Por: Silvia Naishtat.El local de los chocolates Lindt en el DOT de Saavedra es el único en Sudamérica y fue imaginado para exhibir novedades de la marca suiza en la región. El último viernes confiaban en poder seguir importando, aunque no estaban seguros. En la planta Los Cardales de Ferrero Rocher creían que el acuerdo con la secretaría de Comercio era de largo aliento.
El brusco freno a las importaciones que comenzó con zapatillas y textiles para defender a la industria nacional, se convirtió en una tendencia que ahora llega hasta los productos gourmet. Esta vez, la excusa es la crisis griega que tiene poco de circunstancial y amenaza recorrer Europa. El razonamiento de Guillermo Moreno es que podrían poblar las góndolas a bajo precio distintos alimentos de Europa.
Es cierto que, en un país con inflación en dólares como ocurre hoy en la Argentina, supermercados y mayoristas ampliaron la oferta de importados. De allí, el castigo a los duraznos en lata griegos, a los choclos y tomates de Brasil y las nueces chilenas.
Como miembro de la Organización Mundial de Comercio, Argentina no puede trabar importaciones. Claro, que el ingreso de la mercadería depende de un certificado del Inal (Instituto Nacional de la Alimentación). Ese organismo está subordinado a la Anmat, adonde Moreno también extendió sus facultades.
Así las cosas, el certificado que en otro país tarda 72 horas, aquí lleva meses. Sólo la toma de muestra requiere 10 días. Y la lentitud es exasperante al momento de entregar el resultado: 60 días. No hay plazos legales y muchos productos se echan a perder. "Nos manejamos en la incertidumbre", contó un industrial.
El crítico gastronómico Fernando Vidal Buzzi, de paladar exquisito, acostumbrado al arroz arborio, al jamón español y al foie gras, se sorprendió. ¿Qué bolsillos busca cuidar Moreno?, ironizó.

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