Escribe Omar Bello -“Ay, Javi, Javi”, solía repetir con ternura Mario Meoni cuando alguien le acercaba quejas sobre su controvertido Secretario General; tanta era su comprensión que en el Palacio Municipal llegaron a pensar en alguna fuerza de poder “secreta”, como si Javier Gabrielli hubiera encontrado la llave que encendía el favoritismo del Intendente.
Con el ánimo social caldeado y algunas encuestas de imagen que traen cualquier cosa menos buenas noticias a los oídos de don Mario, la estrella del hombre que tuvo un crecimiento sorprendente en el entramado de la estructura meonista, parecería no atravesar su mejor momento. Gabrielli lo sabe aunque hay algo peor: el resto lo intuye (pirañas y olor a sangre se llevan bien), y esta vez no se trata de inferencias o escuchas impertinentes detrás de las puertas, fue el propio Intendente quien se encargó de marcarle los limites frente a un auditorio que, por supuesto y según corresponde, desparramó las “buenas nuevas” entre el ejército municipal que no quiere al funcionario.
La anécdota habría sido más o menos así: reunión seria y formal vinculada al tema de la seguridad. De pronto y sin golpear, entra Javier Gabrielli al despacho del Intendente mascando un caramelo (su sello de fábrica), y con ese aire de dueño de casa que lo caracteriza y suele irritar al entorno. Todos lo miran pero Mario Meoni es el único que le habla: “¿Necesitás algo, Javier?”. Sorprendido y algo incómodo, el Secretario no llega a responder mientras el hombre más poderoso de Junín insiste en tono cada vez más serio y tajante “¿Necesitás algo?”. Al tercer avance Gabrielli se recompone y recurre al típico “quería saber en qué andaban”. Silencio de radio. Con esa cara de hielo que sólo les dedica a sus allegados cuando está enojado, Meoni lo “invitó” a salir y el bueno de Javier tuvo que tragarse el caramelo (no es metáfora), y poner pies en polvorosa, con la humillación a cuestas. Los presentes se quedaron helados aunque no ocultaron su satisfacción al ser testigos de semejante “puesta a punto pública”. Pero el tema no terminó ahí: al otro día, y como si no hubiera entendido el mensaje recibido, el Secretario General se dirigió a las oficinas Víctor Knappe, Secretario de Seguridad, con el fin del recabar información sobre la reunión de la que había sido desplazado. “¿Qué decidieron?”, le preguntó. Primero con elegancia y después en un tono imperativo que se escuchó en toda la intendencia, Knappe le recordó que si el Intendente lo había dejado afuera, no iba a ser él quien rompiera semejante decisión; respuesta que, como era de suponer, enojó al Secretario.
¿Se acuerdan de “Extraña Pareja”? Los más grandes seguro que sí. Extraña Pareja fue una gran película americana (también se hizo una serie y obras de teatro) protagonizada por Walter Matthau y Jack Lemmon, donde dos divorciados con personalidades opuestas debían convivir bajo un mismo techo. El resultado de la convivencia entre un señor ordenado y prolijo, y otro que resulta un verdadero desastre, es hilarante para los espectadores.
Sospecho que a los ojos de Mario Meoni, Javier Gabrielli, con ese estilo despreocupado de chico grande que lleva aro en la oreja y al que siempre le queda mal puesta la corbata, fue una suerte de remanso en el complicado y tenso universo de la política. Sin embargo, y a pesar del modo simpático y entrador, hay algo en el hombre que eligió para el puesto de Secretario General que no termina de cerrar: en lugar de mejorar, las relaciones del Intendente con los distintos actores sociales parecen estar en un cuarto intermedio, como si Gabrielli lo hubiera “encerrado”. Se trata de un punto difícil porque en el fondo son cuestiones de personalidad. Como buen comunicador, Javier tiene un “modus operandi” que suele molestar: le encanta tener informantes, recolectar información en los pasillos de las empresas, los medios. Tiene desesperación por encontrar puntos flojos, debilidades. Le gusta ganar, no negociar. Por eso se enoja fácil y enoja mucho a los otros; característica complicada en un hombre que debería ser el mejor negociador de Junín. Está para aceitar la maquinaria, no para poner palos en la rueda.
Lo de la reunión no fue casual. En política nada lo es. Por el bien de él (y de nosotros) sería bueno que Javier Gabrielli capte el mensaje. Porque hasta las parejas más extrañas pueden terminar separándose.




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