Si comenzás a caminar desde Rivadavia, por Justa Lima en línea recta direccion sur, luego de unas 25 cuadras, al llegar al Colegio Nacional, la calle más emblemática de nuestra ciudad se torna de tierra en sus últimos 200 metros.
La mayor parte de las familias asentadas provienen de la isla. Llegaron a la vera del puente escapando de las crecidas de la última década y de la desidia de los gobiernos para con los isleños que se quedan trabajando la madera, cultivando o pescando en el Delta.
Acá al menos estan cerca de servicios esenciales para sus hijos como la salud, la educación y una vivienda alta que no se inunde.
Sin embargo, al ser “ilegales” carecen de servicios públicos como el alumbrado, la recolección de residuos, la red de energía o de agua corriente, y las cloacas.
Todo esto lo tienen que tomar de forma irregular para poder vivir con sus familias, a pocos metro del puente interprovincial que une las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.
“Somos mal vistos por los vecinos porque dicen que los delincuentes se esconden acá con la oscuridad. Pero acá todos nos conocemos de la isla. La mayoría somos parientes. Nadie ha venido a preocuparse por nosotros. Cada uno se ha levantado su casilla como pudo, y tuvo que hace su pozo”, contesta uno de los pobladores cuando les preguntamos como hacen con el agua, con la luz, con las cloacas…
El agua la toman desde una linea que sale de Justa Lima y Fels. La energía vienen en un precario tendido desde 19 de marzo.
“La basura la quemamos”, nos dice aunque a simple vista uno puede notar que el zanjon que los separe de la Ruta 12 está desbordado de residuos.
Desde el Municipio, al comienzo de la gestion se formó una “Comision de Prevencion de Asentamientos” cuyo utilidad desconocemos.
Lo cierto es que Zárate está rodeado de poblaciones con servicios precarios o inexistentes en los cuatro puntos cardinales de su periferia, que crecen día a día.
"Tenemos un deficit habitacional de 7.000 viviendas", informan hace varios años desde las dependencias oficiales encargadas del tema.
En este caso, el asentamiento ni siquiera tiene nombre y es el blanco de las quejas de muchos vecinos del Barrio Smithfield, que alguna vez fue una de las mejores zonas residenciales de nuestra ciudad y hoy se ve amenazada por la falta de infraestructura con la que viven sus nuevos vecinos a escasos metros de donde pasan miles de vehículos por día hacia y desde el litoral.
En nuestra breve recorrida no vimos más que gente de trabajo, algunos cartoneros, y muchos chicos.
Nos despedimos preguntando qué direccion dan cuando se la piden para un empleo.
“-Decimos que vivimos en la calle Justa Lima, al fondo. ”, y no mienten.
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