Roger debutó en el Masters de Londres con una cómoda victoria ante Tipsarevic por 6-3 y 6-1; sus partidos se disfrutan como si uno estuviera delante de una leyenda viviente.
Algo de eso ocurre cuando se está por primera vez en un partido en el que juega Roger Federer. No importa el rival, tampoco que se despache con un contundente 6-3 y 6-1 (así le ganó a Tipsarevic en su debut en el Masters de Londres) y menos que a los 31 años esté en la etapa descendente de su carrera, pese a que se mantiene en la elite como uno de los mejores.
Ver al suizo en vivo es apreciar su técnica, su inagotable abanico de variantes para jugar al tenis. Se nota que tiene el mapa de la cancha en su cabeza. Sabe a dónde debe ir la pelota, cómo atacar, cómo defender, qué hacer. Su juego es exquisito, porque al fin de cuentas es un artista de la raqueta. Cruzárselo fuera de la cancha no es lo mismo que verlo desplegar su arte.
El público juega su partido aparte. Se pone de pie para aplaudir a Roger, tiene siempre a mano su celular o cámara de video, consciente que siempre se puede estar ante un gran momento con él dentro de la cancha.
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El partido ante Tipsarevic duró sólo una hora y ocho minutos. Pero lo importante para las casi 17.000 personas que completaron el O2 Arena era verlo a Federer. Seguramente, el serbio fue el único que no disfrutó de la gran victoria de Roger. Si uno fuera operador turístico, intentaría vender una excursión para ver al suizo en Wimbledon, su casa, la catedral del tenis. Pero vale la pena que la experiencia sea en el Masters, un torneo que ganó las últimas dos veces aquí en Londres.
Las luces del estadio se apagan y en un cubo de led gigante se ve una imagen de Federer. Está en un pasillo que lo conecta con el vestuario. Entonces, el locutor lo anuncia y sale a la cancha. Hay una tormenta de flashes, todos quieren retratar el momento. El público se para, lo aplaude. El saluda y agradece. Su físico no es el de un súper atleta. Es espigado, atlético, pero no más.
Contra Tipsarevic, resolvió fácil. Le quebró al serbio en la primera vez que sacó y, desde entonces, encauzó el partido a su favor, con su inagotable repertorio técnico, que en varios tramos generó el delirio del público.

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