Hernán de GoñiUno de los defectos del modelo de Subsidios para todos instalado por el Gobierno fue que deformó la razón de ser de esta política. Cuando comenzaron a aplicarse en 2002, su objetivo era garantizar la continuidad de las empresas que tenían a su cargo los servicios públicos y el transporte de pasajeros. El default y la devaluación disolvieron los compromisos originales del Estado y en ese momento los subsidios eran un medio para reestablecerlos.
El tiempo de la abundancia fiscal transformó su sentido. Para no reconocer aumentos en las tarifas, los subsidios fueron mantenidos como parte de la política de ingresos. Pero la inflación multiplicó los costos de las empresas prestadoras y los volvió inviables, dando lugar al actual plan de quita.
Cuando el Ejecutivo decidió desprenderse del subte, logró que su decisión no fuese vista como un recorte de gastos sino como el traspaso a una jurisdicción rica que solo debía definir como financiar el subsidio. Si la Nación ya no pudo sostenerlos pese a tener más fuentes de financiamiento (emisión monetaria incluida), no hay que esperar que los porteños lo hagan con mayor facilidad. Será buen momento para discutir la razón de ser de este beneficio, ya que para que subsistan hace falta consensuar quién recibirá menos fondos o quiénes pagarán más impuestos.
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