Daniel Attala nació en Gálvez, estudió letras en Rosario y hoy vive en Francia. Escritor y profesor universitario de literatura, es el autor del libro “Hermes Binner, primer gobernador socialista de la Argentina”.
Confeso adherente del proyecto que encarna el socialista, no oculta la admiración por “un político que cuando lo conocí me manifestó su deseo de que la provincia hiciera un homenaje a (el escritor Juan José) Saer. Un político que lea Saer y piense que es importante rendirle un homenaje oficial me pareció algo totalmente inesperado”.
Attala dice que en Francia existe una producción constante de libros de y sobre políticos, y asegura que se trata de una práctica importante para la democracia y que en nuestro país es una carencia. Su obra es una aporte para remediarla.
—¿Qué es lo que le sorprendió de ese Binner “cotidiano” con el que tomó contacto?
—Todo, porque no lo conocía prácticamente. Es extremadamente inteligente y no se deja arrastrar por los lugares comunes o el prejuicio.
—Usted lo describe como alguien de buen talante y humor.
—Lo encontré muy afable, con una actitud de humildad, con los gestos cotidianos de cualquier persona. Y luego el humor; hace muchos chistes, mucha cosa criolla. Lo noté como una persona muy acriollada, que probablemente le viene de su vida en Rafaela.
—Pero eso no se trasluce mucho en la esfera pública.
—Estimo que es así porque toma muy en serio las cosas que se juegan en la vida política y considera atroz ponerse a hacer chistes. Aquí decían que (Fernando) De la Rúa era aburrido. Quien critica a un político diciendo que es aburrido, es un loco. (El premier italiano, Silvio) Berlusconi es muy divertido pero es un fascista.
—¿Qué lo emociona?
—Lo emociona mucho hablar de sus logros, del hecho de haber llegado a ser gobernador. Se sigue mirando con incredulidad.
—Se podría decir que “no se la cree”.
—Claro. Cuando me habló de que jamás se imaginó llegar donde llegó tuve la sensación de cuando Borges decía “Borges y yo. El otro es el famoso y yo sufro a ese que es famoso”. Tuve esa misma sensacion con Binner, que podría decir Binner es el “personaje público” y “yo”, esa persona emocionada contándome eso como el chico de Rafaela que se mira llegar a ese lugar de una manera un poco incrédula.
—¿Abordaron la situación en la cual un dirigente tiene que “negociar” ideología con la realidad?
—Binner dice que no es un pragmático. Tiene mucho cuidado en dejar claro que tiene ideales y que no todo se negocia. Pero admite una cuota de pragmatismo. La prebenda existe, y pretender que se va a terminar de la noche a la mañana es utópico, lo que no significa, me dice, que sea pragmático.
—¿Cuál era la idea con el libro, porque no es una biografía en sentido estricto?
—Son diálogos. La idea de origen era que Binner vaya contando su vida; ir construyendo un diálogo entrelazando su historia personal y la del mundo, tal como él la fue viviendo. Yo vivo en Francia y allá hay una producción constante de libros de y sobre políticos. Esa es una práctica cotidiana de la democracia que creo muy importante y que en nuestro país falta.
—Ayuda a conocer a los dirigentes.
—Aquí los políticos son conocidos por el eslogan y la chicana. Lamentablemente los medios se hacen eco de eso de una manera excesiva, y es lo que le llega al ciudadano que tiene que votar, pero para valorar los discursos hace falta un mayor conocimiento de las personas que se encargan de la cosa pública.
—Sin embargo una persona del perfil de Binner llegó a ocupar cargos importantes.
—Sí, pero le podría haber ido mucho mejor. Mi deseo es que haya muchos más como Binner. Hay todo un país que vive en una democracia muy pobre.
—¿Cuál es su relación con Binner?
—Yo no soy periodista, y lo aclaro. Tengo una corriente de simpatía con su persona y el proyecto que lleva adelante.
—¿Lo conocía antes?
—Como cualquier ciudadano, por los diarios, y sólo había hablado con él un par de veces. Una de ellas fue para mí muy importante y quizás me marcó, porque me manifestó su deseo de que la provincia hiciera algún tipo de homenaje a (el escritor Juan José) Saer. Pensé: un político que lea Saer y crea que es importante rendirle un homenaje oficial me pareció algo inesperado.

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