Felices Pascuas para Néstor

Por: Maximiliano Montenegro.

Kirchner festejó que la recaudación de marzo aumentó, como mínimo, el 23,5 por ciento. La fantasía de que una inflación controlada amplía el poder del Estado sin costo social. Ante la falta de una estrategia antiinflacionaria, el Banco Central optó por anclar el dólar, para morigerar el alza de los alimentos.

En estas Pascuas Néstor Kirchner miró la planilla con la misma ansiedad con que un niño desenvuelve un huevo de chocolate. El numerito lo colmó de felicidad: 23,5 por ciento. No se trata del supuesto repunte de su imagen en los sondeos de opinión, que millonarios encuestólogos estatales se apresuraron en acercarle. Es el aumento de la recaudación de marzo, cuyas cifras definitivas se conocerán el lunes y mostrarían sólo un leve ajuste –tal vez, un punto más– respecto del dato preliminar que tanto entusiasmó al ex presidente.

La suba de la recaudación en marzo confirma que los ingresos fiscales se despegan este año (en enero, la mejora fue del 20,4% y en febrero del 20,2%) bien por arriba de la meta presupuestaria, que fijaba un alza del 16 por ciento. Así se achicaría parcialmente el agujero de financiamiento abierto en el Presupuesto 2010, mientras el gasto público crece a un ritmo superior al 30% anual.

El salto de los ingresos fiscales en marzo se debe, en parte, a la reactivación del consumo. Pero también influye el "efecto precio": la recaudación del IVA y de otros tributos engorda al ritmo de la inflación.

En los últimos meses, algunos colaboradores de Néstor escucharon –con preocupación– su peculiar versión respecto de las bondades de una inflación controlada en el manejo de los resortes de un Estado con las arcas repletas.

Esa visión se construye sobre la fantasía de que, en un contexto de indexación generalizada, los salarios tienen chances de ganarles la carrera a los precios, y que para aquellos que no logran reconstituir poder adquisitivo en paritarias está la expansión del gasto público para asistirlos.

Como ya se dijo en esta columna, no todos los asalariados registrados negocian sueldos en paritarias, ni qué decir de los trabajadores por cuenta propia (monotributistas y autónomos) registrados ante la AFIP. Pero aun ante el improbable supuesto de que todos los trabajadores en blanco consiguieran actualizar sus ingresos a la par de la inflación, seguramente quedarán rezagados más de 4 millones de trabajadores informales.

Según el sitio inflaciónverdadera.com, que realiza una medición diaria de precios online en dos grandes supermercados, a los valores del miércoles, el aumento de precios de alimentos y bebidas en el último año fue de 34,2%. De acuerdo con la consultora Economía & Regiones, la canasta básica de alimentos se encareció en marzo 5,4% y acumula un alza del 36,7% entre marzo último e igual mes de 2009.

¿Los 5 millones de jubilados podrán ganarle este año la carrera a la inflación? ¿Bastará con ajustar el subsidio universal a la niñez (¿30%?) para compensar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores en negro? ¿Qué sucederá con los empleados públicos nacionales, para quienes desde los despachos oficiales se ofrece un aumento del 8% en junio y otro 7% en agosto? ¿Y con los empleados provinciales, con menos espacio de negociación?

Convalidar un régimen de alta inflación es equivalente a un ajuste con alto costo social. Aunque no se anuncie, con el impuesto inflacionario, el Estado es socio minoritario de los empresarios en la aspiradora de ingresos de los bolsillos de los trabajadores. Pero difícilmente llegue a tiempo para compensar esa pérdida de poder adquisitivo salarial mediante un mayor gasto social. Al contrario, la inflación también fortalece la caja fiscal al licuar el gasto público en general, salarios públicos, jubilaciones y políticas sociales en particular. A menos que la indexación de esos programas sociales sea mensual, el aumento nominal de esas transferencias varios meses después sólo será un paliativo en el inexorable proceso de pérdida del poder adquisitivo de los sectores más pobres.

PREMIUM. Los informes de precios y salarios del INDEC siguen la lógica del país de las maravillas: los sueldos por el ascensor, mientras los precios suben por escalera. Es historia conocida. Pero siempre surge nueva data que corrobora esa entretenida película. Esta semana, el INDEC publicó sendos informes de supermercados y shoppings, que confirman la reactivación del consumo. Allí se dice también que los precios en los supermercados subieron entre marzo último e igual mes del año pasado sólo el 9,2 por ciento. En shoppings, en tanto, la remarcación fue de apenas 6,1% (febrero 2010 – febrero 2009). ¿No era que Guillermo Moreno estaba abocado a monitorear los precios de la canasta básica y admitía una "inflación premium" mucho más alta?

El INDEC dirigido por Norberto Itzcovich no reconoce ni siquiera esa fábula.

ANCLÓ DEL PONT. Ante la ausencia de una estrategia antiinflacionaria, como anticipó este diario (ver "¿Dónde está el ancla", 28/2/2010), en el Banco Central creen que no queda otra alternativa que afianzar el ancla cambiaria: un dólar estable serviría para morigerar la inercia inflacionaria, en especial en alimentos.

Quienes visitaron en los últimos días a Mercedes Marcó del Pont se sorprendieron por su férrea defensa de un dólar quieto, con el argumento de que –como ocurrió en marzo– favorece el regreso de los pequeños depositantes a los bancos.

"No se deben fijar tanto en el tipo de cambio nominal, sino en el tipo de cambio real sectorial. Y hay una gran oportunidad este año para mejorar el tipo de cambio sectorial con crédito a la producción", repitió Mercedes a los empresarios que la visitaron.

La titular del Banco Central prepara un paquete de medidas para alentar a los bancos a prestar a las empresas a tasas fijas en pesos a cinco años.

Pero además considera que existe un "colchón de competitividad" para sujetar el dólar sin demasiado costo para la producción y el empleo. "Si la Argentina mantiene su tipo de cambio, y los países de la región aprecian, entonces también mejora el tipo de cambio real multilateral", razona.

Es evidente que frente a países como Brasil y Chile –con inflación inferior al 5%– será difícil que la Argentina preserve la competitividad del peso, a menos que los vecinos revalúen mucho sus monedas. Pero también es cierto que existe colchón, tras la suba del dólar de casi el 30% desde fines de 2008. Según Buenos Aires City, hoy el tipo de cambio real multilateral (sobre la base de una canasta de monedas de los socios comerciales) es el 72% más alto que en 1998, durante la convertibilidad.

En fin, los funcionarios que escucharon a Marcó del Pont apuestan a que el dólar tendría este año un techo de alrededor de $ 4,10, apenas el 5% más alto. Con la inflación desatada, el ancla cambiaria quedaría firme. No es una solución muy heterodoxa, porque, como en los tiempos de Cavallo, se corre el riesgo de acumular atraso cambiario a costa de empleos. Pero es algo.

K-ECONOMICS. El Gobierno esgrime una dudosa estrategia comunicacional. Antes, los que cruzaban el Rubicón eran los que hablaban del INDEC. Hoy la palabra prohibida es inflación: todo el que la menciona es cómplice de las políticas de ajuste de los noventa (curioso, cuando no había inflación sino deflación). Es la lógica binaria de Néstor, que lleva a que ministros sensatos deban hacer piruetas verbales, devaluando su palabra ante una opinión pública que, como la señora de Moyano, empuja el changuito en el supermercado. Destruido el INDEC tampoco hay margen para reconocer el problema y desinflar expectativas con un par de ideas coherentes.

Ex funcionario de la Alianza, Miguel Bein es el consultor más citado en los últimos meses por los comunicadores K, porque sus informes fueron pioneros en destacar la fuerza de la reactivación: para este año, prevé un crecimiento deL 5,6%, aunque con una inflación del 20,2% y dólar casi fijo ($ 4,08 a fin de año). Pero Bein también advierte sobre "la aceleración de la tasa de inflación desde diciembre" y la posibilidad de que se reabra una "segunda ronda de paritarias" hacia septiembre, si lo acordado en estos meses es desbordado por la inflación. Dice además que un aumento del gasto público del 20% "no es ajuste y es todo lo que se necesita" para recuperar superávit fiscal y echarles otra ancla a los precios, ahora que la economía se recupera.

Aldo Ferrer, un economista insospechado de ortodoxo, explicó ayer algo similar, con el cuidado que requiere acercar una propuesta al comité revolucionario de Olivos: (para combatir la inflación) "Habría que fortalecer la solvencia fiscal; ahora ya no se justifica, por ejemplo, inyectar gasto público para sostener la demanda efectiva y no enfriar la economía como fue necesario en los dos años anteriores. El gasto público no hay que bajarlo, pero hay que acomodarlo a la capacidad de pago del Estado, porque si no generamos tensiones que repercuten en la inflación y sobre todo llevan al endeudamiento, que es la vía más segura para volver al pasado, perder soberanía y capacidad de hacer la política económica".

Es lo que opina el "ala izquierda" del Ministerio de Economía. Boudou coincide en que el gasto público debería converger a una tasa de crecimiento del 20% en el año, por debajo de la recaudación. Pero dice que eso sucederá en voz baja, sin anuncios.

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