzo fue hallada sin vida María Rodríguez. Tenía 44 años y fue asesinada a tiros por Rubén Díaz, quien habría sido su pareja y que después se suicidó. Fue muerta con la misma mecánica con que son asesinadas el 27,31 por ciento de las mujeres. En octubre pasado, en tanto, fue encontrada incinerada en un auto Olga Noemí Serantes, de 56. Ese mismo día se cumplía un año del femicidio de Mairel Mora, la joven dominicana encontrada sin vida y quemada en un chalet en construcción el 24 de octubre de 2010. Y si bien no hay grandes novedades, desde la fiscalía interviniente se confirmó que el 6 de octubre último se empezaron los estudios de ADN con reactivos en el Laboratorio Pericial de La Plata. Que, una vez concluidos, se compararían con el ADN de una persona "porque es necesario descartar o confirmar" su vinculación con el caso.
Bocados perfectos
Con la misma mecánica de análisis volcada por Piombo en el polémico fallo sobre Gentile se podrían llegar a justificar asesinatos como el de Mairel Mora por el simple argumento de que ejercía la prostitución, era una extranjera sin papeles, se movía por lugares y horarios que connotan un consabido riesgo y se vinculaban con gente peligrosa. Sería el bocado perfecto para un tribunal anclado en un pensamiento de neto corte patriarcal que, en tanto se asienta en su propia estructura ideológica, termina por naturalizar las razones de los victimarios.
Mirta Bruno, abogada que integra la Red de Monitoreo de Políticas Públicas para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en la provincia de Buenos Aires, planteó en relación al crimen de la mujer brasileña y al fallo de Piombo que "el femicida se convierte en víctima de una supuesta infidelidad de la mujer, que justificaría de algún modo su accionar delictivo, así, la víctima sufre una doble victimización: la de su femicida y la del discurso jurídico que refuerza los estereotipos de dominación patriarcal".
Alicia en el país
Esta multiplicación notoria de los casos de femicidio podría llevar a confusiones. Algo así como comenzar a creer que se trata de un delito novedoso y propio de estos tiempos. Sería interesante subir a un túnel del tiempo y viajar, por ejemplo, 500 años atrás. En los primeros 60 años del siglo XVI medio millón de personas fueron acusadas de brujería y fueron ejecutadas en Europa Occidental. Aproximadamente el 85 por ciento eran mujeres. Y la argumentación con que se justificaban esos crímenes tenía que ver con la sexualidad. Malleus Melleficarum, el tratado de brujería más relevante de la época expresa que "las hechiceras contaminan el acto sexual, impiden la procreación, transforman a los hombre en bestias..."
La otra gran cuestión a poner sobre la mesa tiene que ver con la terminología. Es más que reciente la figura delictiva del femicidio, que define el homicidio de mujeres por cuestiones de género. Y justamente la larga discusión sobre si puede considerarse un delito separado del homicidio agravado en sí es lo que -entre otras cuestiones- se ha argumentado para evitar que los proyectos ingresados este año (tres en total) en el Congreso hayan sido debatidos.
De algún modo, sirve para la cuestión terminológica la utilización hecha en el trabajo Femicidios, desafíos teóricos y perfiles estadísticos, de Silvia Chejter, de un fragmento de Alicia en el país de las maravillas.
-Humpty Dumpty: "Cuando yo uso una palabra significa lo que yo decido que signifique, ni más ni menos".
-Alicia: "La cuestión es si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes".
-Humpty Dumpty: "La cuestión es quién es el amo. Eso es todo".
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