El “evangelio” de Ronicevi, según Walter Martín

Por estos días, mucho se está hablando del advenimiento de una nueva cooperativa de trabajo en Tandil. Mejor dicho: de una fábrica recuperada que se suma a la lista que se está engrosando dentro de la movida nacional. Se trata de la metalúrgica Ronicevi, firma que en lo que respecta a la historia reciente y sindical suena a sinónimo de conflicto.
Política Tandil dialogó largo y tendido con Walter Martín, ex dirigente sindical, que en tiempos de Ronicevi conflictuada, estaba a cargo de la Unión Obrera Metalúrgica Tandil. “La historia comienza el 8 de octubre del 2000. Me fueron a buscar a casa un grupo de delegados, porque habían querido entrar al turno de las 8 de la noche del domingo, que preparaba todo para que entrara el grupo que producía, y estaba la Gendarmería apostada en la puerta y no los dejaban entrar. Ya veníamos con quite de colaboración, porque nos debían la suma de tres meses. Por ejemplo: pagaban una quincena y nos debían dos. Estaba a cargo de la fábrica Marcovecchio. No nos dejaron entrar y ahí se originó el conflicto definitivo”, inició su relato Martín.

“Desde ese día, hubo un grupo de alrededor de 150 personas que no entró nunca más a la fábrica, más que para ocuparla”, subrayó. “Porque conocíamos cómo era la historia, cuando paráramos, lo primero que iban a querer era llevarse los modelos, así que ocupamos rápidamente la planta. A la Gendarmería la sacaron a los pocos días. Hablamos con los políticos, con el juez, y pedimos que la sacaran porque no sumaba nada. Ahí tomamos las instalaciones.”

Consultado sobre qué significaba para los trabajadores el retiro de los modelos por parte de los empresarios, el ex gremialista de UOM fue contundente: “Perder la única fuente posible para la producción de ingresos. Nosotros siempre sospechamos: el dueño, teniendo los modelos, los puede hacer fundir en cualquier otra fábrica. Así que enseguida los escondimos dentro de la propia planta, incluyendo uno de los modelos más importantes, de exportación, que fue el corazón de Ronicevi durante mucho tiempo. Ocupamos la planta como primera medida y para evitar que se llevaran las cosas. Pero no alcanzaba: necesitábamos la ‘pata’ política y ocupamos el Concejo Deliberante. Repartimos el grupo entre Ronicevi y el Concejo, para presionar políticamente, en tiempos de ‘Carlitos’ Fernández como presidente. Estuvieron alrededor de cuatro meses sin sesionar. La toma se levantó en enero.”

Rememoró: “Empezamos a hacer otro tipo de presiones: hicimos escraches en la casa de Marcovecchio, en la escuela a la que iba la hija, en la casa de la madre. Acciones que llevábamos con todos los laburantes de Ronicevi. Siempre nos manejamos con asamblea. El Concejo Deliberante cuestionaba la legitimidad de nuestras decisiones: decían que había grupos de gente que quería trabajar”. En ese punto del relato, Martín hace un paréntesis: “Creo que, en el fondo, ya había un grupito que estaba con un doble discurso. Con nosotros hablaban de mantener la toma, y cuando se juntaban con los políticos, les decían que no aguantaban, que querían volver a trabajar. Eran carneros de los patrones. Ronicevi empezó a mandar cartas a los trabajadores a las casas, marcándoles quiénes podían volver. De hecho, los invitaban a volver, pero sin el gremio. Buscaban romper y quedarse con el grupo que, sabían, los iban a seguir: sin gremios, en las condiciones que ellos plantearan y cobrando como se venía cobrando. Un grupo empezó a hacer juicios, tomando la decisión de no seguir bajo ningún punto de vista e hicieron las demandas”.

“Fueron cuatro meses bastante activos. Hicimos gestiones para ver qué pasaba, si encontrábamos alguna salida, que de algún lado se pusiera la plata, sin demasiados resultados. En enero, vimos que no podíamos y no tenía sentido sostenerlo mucho más, con muchos reveses en el camino: la clase política jugó toda en contra de los intereses de los laburantes; la Justicia hizo figurar como domicilio legal de Ronicevi el domicilio del estudio de los abogados de la empresa, en Olavarría, cuando jamás Ronicevi había tenido vínculo con Olavarría. La Justicia le dio lugar, le aceptó ese domicilio legal en Olavarría, entonces lo metió en un juzgado de ese mismo partido. Cuestión que nos complicó, porque una cosa es Tandil para presionar más fácil, a tener que empezar a movilizarnos a Olavarría, lo que provocó varios trastornos.”

La clase política serrana, como actor en el conflicto, “cuestionó nuestra legitimidad y pretendió que la asamblea resolviera por voto secreto si se continuaba o no con la toma. Conociendo cómo estaba el paño, les dimos el gusto. Fuimos a la entonces sala que tenía el Museo de Bellas Artes, hicimos una asamblea con voto secreto, con urna y cuarto oscuro, para que los trabajadores decidieran si continuábamos o no con la toma. Ronicevi había despedido a 160 trabajadores, mandó telegramas de despido a los que no quería que volvieran, pero si bien a los otros no los despidió, también estaban en el conflicto y todos acataban. Pero pretendían dividir, incluso los políticos, que querían que los que aún estaban adentro decidieran, dejando a los que estaban afuera, más afuera. Y nuestra discusión era que ellos también tenían que votar, porque eran parte del plantel y del planteo. Ronicevi los habría despedido, pero todos estábamos en conflicto.”

“Entonces dijimos: que decidan ellos, los trabajadores. Sacamos a los 160 afuera y al resto los consultamos: ¿votan o no votan ellos? Dijeron: ‘Sí, tienen que votar’. Hicimos la votación secreta, con la fiscalización del Concejo Deliberante, en ese entonces tan cuestionado como los sindicalistas (de hecho, en lista de cuestionados, estaban ellos por encima). Les dimos el gusto, para que vieran realmente, para que se convencieran: nosotros no manipulábamos la asamblea. Noventa por ciento dijo de seguir en el conflicto. Estaban Madarieta, Martens, Escribano, Bacci, Xodo… Pleno zanatellismo. A partir de ese punto, la política se calló pero se abrió, no nos apoyó”, recuerda.

Sobre el rol jugado por el Ejecutivo municipal de entonces, con Julio José Zanatelli aún al mando, Martín respondió: “Zanatelli, siempre más allá del bien y del mal. Con nosotros hacía una gestión para conseguir un subsidio, y por el otro lado, veía la forma de romper con la empresa también y con la movida nuestra. Pudo hacer mucho más: haber presionado a la Justicia si quería, pero se abrió. De todas formas, siempre fue pro-empresario, no iba a salir abiertamente a favor nuestro”.

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