El paisaje agreste se apodera de un lugar de difícil acceso y en el que viven sóloun puñado de personas alejado de todo, pero a pocas cuadras de los edificios
La zona de la avenida Florencio Varela y el límite entre Ezpeleta y Berazategui ha estado en boga en el último tiempo, debido a la toma de tierra que se han dado en el lugar y el proyecto para la bajada de la autopista. Más allá de ello hay una avenida principal que se encuentra abandonada y olvidada a su suerte, en una zona que ha crecido significativamente en población en los últimos años pero que no en infraestructura, donde todo es muy básico. La situación se asemeja en parte a lo que vivían los vecinos de la calle Lynch (límite entre Wilde y Don Bosco) antes de su pavimentación, aunque el caso de Varela es más lejano todavía ya que el acceso más próximo que tienen cerca es la Avenida Mitre, o salir por Berazategui por la 149 o la 151. En derredor se han levantado cientos de casas y un barrio que ya se encuentra instalado, pero más allá, llegando a la autopista Buenos Aires La Plata todavía queda una gran zona de verde vacío, con algunas precarias viviendas, en la mayoría de personas que se dedican al cartoneo y la recolección. En esa zona la infraestructura es nula, tanto en el acceso y en los servicios, ya que no llega ni la luz. La situación se complica más aún cruzando el puente de la Autopista. Siguiendo el precario camino se puede llegar hasta la costa ezpeletense viendo algunas construcciones muy humildes sin ningún tipo de comodidad y abandonados a la suerte, en una zona en la que cuando sube el río es imposible salir, a lo que hay que sumarle el arroyo Jiménez que se encuentra dividiendo el macizo de tierra. A la vera del río se encuentra una vivienda que se abastece con paneles solares y una batería de lo mínimo indispensable. Entre medio, cañaverales y caballos circulan por un lugar donde la mano del hombre aún es insípida y no se siente. El lugar estuvo en vista de grandes proyectos como un Parque Industrial Chino y hasta proyectos de barrios cerrados al costado de la Autopista, pero por el momento permanece agreste y casi alejado de la civilización, con algunos pescadores que se animan a circular por el casi imposible camino de tierra que lleva al río. Habrá que ver que depara el destino a esta zona sobre la que están posados los ojos de grandes emprendedores, pero que hoy no es más que una postal cuasi selvática a tan solo unos kilómetros de torres de edificios y la gran civilización.
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