Una familia nómade de ladrilleros

Sobre la ruta 35, en el kilómetro 300, en cercanías al denominado "Bajo Giuliani", la zona se caracteriza por la presencia de una gran cantidad de hornos ladrilleros, una industria que, al parecer, parece crecer luego de fuertes crisis del sector.
Rubén Antonio Frank es uno de los pequeños empresarios, dedicado a este tipo de tarea, cuya firma va creciendo con el correr del tiempo y se afianza en el mercado provincial.

"La nuestra es una industria más, muy importante, para el desarrollo de la construcción", generaliza Frank, consultado por este medio, en las afueras de la capital pampeana.

El entrevistado nació el 11 de marzo de 1959 en Santa Rosa. Su infancia estuvo marcada por la fabricación de ladrillos debido a que su padre, su hermano y sus primos se dedicaban a la realización de este tipo de objetos.

"Mi infancia fue en el barrio Los Hornos y, en ese momento, tomé conocimiento lo que es el trabajo hasta la actualidad", repasa. Y agrega:"Mis padres y gran parte de mi familia fue, desde siempre, ladrillera".

Rubén Antonio hizo sus estudios primarios en la capital pampeana y, a partir de los 14 años, optó por trabajar con su padre. "Fue por ese motivo que decidí no dedicarme al estudio", reconoce. Sostiene que era una familia numerosa y que, por eso, hacía falta mano de obra. Frank comenzó trabajando en su lugar de origen, en el barrio Los Hornos.

Nómade.

El ladrillero expresa que su familia siempre fue "nómade" debido a que siempre buscó distintos lugares para instalarse y ponerse a trabajar. Afirma que, en determinados momentos, se apostaban en los campos donde la materia prima (la tierra) era de buena calidad.

"Siempre nos trasladamos con mis padres y mis hermanos a los lugares que contábamos con buen material de trabajo", acota. La familia Frank vivió y trabajó en la "Barranca colorada", del otro lado del "Bajo Giuliani", cuando en 1989 buscaron otros campos para seguir produciendo. Y, a partir de la década del 90, los ladrilleros se quedaron en el lugar donde residen en la actualidad.

"Cuando llegamos a este lugar, todo era monte, sin flores, se lo alquilamos al dueño, le mejoramos el campo y lo sembramos y producimos hasta el día de hoy", pondera el entrevistado. Y reitera: "Siempre fuimos una familia que trabajó, mis padres, hermanos y sobrinos, quienes están alquilando parte del horno".

De acuerdo con Frank, la pequeña empresa, en la actualidad, está tratando de "ordenarse" y de ser una firma que trabaje en forma regular. "La mayoría de los que estamos acá somos familia, unas diez personas en total que tiene horarios de trabajo en relación a las condiciones climáticas existentes. Es decir que un día normal, de sol, trabajamos desde las 8 hasta las 17", explica.

Fabricación.

Las características nómades de la familia Frank se vislumbran también hoy. Los familiares que trabajan en el horno viajan todos los días hacia la capital pampeana donde viven.

"Gracias a un convenio con el Gobierno provincial nos estamos dedicando a la producción de ladrillos que después vendemos al Estado pampeano y a las empresas del medio que efectúan la construcción de viviendas barriales", sostiene. Además, el pequeño industrial vende sus producciones a clientes particulares.

El entrevistado afirma que el proceso de fabricación "comienza con una pala mecánica, se cargan los pisaderos y se agrega la materia orgánica a la tierra para lograr mayor temperatura. Luego se hace la producción del barro, con una rueda de hierro traccionada con motores eléctricos trifásicos para luego hacerse el cortado manual, armado de hornalla y realización de la quema", de acuerdo con el hombre.

Según Frank, su firma vende regularmente seis mil ladrillos por día. Aunque aclara que esta condición se da cuando las condiciones climáticas son buenas. "Regularmente, y quizás otra empresa, fabrica unos mil ladrillos diarios", acota.

En su horno, el industrial cuenta con camiones volcadores, palas mecánicas, montacargas y la rueda de hierro para la realización del barro.

"Venimos de una crisis muy larga, una competencia desleal con ladrilleros de Mendoza, gente trabajando muy mal, con precios muy bajos, pero ahora creo que estamos saliendo", describe Frank, respecto a las condiciones de esta industria.

Y añade que existen muchos "colegas ladrilleros que no están pasando un buen momento porque no pudieron salir de la crisis del 2007".

Una zona fértil.

Para Rubén Antonio Frank, "el crecimiento de la firma se fue dando con el tiempo, y además con conocimiento de causa de la zona que cuenta con una importante calidad de materia prima, es decir una tierra fértil". El entrevistado se refirió a una serie de temas vinculados con su industria. Repasa los malos momentos laborales y pondera las reuniones mantenidas en los últimos meses con los funcionarios del Gobierno de La Pampa para mejorar las condiciones de trabajo en todo el territorio provincial.

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