El intendente de San Miguel de Tucumán aseveró que no mantiene una pelea con el gobernador Alperovich y que su proyecto político es conjunto. También habló de la muerte de Bussi y de la obra que anhela llevar adelante antes de que concluya su mandato: recuperar las márgenes del río Salí. Un pedido por la salud de la Presidenta
-Este año fue intenso en lo político por las elecciones, ¿qué balance hace?
-La gente nos prestó su apoyo fundamentalmente por nuestro trabajo. No hay otra ciencia. Si uno compara el municipio con 2003, podemos decir que se hicieron muchas cosas. Si hubiera sido una empresa habríamos quebrado, rematado los bienes y habríamos cerrado las puertas. Pero como era una institución, había que sacarla a flote. Era prácticamente imposible llevar el municipio adelante y creo que la política nacional que implementó en ese momento Néstor Kirchner, y que José Alperovich llevó a cabo en Tucumán, hizo que todos, cada uno en su lugar, pueda dar respuestas a la comunidad que tanto las esperaba.
-Se hicieron varias lecturas respecto a la diferencia de votos que usted obtuvo en la capital por sobre Alperovich...
-La vez pasada el gobernador nos invitó a los intendentes a comer a su casa y él mismo me decía que entre nosotros no debía haber especulaciones o celos que no conducen a nada. Fue una pequeña diferencia, lo que no significa que los votos sean míos. Los votos son de un proyecto político. La gente nos quiere ver juntos trabajando. Estoy completamente seguro que si José y yo no estuviéramos juntos, no nos iría bien. Y la gente espera que nos vaya bien.
-¿Pero, cuál es el mensaje? Porque la gente lo votó más a usted en la capital...
-Fueron pocos votos de diferencia... Podemos analizar también que hubo más cortes de boleta hacia mí y no hacia el gobernador. Pero la verdad es que no hicimos un análisis exhaustivo por esos 3.000 votos de diferencia.
-¿Se siente incómodo cuando se dice que hay dos proyectos paralelos de poder: el amayismo por un lado y el alperovichismo por el otro?
-Esto lo hablamos con José y a veces nos reímos, porque sabemos que es el juego de la política. Tampoco podemos andar diciéndonos: no digas esto o no digas aquello. Algunos alimentan esto desde el punto de vista político y otros, quizás, lo hacen desde la mala intención. Yo creo que hay varios que deben estar queriendo que nosotros nos peleemos. Estoy seguro que eso no va a ocurrir. Él se levanta tan temprano como yo. Es un animal en su trabajo, y lo digo en el buen sentido. A José le gusta trabajar mucho. Y yo soy muy parecido a él en eso. La verdad que no tenemos tiempo para dedicarles a las comidillas políticas. Cada uno es libre de pensar lo que quiera, pero yo les digo que la realidad es otra.
-Y en este contexto, ¿hacia dónde va el proyecto político de Amaya?
-Yo no tengo un proyecto personal. Yo estoy dentro de un proyecto que conduce Alperovich. Eso que quede claro. Nosotros tenemos un conductor y es el gobernador.
-Usted dice que no hay diferencias, pero en el Concejo Deliberante es marcada la pelea entre alperovichistas y amayistas…
-Yo no lo veo así. Eso le deberían preguntar a los concejales. Ustedes saben que un cuerpo legislativo es un ámbito netamente político. Nosotros logramos en estos ocho años que los concejales se comprometan con el vecino. No hay diferencias. Yo siempre le digo al gobernador: José, vos sos un justicialista de corazón. Porque si no tuviese ese corazón tan generoso, tan abierto y tan sensible, las cosas no se habrían logrado.
-¿Y qué hará dentro de cuatro años?
-Y… Falta mucho. La verdad que cuatro años es mucho tiempo para pensar. Hoy la gente me votó como intendente y tengo que trabajar para ello. Después veremos en qué lugar estamos en este proyecto político. Pero esa no es una decisión que la tenga que tomar solo.
-¿Cómo ve el crecimiento político a nivel nacional que tuvo Beatriz Rojkés?
-Cuando se nombraba la posibilidad de Betty, yo dije que lo más importante era que Tucumán iba ganar no sólo consideración, sino respeto. Creo que se consideraron muchas cosas para que la tercera autoridad del país sea de Tucumán. Ahora, los ojos del país nos están mirando.
-¿Le molesta que las decisiones provengan de un poder superior? ¿En este caso, de la Provincia para con el municipio?
- Yo nunca tuve condicionamientos…
-Pero hubo decisiones que partieron desde la Casa de Gobierno, como el aumento del cospel, por ejemplo...
-A la política uno la tiene que tomar como viene. Nosotros los políticos tenemos que estar preparados para todo tipo de situaciones, porque el principal objetivo a cumplir es darle soluciones a la gente. Son las reglas del juego. Lo importante es lograr que cada uno de los objetivos que nos trazamos se cumplan. Si tengo que pasar por ríos embravecidos y tormentas para encontrar la solución, lo haré.
-¿Qué pensó cuando se enteró de la muerte de Bussi?
- Se me vinieron muchas cosas a la cabeza. Muchos recuerdos dolorosos. Y también una profunda tristeza de que esta persona haya fallecido sin tener arrepentimiento, sin decir la verdad. La mayoría del pueblo tucumano que lo eligió de gobernador debe estar arrepentida después de haberse conocido lo de las fosas en el ex Arsenal. Pero bueno, no soy una persona que tengo odio en mi corazón. Sí tengo dolor y este dolor no se me va a ir nunca.
-¿Cómo interpreta este comportamiento de la sociedad tucumana?
- Creo que en ese momento los tucumanos no conocían la verdad. La política de Derechos Humanos que aplicó Néstor Kirchner no sólo se encargó de encarcelar a estos genocidas, sino que fue una política amplia, de dar a conocer los hechos. Antes, la gente pensaba que la desaparición de personas era un invento. Esa percepción cambió ahora.
-¿Qué obra pública anhela concretar y que quedó pendiente?
-Mi gran anhelo es conseguir los fondos para hacer un plan maestro en la Costanera. Tenemos que cambiarle el eje a la ciudad. Nosotros no podemos seguir mirando siempre al cerro. Es un proyecto que sería concretado de manera paulatina, porque son 970 hectáreas a las que hay que darle funcionalidad. La idea es ir trabajando los márgenes del río Salí. El proyecto abarca desde el puente de San Cayetano hasta los puentes Lucas Córdoba y Barros. La obra hídrica, que es lo más caro, tiene un costo de $ 40 millones, y la obra civil, unos $ 30 millones.
Antes de despedirse, Amaya pidió por la salud de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. "Les pido a los tucumanos que recen por su salud", concluyó el intendente de la capital.




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