Los ministros de Finanzas de la zona euro acordaron ayer una entrega de 150.000 millones de euros al FMI para que ayude en hipotéticos próximos rescates. Fue uno de los compromisos de la última cumbre europea.
El pacto tiene varias dudas. En principio no tendrían que aportar dinero los tres países ya rescatados: Grecia, Irlanda y Portugal. Además, los 10 países de la UE que no tienen el euro pondrían otros 50.000 millones, aunque el Reino Unido y Bulgaria se descartaron y Lituania aseguró que no puede hacer frente a su cuota.
De los países sin euro, sólo Polonia, Dinamarca, Suecia y la República Checa confirmaron su participación. Además, la UE espera que las potencias representadas en el G-20 participen también en este refuerzo del FMI. Fuentes del Consejo Europeo dijeron anoche a Clarín que, a pesar de esas dudas, se estará muy cerca de esa cifra de 200.000 millones.
Londres explicó su rechazo culpando a los demás. Según dijo un diplomático británico a la agencia AFP , “sólo entregaremos recursos suplementarios al FMI si la zona euro hace más para reforzar su cortafuegos –el fondo de rescates- y no contribuiremos a nada que sea destinado únicamente a los países de la Eurozona”.
La presión sobre los dirigentes europeos sigue aumentando. Ayer fue el presidente del BCE, Mario Draghi, quien les recordó sus deberes y les dijo que el acuerdo de la última cumbre “podría haberse hecho mucho mejor” . Draghi volvió a repetir que espera que se aumente el fondo de rescates y advirtió que la esperada rebaja de la nota de la deuda francesa afectará a otros países y al fondo de rescates, que tendrá que ofrecer mayores intereses para financiarse.
El BCE se sigue negando a comprar deuda de los países en apuros, pero indirectamente podría empezar a hacerlo. El central europeo pone en marcha mañana miércoles un mecanismo por el que prestará al 1% y a un plazo de tres años todo el dinero que quieran pedir los bancos europeos.
Se trata de que puedan seguir comprando bonos de deuda pública. Es una inundación de dinero sobre la banca para evitar un accidente y muestra que, mientras no se ayuda a los países por el riesgo de que frenen los ajustes, sí se hace con una banca que ha seguido repartiendo bonus millonarios. En una entrevista publicada ayer por el diario Financial Times , Draghi rompió un tabú. Su antecesor, el francés Jean-Claude Trichet, repitió por pasiva y por activa que era “absurda” la idea de que el euro fuera a romperse o que algún país se saliera de la Eurozona.
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