Tanto la 2 de Febrero como la Awka Liwen, ambas nacidas este año, siguen afianzándose. Su postal cambia día a día y los precarios ranchos comienzan a dar lugar a viviendas de material.
A pesar de que continúan vigilados por una guardia policial rotativa, las familias ya saben que no serán sacados del lugar por la fuerza, algo que llevó gran tranquilidad.
En tanto, manifestaron su inquietud con respecto a la causa judicial que se les iniciará cada grupo familiar, ya que aseguran estar luchando por lo que les pertenece. “Esta bien que la Justicia quiera que se respete el derecho a la propiedad privada de los dueños de las tierras, pero también podría hacer algo para que se respete el derecho nuestro a tener una vivienda digna, ¿o la Justicia es nada más para los ricos?”, reflexionó un joven ocupante del predio ubicado en la calle Perón, frente al Anai Mapu.
Este nuevo asentamiento muta de apariencia día a día. El ingreso de troncos y maderas es incesante, y cada vez son más las precarias viviendas que se comienzan a erigir. Tras el descontrol de los primeros días, llegó la calma. El último ingreso masivo fue el del fin de semana, ocasión en la que se ocupó un sector que estaba en producción. Hoy, con casi todo el terreno completo, no llegan nuevas familias, aunque aseguran que alguna que otra persona se incorpora.
“De acá no nos sacan más”, aseguró una señora que, a su vez, admitió que durante los primeros días no pudo dormir por miedo a que se desatase una violenta represión.
Rebelde amanecer
La primera de las tomas concretadas este año lleva el nombre mapuche Awka Liwen, que significa "rebelde amanecer".
Allí son 30 las familias que se instalaron. Organizados, cuentan con un comedor comunitario y dividieron sus labores para el bien común.
En menos de un mes ya comenzaron con la construcción de pisos de cemento, con el levantamiento de paredes de madera y hasta con la instalación de cerramientos de aluminio.
En los terrenos linderos hoy existen barrios ya consolidados que nacieron también de la misma forma, tras haber ocupados terrenos abandonados, que hoy dan cobijo a una gran cantidad de cipoleños.
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