En Europa, ya todos piensan cuál será el efecto del fin del euro

Un escenario contempla la creación de una nueva moneda para los países sólidos del Norte

BERLIN.- A pocos días de una cumbre decisiva para el futuro del euro en Bruselas, el fin de la moneda única dejó de ser algo inimaginable. Bancos, inversores, gobiernos y economistas estudian los posibles escenarios de la vida después del euro en Europa.

Los resultados de sus estudios no son reconfortantes: económicamente sería una catástrofe; socialmente podría ser el fin de la paz. Sin embargo, hay también quienes creen que sería mejor así.

Nuevas noticias se añaden cotidianamente a un panorama ya de por sí gris. Cada día los diarios europeos informan acerca de grandes empresas que se preparan para una posible ruptura de la moneda única, es decir para la salida de uno o más países del bloque, pero también para su fin.

La semana pasada, The New York Times informó que bancos como Merrill Lynch, Barclays Capital y Nomura ya tienen planes de emergencia para reaccionar frente a esta posibilidad, que ya dejó de ser remota.

Por su parte, los políticos de la eurozona callan o se ponen una máscara. Lo admitió el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, en un encuentro con periodistas en Berlín.

"Usted aparece extraordinariamente de buen humor, ¿a qué se debe?", le preguntaron. "Una crisis implica siempre una creciente inseguridad, para los mercados, los inversores y los ciudadanos. Si no se quiere alimentar esta inseguridad es mejor mostrarse poco preocupados y, en cierta medida, seguros", contestó.

Para él y para la canciller alemana, Angela Merkel, el fin del euro no es una opción. Sin embargo, el ministro de Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, lanzó un llamado dramático: "Estamos al borde de un precipicio. Se perfila una crisis de dimensiones apocalípticas".

Por primera vez parece que los europeos consideran la desintegración del euro como una posibilidad real. El economista Nouriel Roubini, famoso por haber previsto la crisis de 2008, calculó que las posibilidades de una ruptura de la eurozona son del 45%. Más allá del calculo abstracto, el interrogante es qué pasaría después y cuál sería el costo económico y social.

Aunque los expertos indican que la salida de un país del euro es teóricamente posible, esto no significa que la vuelta de cada nación a su moneda vaya a ser indolora. Primero, porque los tratados europeos no prevén la salida de un país sólo de la unión monetaria, sino de la Unión Europea (UE) en su conjunto, y esto implicaría tiempos largos, donde los inversores podrían querer cambiar sus capitales, indicó el economista Karsten Junius.

Tampoco queda claro qué pasaría con las deudas soberanas de los países si regresaran a sus antiguas monedas: cuando se introdujo el moneda única, las deudas públicas fueron convertidas en euros. En muchos casos fueron aseguradas por contratos que no habilitan una vuelta atrás.

"Nadie puede permitirse considerar que la paz en Europa sea algo garantizado", advirtió Merkel. Además del desastre económico, la historia enseña que el fin de una moneda siempre provoca consecuencias sociales enormes.

Aun así, el euroescepticismo es fuerte en Alemania porque la economía real del país es sana y la gente percibe la crisis como algo causado por otros, que, sin embargo, los alemanes tienen que pagar.

En este contexto causó cierto revuelo el economista alemán Dirk Meyer, profesor de la Universidad Helmut Schmidt, quien investigó la posible introducción de un "euro del Norte" entre los países más sólidos del norte de Europa, que podría convivir en la UE con el otro euro, que seguiría en vigor entre los restantes países.

Según explicó Meyer a LA NACION, "hacen falta cuatro pasos para introducir una nueva moneda entre los países del norte de Europa".

En primer lugar, habría que aprobar "un protocolo europeo" que permita la salida de uno o más países de la unión monetaria, sin que esto implique la salida de la UE. "Sucesivamente cada país que adoptara la moneda tiene que aprobar en su Parlamento una ley que establece el cambio." Ambas cosas pueden ser llevadas a cabo en "cinco días", según Meyer.

En tercer lugar, los bancos deberían cerrar tres días para traducir las cuentas a la nueva moneda. Finalmente habría que introducir los nuevos billetes.

Meyer, que asegura haber sido contactado por políticos alemanes, se imagina que de esta unión monetaria participen Alemania, Holanda, Austria, Luxemburgo, Finlandia y la República Checa. "Pero no puedo imaginarme a Francia, simplemente porque tiene una política monetaria muy distinta y esto trasladaría el virus actual a la nueva unión".

Siendo los países del "euro del Norte" más homogéneos desde un punto de vista financiero, no necesitarían de un gobierno económico central más fuerte y podrían convivir "sin grandes dificultades" en una UE con otra unión monetaria entre los restantes países, según Meyer. "Los países con problemas podrían devaluar y relanzar así su economía".

Alemania incurriría en grandes perdidas, pero, aún así, el juego merecería la pena para ella. Según calculó este experto, la introducción de la moneda le costaría al país unos 20.000 millones de euros. Lo que sí le saldría caro sería la pérdida de valor de los bonos de otros países y las inversiones fuera de la nueva moneda.

Si se considera que el "euro del Norte" tendría un valor del 25-30% superior al viejo euro, Alemania perdería en total entre 240.000 y 350.000 millones. "Es mucho, pero la alternativa es seguir como ahora, en una especie de unión de transferencia, y he calculado que esto nos cuesta cada año unos 80.000 millones de euros", señaló..

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