Una expropiación que se complica

Por Ricardo Roa

Cuando todo el mundo esperaba que la Presidenta revelara su plan para la expropiación parcial de YPF, Cristina se despachó con medidas para “reactivar” los frigoríficos , mantener allí el empleo y acelerar las exportaciones. (N de la R: ni una palabra sobre el desplome del stock ganadero, el cierre de plantas, los despidos y la pérdida de mercados ocurridos durante su gobierno) .

Entre bambalinas, el proyecto de expropiación se había trabado por las resistencias de las provincias petroleras y hasta de algunos funcionarios del gobierno central , aquellos preocupados por su caja y éstos por las consecuencias a nivel internacional (Ver: YPF: ola de versiones por un proyecto de expropiación).

Los gobernadores fueron la punta de lanza en la ofensiva contra YPF : le quitaron áreas y aplastaron el valor de las acciones. Pero luego se desayunaron con que el proyecto final no sólo no les da participación en la propiedad de la empresa sino que ni siquiera les garantiza lugares en el directorio .

Y más: con el cambio corren el riesgo de que caigan las regalías que hoy les paga YPF y que para muchos son la principal fuente de ingresos . Ese era el entuerto que anoche trataba de resolver con ellos la Presidenta.

Armado por el viceministro Kicillof y el secretario de Energía Cameron, y alivianado por Zannini, el proyecto tiene otros puntos difíciles de explicar , como que a los Eskenazi les expropiarán todas las acciones y a Repsol una parte, aunque sea importante. Eskenazi fue el elegido Kirchner para “argentinizar” la empresa apenas cuatro años atrás.

Pero las cosas también están muy mal con los españoles: Brufau, el uno de Repsol, y a quien Cristina se negó a recibir, sostuvo ayer una pésima reunión con De Vido, que casi no habló, y Kicillof, que les exigió que traigan las utilidades que se llevaron, pese a que eso lo autorizó Kirchner expresamente .

“Piensen en las consecuencias de lo que van a hacer”, advirtió Brufau mientras el ministro de Industria de su país afirmó que “la hostilidad contra las empresas españolas e s hostilidad hacia España ”. La expropiación no será precisamente un paseo.

Comentá la nota