Por Jorge OviedoPara Cristina Kirchner, 2011 sólo dejó buenas noticias: crecimiento de la economía, baja de la desocupación y superávit comercial.
No existieron, según ella, la inflación ni el déficit fiscal récord del kirchnerismo, que las cuentas oficiales reconocen. Y el ajuste necesario porque la política de subsidios se volvió insostenible no es culpa del Gobierno, que la aplicó durante ocho años, sino de los empresarios, como algunos petroleros, que según ella producen cada vez menos en el país; en particular, YPF. Y también hubo un especial respaldo a Guillermo Moreno, que pareció impulsarlo a ir más lejos en los controles (los cambiarios, por ejemplo).
La Presidenta se quejó de que en 2011 las importaciones de combustibles llegaron a 9000 millones de dólares, pero eso parece ser el resultado de las políticas aplicadas por la propia administración, que decidió, por caso, pagar el triple por el gas traído de Bolivia que por el que se extrae aquí. También señaló, con acierto, que la disminución de la producción perjudica a las provincias productoras porque cobran menos regalías. Pero ha sido el gobierno nacional el que mantuvo prácticamente congelados los valores en boca de pozo.
La producción de gas natural declina alrededor de 6% por año, y también han sido necesarios incrementos de las compras de gasoil al extranjero.
Desde el sector empresarial se señaló muchas veces que la caída de la exploración y la inversión por la política de precios aplicada terminaría en una declinación o incremento insuficiente de la importación. Con el kirchnerismo, la Argentina ha perdido el autoabastecimiento energético y, según los especialistas, será muy difícil recuperarlo, pero la Presidenta culpó de ello a los privados.
El dato es sorprendente, porque si en el pasado los embates fueron contra empresas totalmente extranjeras, como Shell, ahora pareció que el corazón de las críticas fue contra YPF, en la que el management quedó en manos del grupo Eskenazi, que hasta hace poco tuvo excelentes relaciones con la familia Kirchner.
Desde algunos sectores ultraoficialistas, como Carta Abierta, comenzaron algunas críticas al Gobierno que pueden interpretarse como un incentivo a la reestatización de la compañía, que tiene una porción ampliamente mayoritaria del mercado local.
La Presidenta también pareció embestir, sin nombrarlo, contra el grupo Techint, al que identificó sólo como "multinacional", del que dijo que tenía tantas utilidades como los subsidios energéticos que recibía.
Gran parte de la argumentación pareció reflejar los argumentos de Guillermo Moreno, que quiere a toda costa sostener el superávit comercial para lograr el abastecimiento de divisas. En ese sentido, las importaciones energéticas y el déficit que generan podrían, según cálculos privados, reducir el superávit comercial a la mitad. Según dijo el propio Moreno recientemente en una reunión partidaria, un resultado de la balanza comercial que no supere los cinco mil millones de dólares causaría este año un desastre insuperable para el Gobierno.
Como mínimo, la alocución presidencial de ayer significa una embestida para retirar subsidios energéticos a grandes consumidores y presiones para que no eleven los precios. Y también exigir, principalmente a YPF, un fuerte incremento de la producción de petróleo y derivados, como el gasoil y el fueloil, y también de gas natural. También sobre esa producción parece exigirse precios muy inferiores a los internacionales.
Cristina Kirchner también amenazó con aplicar a las petroleras normas que, dijo, está obligada a aplicar en una clara amenaza de sanciones que no detalló. Pero no es difícil sospechar que se trata de pérdidas de concesiones, ya que recordó que la propiedad de los yacimientos es estatal.
También hubo un fuerte respaldo a la denuncia pública que el vicepresidente Amado Boudou, mientras estuvo a cargo de la Presidencia, realizó contra las petroleras que, según él, realizaron maniobras prohibidas para encarecer el gasoil que el Estado subsidia a los colectivos.
Esas acusaciones motivaron días atrás una durísima réplica de YPF, que anoche eligió guardar silencio. Si las maniobras existieron, resulta incomprensible que las autoridades no las conocieran, tratándose de YPF, que está manejada por un grupo que estuvo muy ligado al kirchnerismo y que tiene representación estatal en el directorio.
Tendencia preocupante
La Argentina tiene importaciones crecientes de energía eléctrica, fueloil, gasoil y gas licuado porque la producción local no le resulta suficiente, a pesar de que el ministro de Planificación, Julio De Vido, ha defendido siempre su plan, que dijo que "se cumple a rajatabla".
En 2004 comenzaron las compras de fueloil a Venezuela para compensar la insuficiencia de gas natural para generar energía eléctrica. Desde entonces, a diferencia de lo que ha ocurrido en la mayor parte del mundo, las tarifas energéticas se mantuvieron muy bajas, desalentado el ahorro y la sustitución de las fuentes tradicionales por energías alternativas.
En el sector petrolero local se afirma que varias empresas han encontrado reservas de petróleo y gas del tipo "shale" o "de esquistos", que requiere mayores inversiones y costos de explotación. Según Repsol, sólo por costos se necesitan 30 dólares por barril. La sospecha es que las grandes compañías que han hecho perforaciones que han resultado ser exitosas las mantienen sin producir, a la espera de que se les reconozcan mejores valores.
Esa explotación tiene también mayor impacto ambiental y uso de agua, lo que tal vez podría causar protestas parecidas a las dirigidas a la minería a cielo abierto..




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