En las estaciones de servicio la nafta y el gasoil son "bienes" difíciles de encontrar. El GNC es uno de los más caros del país.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner insiste en plantear que en la Argentina conviven dos países: uno "real", que es el que ella ensalza en sus discursos y uno "virtual", que es el que, según la primera mandataria, los medios de comunicación "le venden" a la gente para crear un clima de inestabilidad política, económica y social.
Sin embargo, tanto en la Salta virtual como en la real, la nafta y el gasoil no se consiguen con facilidad, el precio del GNC sube casi incesantemente y es el más alto del país y la garrafa de gas de 10 kilos, que se debería vender a $16, no se consigue.
La falta de producción demora el abastecimiento local. En las estaciones de servicio salteñas se consigue sólo las premium.
Los surtidores de la mayoría de las estaciones de servicio salteñas evidencian la escasez de algunos tipos de nafta y gasoil y, en ciertos lugares, ya comenzó a limitarse la venta. Al parecer el problema reside en la disminución de la producción, lo que genera que los camiones demoren mucho más en volver desde Córdoba a Salta.
Faltan las naftas y el gasoil premium principalmente. La situación va rotando de una a otra: si los conductores consiguen hoy un tipo de nafta en determinada estación de servicio, seguramente al día siguiente tendrán que buscarlo en otra empresa porque en la primera ya se habrá agotado.
La mayoría de las empresas salteñas ofrecen nafta súper y gasoil, pero el resto de los tanques están vacíos. Hay algunos casos, sobre todo en la zona céntrica, donde la venta se limita a 50 pesos, para una mejor distribución entre los clientes.
Los convenios con las petroleras para que la gente acceda a garrafas de 10 kilos a $16 no se cumplen en la provincia.
El vendedor de una estación de servicio salteña informó que "es el mismo problema que venimos teniendo desde hace varios meses. Los camiones demoran más de lo previsto en traer el combustible y en ese lapso es cuando los tanques quedan sin una gota". El hombre, que pidió mantener su identidad en reserva, dijo que "desde mi experiencia, esto es una especulación de la petrolera. Antes no ocurrían estas demoras entre camión y camión, y lo más probable es que generen esa escasez a propósito para poder aumentar los precios".
"No existe una solución rápida"
Ricardo Stella, de la Cámara de Expendedores de Combustible, explicó que "lamentablemente la situación no cambió mucho de lo que viene sucediendo en el último tiempo. Los empresarios podemos plantear a la petrolera que necesitamos el combustible para abastecer a nuestros clientes y tendríamos razón al hacerlo. Sin embargo, desde la compañía dicen que ya se está trabajando al cien por ciento y no hay mayor cantidad de combustible para enviar. Falta producción".
Stella agregó que "en un momento se importó combustible, pero fue algo puntual. En el caso de que se tenga que recurrir definitivamente a eso, seguramente también aumentarán los precios. No queda otra que esperar, no existe una solución rápida"
El empresario dijo que "hay una suba en el consumo que llevó a que se genere esta situación y faltan inversiones para una mayor producción. Además este fin de semana largo se agudizó el problema porque el viernes, al ser feriado nacional, no hubo despachos y en esta oportunidad fueron más las estaciones con escasez".
Una crisis tan real como los surtidores sin súper
Los surtidores sin nafta, los tractores sin gasoil, los hogares sin garrafas, son efectos de una crisis energética real que se agudiza desde 2003 y que, más allá de uno que otro parche, no logra trasponer al país virtual que sigue viendo soluciones traídas desde el nunca jamás.
No por casualidad las primeras secuelas de la crisis energética se hicieron sentir en el norte argentino -la región con más carencias estructurales y menos costos políticos a la hora de cortar las llaves generales- sólo un año después del estrepitoso derrumbe de la convertibilidad, la pesificación y la perpetuación de los subsidios cruzados. Apenas asomaron las noticias que daban cuenta de usinas y fábricas paradas en el NOA por falta de gas, el ministro de Planificación, Julio de Vido, salió a tildar de "ignorantes" a quienes comenzaron tempranamente a alertar sobre la crisis energética.
Así, en lugar de reconocerla, los sucesivos gobiernos gastaron cada vez más energías en maquillajes. En lo sustancial, se optó por mantener congelados los precios del gas en boca de pozos argentinos y por sustituciones de combustibles cada vez más costosas para las usinas. Las petroleras abandonaron las inversiones en los yacimientos y las reservas cayeron al punto de que hoy Argentina -país productor de hidrocarburos- ya se asume como obligado importador.
Tras siete años de negada crisis, vemos que los sectores más acomodados fueron los más favorecidos con el gas depreciado y que en lugar de una tarifa social se optó por un cargo inconstitucional. Las petroleras fueron eximidas de impuestos para entregar una garrafa de $16 que no llega a los hogares más pobres y hay desabastecimiento en los surtidores, pese a las retenciones diferenciadas que debían regular los precios de los combustibles en el mercado interno.
Desde el pasado 1 de abril el gas que llega desde Bolivia se paga a 7,37 dólares cada millón de BTU, mientras la misma cantidad -equivalente a cerca de 27 metros cúbicos- se paga a 2,60 dólares en los pozos argentinos.
Hoy, el horizonte de reservas de petróleo apenas roza los 11 años y el del gas no supera los ocho años, cuando no hace tanto tiempo la marca daba 14 años para el petróleo y 47 años para el gas. ¿Hacía donde marcha el país con su política energética?


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