Los europeos viven cada vez más angustiados

Los europeos viven cada vez más angustiados
Lo revela una encuesta realizada a ciudadanos de Francia, Alemania, España, Polonia, Grecia, Italia y Gran Bretaña. El 63% teme caer en la precariedad y el 56, perder el trabajo. Angustia. Puede referirse a una reacción ante una amenaza o un peligro, desconocido o hasta irreal. Puede causar pánico y convertirse en crónico.
Para Kierkegaard se trata de un sentimiento de desamparo o de incertidumbre que el hombre siente ante su propia existencia. Como una manera de tomar conciencia de su propia realidad.

Para la mayoría, quién puede discutirlo, es un sentimiento intenso, opresivo. De temor, de ansiedad. Y eso es lo que sienten muchos europeos a juzgar por una encuesta que se hizo en siete países: Francia, Alemania, España, Polonia, Grecia, Italia y Gran Bretaña.

"Encuesta: cómo la angustia gana a los europeos" fue el título de tapa del diario francés Le Monde. Hace rato que la palabra esperanza es difícil de encontrar en los medios de comunicación de la Eurozona, pero ahora directamente es "angustia" la que acapara hasta el título principal. Según el trabajo realizado por Ipso-Logica Business Consulting, sobre 7245 encuestados, el 63 por ciento de los europeos tiene miedo de caer en la precariedad. El 71 por ciento cree que corre el riesgo de tener dificultades financieras y el 56 por ciento teme perder el empleo.

No parece irracional cuando en Francia ya hay 3 millones de desocupados o en España alcanzan los 5,7 millones. De hecho el temor a perder el trabajo se ubica en el tercer puesto de los “mayores riesgos” que creen correr. El primero es el financiero (44%); el segundo, el médico (40%) y el tercero, el desempleo (39%). "Hoy más que ayer, el mundo exterior devino ansiogénico para los europeos", explica el artículo. "La crisis económica que recrudece en el Viejo Continente, los planes rigurosos que amenazan el Estado de Bienestar, sin olvidar la globalización, hacen temer a la pérdida del patrimonio, del empleo, de enfermar. Y sobre todo, de no poder hacerle frente", aseguran. Y los números lo respaldan: el relevamiento dedujo que el 47 por ciento de las personas que respondieron estima que está menos protegida frente a esas amenazas que hace cinco años.

El director general de la encuestadora Ipsos France, Brice Teinturier, explicó a Le Monde que “estas angustias manifestadas son testimonio del gran sentimiento de vulnerabilidad de los europeos en este contexto actual” y tal vez esa sea la mejor definición para lo que califican como “eurofobia”, un sentimiento cada vez más creciente, que vinculado con la crisis, “podría amenazar la moneda única”, precisa la nota antes de apuntar que "existe una amenaza real del riesgo financiero ante la moneda común y del riesgo político. Un país puede dejar la unión europea no sólo porque sea forzado a hacerlo, sino porque su pueblo, exasperado, así lo desee."

A pesar de los altos valores en algunos temas en común, al recorrer las características de cada país al hacer el relevamiento notaron algunas diferencias como que "los españoles tienen la impresión de ser más vulnerables a la pérdida del trabajo o a perder dinero que los alemanes o los polacos. Mientras que los franceses, como siempre, están en el medio. En cuanto a la pérdida del dinero, 40%", detallan.

Más allá de estas diferencias, la mayoría coincide en que hay un tema que los une: la falta de fecha de vencimiento que tiene la crisis. Nadie se atreve a decir cuándo terminará ni qué tan profundo llegará: el temor general es que “este modelo esté viviendo sus últimos instantes y que después venga el caos". Eso mismo pueden haber sentido los franceses de Amiens, a sólo dos horas de viaje desde París, hacia el norte, entre la madrugada del lunes y la del martes pasado: caos.

Un control policial en el barrio Fasset fue excesivo a los ojos de un centenar de jóvenes. Tanto como para que prendieran fuego los tachos de basura y los arrojaran como proyectiles hacia las fuerzas de seguridad. Fue la forma que encontraron para reclamar porque “se propasaron” mientras eran muchos los que lloraban a Nadir, un chico de 20 años que falleció en un accidente de moto. Unos 150 policías antidisturbios se desplazaron en la zona y 16 de ellos terminaron heridos, mientras que una escuela fue incendiada y una comisaría y un polideportivo, arrasados.

El presidente FranÇois Hollande interrumpió sus vacaciones en el sur de Francia y además de prometer "movilizar todos los medios del Estado", envió al ministro del Interior, Manuel Valls, para que recompusiera la situación. Los padres de Nadir no terminaron conformes: "Nos trató como animales", dijeron y aseguraron que todo lo que intentó el funcionario fue justificar a la policía.

El recuerdo de los banlieue (periferia, suburbio) de octubre de 2005, cuando durante tres semanas el descontento social tomó forma de graves disturbios, también con autos incendiados, en repudio a la muerte de dos adolescentes, hijos de inmigrantes, que escapaban de la policía, todavía está fresco en Francia. Tal vez porque en 2007 y 2010 volvió a ocurrir algo similar: incendios, saqueos de negocios y enfrentamientos con la policía para expresar su rechazo al "control policial desmedido".

El odio demostrado, exorcizado con las llamas del lunes pasado, parece encontrar sus raíces más profundas en un complejo problema irresuelto: la falta de oportunidades y el trato desigual que acusan los hijos de inmigrantes, que aún se rebelan porque el desempleo los golpea con mayor fuerza y se sienten excluidos del sistema. Es que una cosa es vivir y caminar por la glamorosa avenida George V y otra muy diferente es hacerlo por Stalingrad, un poco más alejado del BCBG, bon chic bon genre, es decir “buen estilo, buena actitud”, tan supuestamente francés.

El propio ministro Valls reconoció ante la prensa, después de la violencia desatada el lunes y martes pasado, que “en ese barrio hay mucha desesperanza” porque el desempleo es del 40%, y del 50% para los jóvenes y que “aunque nada puede justificar ni excusar la violencia, se espera mucho de nosotros”, sobre todo después de que las políticas de Nicolas Sarkozy acentuaran las diferencias.

Nadie puede pretender que en apenas 100 días de gobierno Hollande resuelva un problema estructural de esas características, pero quienes viven el día a día en los suburbios parecen no tener mayores niveles de tolerancia y la sensación de desesperanza y angustia porque no hay futuro empeora aun más las cosas. En parte, se trata de esa misma desesperanza y angustia que reflejan las encuestas. «

La clave

Más desprotegidos

Así se siente el 47% de los europeos encuestados hoy para afrontar los problemas.

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