El gobernador se ganó un lugar de privilegio junto al matrimonio presidencial en Luján. Llevó consigo gran parte del gabinete. Los jefes de la Primera Sección también jugaron
Dos datos surgen, uno en estrecha vinculación con el otro, de la puesta en escena que el oficialismo montó en la “capital de la fe”: el sólido y renovado alineamiento del mandatario bonaerense con el Gobierno nacional, que le ha dado, como informó ayer este diario, el primerísimo plano en estos días de celebraciones patrias; y el carácter bonaerense de la administración que lideran los Kirchner, que se recuestan cada vez más en la red que le proporciona el distrito más poderoso del país.
No fue casual la asistencia casi perfecta de funcionarios del gabinete nacional y del equipo de Scioli en la Basílica. La apuesta a vaciar el tedeum del hiper crítico obispo porteño obligaba al Gobierno a cerrar filas con una presencia sólida en Luján. En las primeras filas de asientos se ubicaron las principales figuras del gabinete nacional: Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, Amado Boudou, Jorge Taiana, Alicia Kirchner (con llamativo sombrero), Carlos Zanini, Oscar Parrilli, Guillermo Moreno, Julio De Vido, Julio Alak, Débora Giorgi, Julián Domínguez, Carlos Tomada y Juan Manzur.
Unas filas atrás se ubicó el gabinete bonaerense con numerosos representantes. Estaban Alberto Pérez, Alejandro Arlía, Ricardo Casal, Mario Oporto, Cristina Álvarez Rodríguez y Javier Mouriño, entre otros.
Acompañado por su esposa, Karina Rabolini, Scioli volvió a ser figura central. Entró a la Basílica con Cristina y Néstor Kirchner y ocupó la primera fila de la derecha. Los únicos funcionarios nombrados en toda la ceremonia fueron la Presidenta y el gobernador.
Afuera, los intendentes del norte del Conurbano colapsaron los accesos a la Basílica con decenas, acaso centenares de micros que llegaron repletos de militantes y clientes. Una clásica movilización peronista para celebrar el Bicentenario, que venía muy despojado de color partidario.
Pero no fue solamente la presencia de una multitud lo que aportaron los caciques de la zona: también clamor electoral. El kirchnerismo convirtió en un ritual anual la movilización de apoyo al Gobierno en cada 25 de mayo. Y éste, el de los 200 años de la patria, no fue la excepción.
El 25 de mayo de 2007, el oficialismo proclamó en Mendoza la fórmula Cristina-Cobos. Ayer, los carteles postularon al ahora diputado nacional y secretario de la Unión de las Naciones Suramericanas. “Néstor Kirchner 2011”, rezaban las pancartas. Sin vueltas.
La Iglesia católica, sin exclusividad
La participación de representantes de otras religiones en el tedeum que organiza históricamente la Iglesia católica fue un dato que no pasó desapercibido ayer en Luján. En efecto, a la homilía del arzobispo de Mercedes, el anfitrión de la ceremonia, se sumaron mensajes de representantes de la Iglesia ortodoxa rusa, de las iglesias evangélicas, del judaísmo y del islamismo. Así, el tedeum del bicentenario K ofreció una versión plurirreligiosa de la Argentina, mucho más ajustada a la realidad que la tradicional, y le quitó la exclusividad de la celebración patria a la Iglesia católica, institución que ha sido muy crítica de este Gobierno. ¿Casualidad?
Bergoglio reclamó un gesto de “grandeza” a la dirigencia
Luego de la fuerte polémica por los dos tedeum y de las disputas que mantuvo la Iglesia y el Gobierno en los últimos tiempos, el cardenal Jorge Bergoglio buscó aquietar las turbulentas aguas en el tedeum que encabezó en la Catedral, al destacar como “un hermoso gesto” que las autoridades nacionales, encabezadas por la presidenta Cristina Fernández, hayan ido a la Basílica de Luján a rezar por el Bicentenario de la patria.
De todos modos, las críticas no fueron ajenas al discurso de Bergoglio, quien le reclamó a la dirigencia que tenga “una actitud de grandeza” para “superar el estado de confrontación permanente”. El primado de la Argentina entendió que “no es momento para victimizarse ni para procurar ventajas sectoriales”. “Nos unimos a todos aquellos que están en Luján, encabezados por las autoridades, para rezar por la patria. Es un hermoso gesto del cual nos alegramos”, subrayó antes de comenzar el tedeum en la catedral metropolitana, adonde acudieron referentes de la oposición.
Bergoglio optó por leer el documento La patria es un don, la Nación una tarea, elaborado en marzo pasado por la Conferencia Episcopal Argentina que preside, en vez de pronunciar una homilía, y explicó que lo hizo “como signo de unión de todas las iglesias particulares del país y de fraternal unión con todos los obispos”.
“La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males”, aseveró.
En Luján, pidieron defender el bien común “a cualquier costo”
Una hora después de que Jorge Bergoglio terminó su discurso, el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, fue el encargado de hablar en la Basílica de Luján, ante la Presidenta. En ese marco, pidió defender “a cualquier costo” el bien común y la unidad nacional, y reclamó “un nuevo proyecto de país” fundado en valores “sólidos y verdaderos” que posibiliten “un justo y solidario desarrollo de la Argentina”.
Delante de la Presidenta, mandatarios extranjeros y demás autoridades nacionales, el prelado suplicó por “una Justicia más efectiva, una mejor y más equitativa distribución de la riqueza, y una mayor independencia de los poderes republicanos”.
El arzobispo mercedino advirtió además que el Bicentenario es “un desafío insoslayable” para la democracia argentina, y afirmó que el período jubilar 2010-2016 reclama “elaborar proyectos políticos, presentar propuestas sociales y culturales, y mejorar la calidad de nuestras instituciones”.
“Nos debemos un diálogo magnánimo y sereno, que significa abrirnos camino a través de la palabra, y para eso debemos escucharnos con respeto y fortalecer el consenso sobre referencias comunes y constantes, más allá de partidismos e intereses personales”, aseveró.
Fernández de Kirchner ingresó en la Basílica a las 12.11, en medio de aplausos. Antes de empezar el tedeum, el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, leyó un mensaje del papa Benedicto XVI a la Presidenta y al pueblo argentino.
























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