No se trata sólo de reclamar por la aprobación de leyes. Más importante sería que se reglamenten y se cumplan las que ya existen y que, sin embargo, son letra muerta en muchos casos.
Una es la ley que prohíbe fumar en los edificios públicos y en lugares cerrados y que se transgrede sistemáticamente. Pero tampoco se cumplen otras leyes que darían un marco de mayor justicia y transparencia a la gestión de gobierno, como la ley 4178 que obliga a los funcionarios públicos a brindar informes sobre sus acciones y medidas de gobierno y que genera tanta resistencia en algunas autoridades. O la ley del compre preferentemente catamarqueño, como queda en evidencia en algunas contrataciones foráneas sin sentido y excediendo los límites a las compras directas que las mismas normas imponen.
Y así como hay leyes que el mismo Estado incumple, también hay otras que, sancionadas correctamente, no son reglamentadas y, por tanto, tienen un efecto nulo. El caso más cercano, sobre el que este diario informó recientemente, es la ley de promoción del turismo que fue aprobada en 2008 y que hasta ahora no fue reglamentada por el Ejecutivo.
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