En Reconciliación: el islam, la democracia y el mundo Occidental, Benazir Bhutto intentó frenar la embestida islamofóbica que empezaba a expandirse por todo el mundo.
Bhuto no logró su objetivo: no hay reconciliación posible entre el islam y Occidente a medida que aumenta el odio al mundo musulmán. Ese lamentable fenómeno se observó esta semana, en medio de las intolerantes manifestaciones que se produjeron en Nueva York para oponerse a la propuesta de erigir un templo islámico a muy pocas cuadras de donde cayeron las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. “Constuir una mezquita en el Grond Zero es como construir un monumento a Hitler en Auschwitz”, se pudo leer el martes en esas marchas. “Construyan una mezquita en Nueva York cuando construyan una sinagoga en La Meca”, se exigía desde otra pancarta.
Tan grande fue la discusión que ocasionó la sola mención de levantar un templo musulmán en Manhattan –algo que sólo aprueba el 26% de los neoyorquinos–, que hasta se puso en duda la religión del autor de la idea: Barack Obama. Los sondeos demuestran que uno de cada cuatro norteamericanos piensa que su presidente es musulmán, algo que el propio mandatario niega.
Hasta la revista Time se sumergió esta semana en el áspero debate y desde su tapa preguntó: “¿Estados Unidos es islamofóbico?”. La nota del semanario norteamericano se ilustró con el símbolo del islam –una medialuna y una estrella– mezclado con los colores de la bandera nortamericana.
Curiosamente, se trató de un recurso muy similar al utilizado a mediados de 2007 por la revista alemana Der Spiegel, cuando en los comienzos de la discusión sobre la aprobación de minaretes en Europa, ilustró su primera plana con el símbolo del islam, que imitaba una luna elevándose en una noche oscura por sobre la Puerta de Bradenburgo. El título elegido era amenazante: “La islamización de Alemania”.
Aquella discusión europea se saldó el año pasado en Suiza con la prohibición de construir minaretes. No importó que la relatora de la ONU sobre libertad religiosa, Asma Jahangir, calificara la medida como “una restricción a la libertad religiosa” y “una discriminación a los musulmanes”.
Europa antes y Estados Unidos ahora ingresan en un cada vez más preocupante escenario en el que se asocia, peligrosa e injustificadamente, al mundo islámico con el terrorismo. Se trata de un contexto en el que sólo ganan los fanáticos.

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