Una misión de Colombianas y Colombianos por la Paz y la Cruz Roja, con el apoyo logístico de la Fuerza Aérea de Brasil, finalmente pudo concretar el rescate. Hubo alegría, críticas al gobierno y votos por la paz de familiares.
Las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entregaron ayer a los diez últimos militares y policías que mantenían retenidos en sus cárceles selváticas a una misión humanitaria de Colombianas y Colombianos por la Paz (CCP). El operativo contó con el respaldo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y el apoyo logístico de la fuerza aérea brasileña. Inicialmente se había indicado que los diez serían liberados en dos tandas, pero a última hora el grupo rebelde sorprendió con el anuncio de la liberación de todos en un mismo acto.
El CICR señaló que los uniformados fueron entregados en un sector limítrofe entre los departamentos de Meta y Guaviare, al sur del país. “Manifestamos nuestra gran alegría por el éxito de esta operación que permitió en un solo día la reunión de diez familias que estuvieron esperando por tantos años”, dijo Jordi Raich, jefe de la delegación del CICR en Colombia. “Hoy se acaba la agonía para estas familias y eso nos llena de satisfacción”, agregó. Algunos de los liberados hacía 14 años que permanecían retenidos.
El organismo señaló que los recién liberados llegarán en horas de la madrugada de hoy a Bogotá, después de una escala de los helicópteros brasileños en Villavicencio (centro), la capital del Meta. Los uniformados liberados son los policías Carlos Duarte, César Lasso, Jorge Trujillo, Jorge Romero, José Forero y Wilson Rojas, y los militares Luis Beltrán, Luis Arcia, Robinson Salcedo y Luis Moreno, secuestrados en ataques realizados por las FARC entre 1998 y 1999.
La misión estuvo conformada por dos miembros del colectivo CCP, dos delegados del CICR y seis militares brasileños. Así como en anteriores procesos de entrega, el gobierno de Brasil aportó dos helicópteros del tipo Cougar para ir en búsqueda de los retenidos. Una de las naves partió desde el aeropuerto Vanguardia de Villavicencio, mientras que la otra quedó en tierra, lista para actuar en el caso de que se produjera alguna emergencia, lo que no ocurrió pese al mal estado del tiempo.
La cabeza visible de la misión humanitaria, la ex senadora Piedad Córdoba, se comunicó desde algún lugar de la selva con el CICR para dar la noticia de la liberación. CCP, el colectivo creado por Córdoba, invitó para la ocasión a integrantes del grupo Mujeres del Mundo por la Paz, con el objetivo de reunirse con los liberados y tramitar ante el gobierno un permiso para visitar a guerrilleros que están presos en las cárceles estatales, una posibilidad rechazada por el presidente Juan Manuel Santos.
El colectivo tenía previsto que la premio Nobel de Paz guatemalteca Rigoberta Menchú formara parte de la misión humanitaria, pero el gobierno se opuso a que personalidades extranjeras participaran del rescate, con el argumento de que eso se convertiría en “un show mediático”. Menchú y otras integrantes de Mujeres del Mundo por la Paz –la mexicana Margarita Zapata, nieta del líder revolucionario Emiliano Zapata; la ex primera dama de Honduras Xiomara Castro, y la brasileña Socorro Gomes– debieron aguardar en el aeropuerto de Villavicencio.<
Paso a paso, día a día
El 17 de enero la organización Colombianas y Colombianos por la Paz (CCP) pidió al gobierno y a los rebeldes que pactaran una tregua de 90 días “para hablar de la pacificación del país”.
El 20 de enero, el presidente Juan Manuel Santos respondió que no habrá diálogo de paz mientras los rebeldes no depongan las armas.
El 1 de febrero, la Asociación de Familiares de los Retenidos por la Guerrilla envió a Santos una carta pública en la que expresó su esperanza de que “se abra el camino a un creíble proceso de paz” y rechazó “de manera radical el rescate a sangre y fuego de los retenidos”.
El 20 de febrero el Ejército de Liberación Nacional dio el sí a la propuesta de CCP.
El 26 de febrero las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia anunciaron el fin de la práctica de los secuestros y la “próxima liberación” de todos los policías y militares retenidos, finalmente concretada ayer.
El 4 de marzo, en una carta dirigida a los familiares, las FARC dieron otra fuerte señal: “No deberían morir militares, ni policías ni guerrilleros, quizás fuera mejor que no existieran más ni los unos ni los otros.”


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