Los expedicionarios finalizaron el cruce después de estar instalados seis días en la cordillera. Cerca de las 8.30 de ayer comenzaron a descender desde Las Frías hasta la Estación Manantiales, donde arribaron cerca de las 14.00. Una llegada emotiva después de la travesía.
Los campamentos estuvieron en lugares inhóspitos, en medio de montañas. Las carpas que instalaban los gendarmes para que durmiéramos se encontraban sobre las piedras. No por negligencia de ellos, sino porque el lugar es así.
Siete días prácticamente sin luz. Almorzando y cenando de pie, en oportunidades tomando agua del río, azotados por el calor en el día y por las bajas temperaturas de noche y sin la comodidad de una cama o de un baño con agua caliente. Todo contribuyó a que el cansancio corporal de la cabalgata no se fuera, ya que mayormente se pasaban 8 horas diarias arriba del animal.
El grupo pudo sortear todo tipo de obstáculos en función de la unión y el compañerismo. No faltó el grito de aliento al momento de ver a alguien que no tenía fuerzas para continuar.
Fue implacable el coraje, las ganas, el espíritu y la fortaleza que tuvo el grupo para cruzar la cordillera por el mismo lugar que cruzó el general San Martín. El sacrificio fue tan grande como el orgullo que siente cada expedicionario al retornar a su hogar con la medalla y el diploma de pertenecer al Cruce de Los Andes 2012. ¡Viva la Patria!
Comentá la nota