Cada vez hay más personas excedidas de peso en todo el mundo y Santa Fe no escapa a esa tendencia. La última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo reveló que el 52,1% de la población tiene sobrepeso, cuando la media nacional se ubica en el 49,1%. Por otra parte, datos obtenidos en un estudio que se hizo en centros de salud barriales de Rosario indican que el 50% de los pacientes tiene kilos de más.
Confirmando este panorama, una investigación realizada en 2009 por el Instituto Juan Lazarte, que depende de la Universidad Nacional de Rosario, mostró que en dos barrios humildes de la ciudad, Santa Lucía y Tío Rolo, los chicos obesos quintuplican a los desnutridos, una realidad que sorprendió a los investigadores (ver página 6).
“Es un problema serio que merece atención urgente”, enfatizó el licenciado en nutrición Guillermo Scarinci, ex presidente del Colegio de Nutricionistas de Santa Fe, quien junto a otros especialistas elaboró una propuesta para que exista un licenciado en nutrición en cada centro de salud, o como mínimo, uno por distrito. La edila radical Daniela León se hizo eco y presentó un proyecto en el Concejo Municipal para que se cree el “Programa de prevención del sobrepeso, obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles en atención primaria”.
La propuesta se sustenta en un trabajo que hicieron estudiantes de la licenciatura de nutrición de la Universidad Nacional de Salta en centros de atención primaria, en barrios de la periferia de Rosario, donde se vio que “el 50% de las personas que se atendían en dichos efectores tenía exceso de peso y múltiples patologías relacionadas con el mal estado nutricional”.
Según ese mismo relevamiento, “los pacientes concurren a la consulta médica mayormente por enfermedades crónicas no transmisibles como la obesidad, la diabetes, las dislipidemias y la hipertensión arterial”, detalla el estudio al que accedió La Capital .
En algunos centros de salud la situación es extremadamente grave. Por ejemplo, en el Samco de Ibarlucea el 45,12% de los pacientes presentó presión arterial elevada. Datos similares se obtuvieron en el barrio 7 de septiembre (zona oeste) con un 43 % de pacientes con este problema, y en La Cerámica (en Alberdi), donde el 39% resultó ser hipertenso. La tensión arterial elevada está íntimamente relacionada con el sobrepeso y la obesidad.
Lo mismo sucede con la diabetes, una patología que crece año a año en todo el mundo de la mano del exceso de peso y la alimentación rica en azúcares, grasas saturadas y trans, sumada al sedentarismo. En el barrio 7 de septiembre, por ejemplo, el 25% de las personas tenía diabetes, la misma enfermedad apareció en el 21% de los pacientes de Cabín 9 (en Pérez) y en el 22% de quienes se atendieron en el centro de salud que funciona en Remanso Valerio.
Acciones concretas. El nodo de salud correspondiente al sur de Santa Fe no tenía datos estadísticos de enfermedades crónicas no transmisibles, hasta el relevamiento que hicieron los estudiantes salteños. “Quienes realizaron el trabajo fueron alumnos que efectuaron sus prácticas en los centros de salud provinciales; como profesores nos pareció fundamental tomar esta información para elaborar un proyecto de Seguridad Alimentaria en la Atención Primaria”, relató Scarinci, quien desarrolló esta propuesta junto a Natalia Bonzi, Evangelina Cosimi y Yanina Zwenger, todos profesionales que trabajan en el sector público y privado de la salud de Rosario.
Como Seguridad Alimentaria, explicó, se entiende el derecho de todas las personas al acceso diario de una alimentación cultural y nutricionalmente adecuada y libre de contaminantes. “Observamos que hay un desmejoramiento de la calidad de vida y un incremento de los índices de morbilidad en nuestra población, que se ve además en etapas cada vez más tempranas de la vida”, dijo Scarinci y enfatizó: “Hay que hacer algo de manera urgente, como poner en marcha un plan estratégico de educación alimentaria que funcione a corto y largo plazo, y qué mejor que los centros de salud barriales para comenzar”, dijo el profesional.
Carencias. La prevalencia del sobrepeso y la obesidad se incrementan en la medida que descienden las condiciones socioeconómicas de los hogares, por eso, cuánto menos recursos se tiene se hace más necesario que la gente sepa cómo elegir los alimentos, cómo aprovecharlos y prepararlos: “Nadie nos enseña a comer, nadie le explica a un chico que con la misma plata que se compra una bolsa de papitas se puede comprar un litro de leche, que tiene numerosos aportes nutricionales”, remarcó el licenciado.
En los centros de atención primaria los pacientes diabéticos, hipertensos o con dislipidemias (alteraciones del metabolismo), y con exceso de peso, son tratados con fármacos sin la participación de un profesional en nutrición: “Esto lleva a que no se optimicen los escasos recursos económicos con los que cuenta la salud ya que está comprobado en forma científica que tratando el exceso de peso se mejoran todos los otros indicadores y cambia la calidad de vida de estos enfermos”, remarcó el autor del proyecto.
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