ESTRUCTURAS VACIAS EN JUNIN

ESTRUCTURAS VACIAS EN JUNIN
La historia de tres construcciones inconclusas, que representan mucho más que proyectos edilicios aplazados. Además, la opinión de los especialistas.
Están ahí, a la vista de todos: cenicientas, impertérritas, estoicas.

El boom inmobiliario que desde el último lustro se viene descargando sobre Junín, no las alcanzó.

Son las viejas estructuras de los edificios emblemáticos inconclusos de nuestra ciudad, que al día de hoy, configuran una ostensible muestra de los proyectos incompletos y de los sueños postergados.

Esqueletos que se alzan por encima de la altura media de las construcciones urbanas, como símbolo de lo que pudo haber sido y no fue, pero que, como en tantos otros órdenes de la vida, podrían conformar un nuevo punto de partida.

Detrás de cada uno de ellos, hay una historia para contar...

Rivadavia y San Martín

El edificio situado en la esquina de Rivadavia y avenida San Martín empezó a levantarse en los años 70. Según cuenta uno de los propietarios, la idea original fue la de erigir "la mayor mueblería del noroeste de la Provincia".

La obra proyectada incluía un local en planta baja de 400 metros cuadrados, dos sub-suelos exactamente iguales, otros tres niveles en las plantas subsiguientes de las mismas medidas, aunque con una suerte de alero para hacer los balcones, y finalmente, en los pisos superiores, amplios departamentos.

Se comenzó con la construcción, pero mucho tiempo antes de haberla completado, debió ser suspendida. Es que hubo numerosas y diferentes motivaciones que obligaron a los propietarios a detener la marcha del edificio, que quedó a mitad de camino.

Encima, los años 90 transformaron la industria de la mueblería, que pasó a ser propiedad de los supermercados y de las casas de ventas de artículos para el hogar, lo que puso en jaque a los muebleros artesanales, fabricantes de oficio, talla-dores y ebanistas.

Se calcula que la parte que quedó inconclusa suma unos dos mil metros cuadrados cubiertos, sumando todos los pisos y subsuelos. Lo curioso de esta situación, es que los departamentos de las plantas superiores están terminados y habitados, mientras que el resto se encuentra pendiente.

El martillero Claudio Ro-ggero, que tiene a su cargo el alquiler del local de planta baja, cuenta que "toda la obra que tiene que ver con la estructura, ya está terminada. El local, que es muy grande, tiene más o menos 20 por 20 metros".

La idea que prima en la actualidad es el anhelo de que una gran empresa o comercio quiera instalarse en ese lugar, en una de las mejores ubicaciones que puede ofrecer hoy la ciudad, con la cual se pueda llegar a un acuerdo para la terminación y el cierre de obra.

El propietario consultado por Vida aseguró que encontrar un inversor para completar el proyecto sería lo ideal: "Tenemos todos los cristales perimetrales y un ascensor de 3,50 por 1,50 para instalar. El lugar es una belleza. La esperanza es lo último que se pierde, ojalá que se pueda instalar una firma importante, por el bien y el progreso de Junín".

Francia esquina Almafuerte

Haciendo cruz con el Sanatorio Junín, sobre calle Francia, casi esquina Alma-fuerte, se eleva desde hace más de dos décadas, la estructura de un edificio de siete pisos sin terminar.

Los vaivenes económicos del país y algunas dificultades financieras obligaron a la persona que lo estaba construyendo, a detener la obra. Esa interrupción lleva casi 25 años.

Mario Garzillo, el martillero que hoy lo tiene en venta, explica que "estaba proyectado un edificio de siete pisos, aterrazados, con una distribución de los pisos tipo ‘en pirámide’ o ‘en cascada’; y en cada uno de ellos se iba a construir dos departamentos. Hay pisos que tienen más de 180 metros cuadrados". Emplazado en un lote de los que hay muy pocos, de 13 metros y fracción por 43,30 metros, el proyecto se estancó.

"En una oportunidad -continúa Garzillo- fue vendido a unas personas de Buenos Aires, que pagaron el 40 por ciento, pero no terminaron de saldar el total del monto pactado. Y el dueño tardó unos seis o siete años en recuperarlo, juicio mediante".

Posteriormente a este episodio surgió la idea de retomar la obra y continuar con la construcción con una nueva planificación, haciendo departamentos más chicos, pero nuevamente, el proyecto volvió a naufragar.

Garzillo aclara que "la cochera subterránea está prácticamente terminada, y en la planta baja, si uno la cerrara con paredes, revoque, le pone pisos y demás, tiene un local de 300 metros".

En dos oportunidades en los últimos años estuvo cerca de concretarse la operación de venta a inversores de otra ciudad, pero el propietario sintió que era una época de inestabilidad e imprevisibilidad en el país, por lo que ambas negociaciones se cayeron.

Mientras tanto, las estructuras permanecen firmes, inalterables, como si esperaran la culminación de la obra. En ese sentido, Garzillo es optimista: "Tarde o temprano, eso se va a terminar".

El hotel de Alberdi

A principios de los 90, un empresario de Laboulaye decidió que podía invertir en nuestra ciudad y creyó que una buena forma de hacerlo podía ser mediante la construcción y posterior explotación de un hotel de categoría.

El hombre adquirió un terreno en calle Alberdi, entre Malvinas Argentinas y Francia, y comenzó con la obra. Sus doce pisos estaban destinados a ser un punto de referencia en la ciudad, que le brindaría una cuota de jerarquía a la plaza hotelera local.

Sin embargo, al tiempo, el promotor de esta empresa falleció en un accidente automovilístico, por lo que la obra se detuvo y quedó como se la puede ver aún hoy. Los especialistas consultados coinciden en que la construcción de esa estructura es "alta escuela".

Pero los trámites judiciales por la sucesión y la herencia -sin que llegara a ser un problema familiar- constituyeron un escollo para que el proyecto siga adelante. La pileta de natación construida en su interior, todavía espera para ser llenada de agua. Con la muerte del inversor, faltó el motorizador de esa obra.

El operador inmobiliario local que quedó a cargo, confirmó a este medio que hace unos cinco años se vendió a otro particular, pero la obra siguió estancada. No obstante, se volvió a vender a un nuevo interesado, cuya operación se terminó de concretar hace unos meses, y se proyectó la construcción de un edificio de departamentos de muy buen nivel, de donde saldrán -si esta vez prospera la iniciativa- entre 50 y 60 unidades funcionales.

Conclusiones

En referencia a los esqueletos de edificios que se alzan en la zona céntrica de la ciudad, un reconocido martillero local sostiene que "estas construcciones sin terminar son proyectos inconclusos que, estéticamente, no dan lo que podría brindar un edificio terminado. Evidentemente, el proceso macroeconómico que ha pasado la Argentina en es ectos y créditos a largo plazo, se hace difícil".

Según los entendidos en la materia, uno de los problemas que tuvo la ciudad es que no hubo una empresa constructora local de gran envergadura y con un fuerte respaldo económico como para poder hacer frente a estos edificios.

Estas grandes estructuras fueron levantadas en épocas donde el código urbano de Junín permitía estas construcciones tan altas, cosa que en la actualidad está mucho más restringido por el mismo código. Para Roggero, esto puede ser un punto a favor: "El aprovechamiento de estas estructuras podría ser interesante producto de que la oferta de espacios en la zona centro es casi nula, y el código urbano limita la construcción y no permite edificaciones tan altas. Estas estructuras son las únicas opciones que hay hoy en día".

Otro punto a ser destacado es que los profesionales del área concuerdan en que si están bien hechas y con buenos materiales, estos armazones no deberían deteriorarse con el paso del tiempo.

Pero aunque no haya peligro de desgaste, Garzillo considera necesaria una revisión de estas obras irre-sueltas: "Mi viejo, que murió hace cuatro años, siempre decía, ‘lo peor que le puede pasar a Junín es tener la imagen de estos edificios sin terminar’. Se tendría que reunir el Concejo Deliberante, ponerse de acuerdo en esta causa común y, de alguna manera, si el propietario tiene fondos reales, obligarlo a terminar la obra. Es cierto que es muy costoso ‘cerrar’ un edificio, pero se podría buscar la manera de tercerizar la obra o buscar inversiones para completarla. La realidad es que afea la ciudad, da una imagen de cosa incompleta".

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