Familias jóvenes conviven en las casas paternas por falta de ingresos

La precariedad laboral obliga a la mayoría de las familias jóvenes a vivir en casa de sus padres, los solteros también optan por ello Un mal moderno. Lo sufren las parejas con hijos de treinta y pico que siguen viviendo en la casa paterna.
Los hijos extienden su adolescencia y los padres envejecen más rápido. Los expertos hablan del “síndrome del adulto saturado”.

Los motivos

de quedarse

Muchas razones se pudieron conocer que lleva a las parejas a permanecer en la casa de sus padres, la principal es la difícil situación económica. Alquilar demanda esfuerzo y dinero “perdido”, porque ya no es común casarse jóvenes y migrar a otro nido o porque una separación los trae de regreso, la casa de los padres, es ante estas situaciones la mejor opción.

Lo que ocurre luego es que, muchos de esos padres, que ya tenían a sus hijos criados y creían que ahora les tocaba relajarse, desligarse de mantenerlos o disfrutarlos una vez por semana, sienten que tienen la casa tomada. El “síndrome del nido lleno” lo llaman.

Hay madres y padres mayores de 50 años con mucho estrés y preocupaciones respecto a su grupo familiar, ya que, por un lado, deben ayudar a sus padres que están grandes, enfermos y en algunos casos la jubilación no les alcanza. Por el otro, deben seguir sosteniendo a sus hijos adultos.

“En algunos casos siento que tanto mi marido como yo somos el sostén hacia arriba y hacia abajo”, comentó Marta, que vive en su casa con su esposo, hijos, nietos y su madre. Sólo trabaja el matrimonio mientras que su madre es jubilada y sus hijos trabajan haciendo changas, convirtiéndolos en el principal sostén de toda la familia.

Los domicilios en Formosa están integrados hoy en día por familias numerosas donde viven desde los abuelos, los padres, hijos y nietos, que se ven obligados por la difícil situación económica a compartir el hogar.

La falta de empleo estable, la falta de aumento salarial, el incremento en los alquileres, la imposibilidad de adquirir un terreno o propiedad, son las principales causas. A todo esto, en los barrios más humildes se suma la pobreza y el hacinamiento donde conviven muchas generaciones bajo un mismo techo y donde deben vivir el día a día para que todos puedan comer, vestirse y cubrir los principales gastos que demanda una vivienda.

Dependencia

familiar

Por otro lado, existen jóvenes que se resisten a abandonar la soltería y conservan una dependencia a su familia. También están los llamados ‘estudiantes crónicos’, que dejan colgadas materias y siguen sin independizarse con el pretexto de que para estudiar tienen que estar cómodos. “A estos grupos de hijos se agregan los separados que regresan como jóvenes boomerang”, según los especialistas. Hoy muchos jóvenes prefieren tener un buen nivel de consumo antes que independizarse. Sienten que pagar un alquiler es tirar el dinero y eligen tener un buen celular, auto u otro objeto de valor.

“Hay hijos que entienden que a los treinta y pico de años los padres no tienen la obligación de mantenerlos; entonces aportan para los gastos comunes o colaboran con las tareas. Entonces esos padres disfrutan del nido lleno. Otros, en cambio, son muy cómodos, tienen la ropa limpia y la comida hecha, invaden la casa con su gente y sólo se pagan sus gastos. Es en estos casos que los padres sienten culpa y deben aprender a no sentir culpa si el hijo está incómodo, que estén incómodos será el motor de salida de la dependencia, aseguran los especialistas.

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