Los países de la región buscarán mecanismos para mejorar la supervisión de los déficits
Los responsables políticos de la región reconocen que fueron demasiado lentos para activar el plan de ayuda a Grecia, a pesar de los riesgos que corría toda la eurozona. La crisis griega estalló hace más de seis meses, cuando el gobierno del socialista Giorgios Papandreu aumentó brutalmente sus previsiones de déficit público para 2009, pero los europeos esperaron hasta la cumbre del 11 de febrero para prometer solidaridad a Atenas.
Esa confusa señal de desorden trastornó a los mercados financieros, puso al borde del abismo a otros países de la región e incluso hizo tambalear la moneda única.
"Reconozco que a veces casi perdí la paciencia", admitió ayer el primer ministro luxemburgués y presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker. Para explicar esa lentitud, evocó las "diferencias culturales" entre cada uno de los 16 países de la eurozona: "distintos procedimientos parlamentarios" y "las explicaciones que se dan a las opiniones públicas".
Fue esencialmente la resistencia de Alemania, cuya opinión pública manifestó una auténtica hostilidad a "pagar" por Grecia, que frenó la operación de rescate durante tanto tiempo. Pero el laborioso proceso de decisión ?típico de las instituciones europeas? y el carácter inédito de la crisis también pesó en la toma de conciencia.
Miembro del directorio del Banco Central Europeo (BCE), el italiano Lorenzo Bini Smaghi deploró ayer que Europa no hubiera sido capaz de hallar "un procedimiento más rápido y eficaz", que "habría evitado enloquecer a los mercados". Smaghi señaló como causas de ese mal funcionamiento "las incertidumbres, una ausencia de liderazgo y los sobresaltos nacionalistas".
Más supervisión
Los europeos reflexionan desde hace varios meses sobre la forma de mejorar la coordinación de sus políticas económicas para evitar, sobre todo, diferencias de competitividad demasiado importantes entre países. También tienen la intención de endurecer la supervisión común de los déficits nacionales. En ese sentido, varios proyectos están en curso en la Comisión Europea y en los Estados.
Los dirigentes de la eurozona "sacarán las primeras conclusiones" de la crisis en la cumbre del viernes. Los debates de la reunión deberían concentrarse en la búsqueda de medios para reforzar la disciplina presupuestaria de los 16 países que utilizan la moneda única, en espera de un informe sobre el tema que será conocido antes de fin de año.
Alemania, que pone el acento en ese punto, desea sanciones rápidas contra los miembros más laxos: "En el futuro debería ser posible retirar, al menos temporalmente, los derechos de voto a un país que no cumple con sus compromisos", repitió este fin de semana la canciller Angela Merkel. Para ello, será necesario modificar los tratados europeos actuales. Merkel reafirmó su intención de hacerlo y, entre otras iniciativas, consideró que "una agencia de notación europea podría ser útil".
Francia propicia, por su parte, reformar el Pacto de Estabilidad Europeo, incluido el "examen de la competitividad y de la estabilidad financiera", según afirmó la ministra de Economía Christine Lagarde.
El llamado Pacto de Estabilidad y Crecimiento tiene por objetivo coordinar las políticas presupuestarias de los países de la UE y evitar excesivos déficits nacionales. Ese texto fija en el 3% del PBI el límite anual de los déficits públicos y en el 60% del PBI la deuda pública. El pacto se compone de un capítulo preventivo que sirve para controlar a los Estados y un capítulo represivo que incluye sanciones.
Pero Lagarde también puso el dedo en la llaga alemana al referirse a la necesidad de reducir las profundas diferencias de resultados económicos entre miembros de la eurozona. "No tomamos suficientemente en cuenta las diferencias de competitividad que se producían entre Alemania, por un lado, y Grecia, Portugal e Irlanda, por el otro", precisó la ministra.


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