Por Fernando RodriguezEl 28 de septiembre de 2004, la Argentina se conmovió con la masacre en una escuela de Carmen de Patagones, con tres muertos a manos de un alumno;
Tres años atrás, en una reunión de una comisión interministerial de análisis de políticas públicas en materia de armas, el delegado de Educación manifestó que los directores y los maestros de las escuelas no contaban con la más mínima formación para intervenir si un alumno aparecía con un arma.
Tal como en aquel tiempo confiaron a LA NACION asistentes a ese encuentro, el funcionario de Educación detallaba con meridiana claridad algunos aspectos de esa falta de preparación: ¿cómo desarmar al alumno?; ¿cómo manipular el arma, una vez obtenida, para que el maestro, en su impericia, no se vuelva tan peligroso como el menor?; ¿dónde guardarla hasta la llegada de la policía?
Esas preguntas estribaban en la urgencia propia de la contingencia. Pero había otras, más profundas y, quizá, más importantes: ¿cómo explicarles a los chicos lo sucedido?; ¿cómo trabajar con eso dentro de la comunidad educativa para revertir el rumbo?
Adrián y Mónica Marcenac, activos militantes contra la violencia armada a partir del asesinato de su hijo Alfredo, víctima de un joven armado en la avenida Cabildo, en Belgrano, trabajan desde hace años con las escuelas y los alumnos de Necochea, donde viven, para crear una conciencia de paz. Ellos propusieron idear un programa para formar a maestros en el tratamiento de estos temas.
Poco y nada se ha hecho aún al respecto, aunque el esqueleto de su propuesta justamente daba respuesta a algunas de las preguntas de aquel representante educativo.
El debate no se agota en la escuela. Un chico llega al aula con un arma porque, previamente, algo ha pasado afuera: el arma estaba en su casa, al alcance de su curiosidad; la encontró tirada en la calle; apuntalado en cierto discurso público, encuentra en el arma un elemento de amenaza, de defensa o de coacción.
De ahí al "accidente", hay un paso muy pequeño y peligroso.
A pesar de las recientes políticas públicas de desaliento de la tenencia de armas en manos civiles, la proliferación de pistolas, revólveres, escopetas y fusiles de todo tipo y calibre sigue siendo alta y preocupante. Ese es el contexto en el que aparecen las armas que, cada tanto, un alumno lleva a la escuela.
El Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de Fuego, que entre 2007 y 2008 consiguió sacar de circulación 107.000 armas, sigue vigente, aunque su éxito inicial mermó por la falta de suficiente compromiso de la Nación, de las provincias y los municipios. Hechos como el de ayer deben hacer que ese compromiso reaparezca..
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