Fracasaron las negociaciones entre el gobierno y los amotinados; analizan otra propuesta
RIO DE JANEIRO.- Después de más de 15 horas de negociaciones, fracasaron ayer los esfuerzos por llegar a un acuerdo entre el gobierno de Bahía y los policías militares que están en huelga desde hace una semana.
La protesta ha sumido a este turístico estado en una grave crisis de inseguridad con más de un centenar de muertos, cuando faltan apenas diez días para su carnaval, uno de los más importantes de Brasil.
"Las negociaciones fueron interrumpidas sin evolución. Lamentablemente no llegamos a un acuerdo", dijo el presidente de la Orden de Abogados de Brasil en Bahía, Saúl Quadros, que junto con el arzobispo de Salvador, Murilo Krieger, intentó mediar entre el gobierno y los policías militares en un extenuante encuentro en la residencia del prelado.
Los policías reclaman un aumento salarial, que ahora redujeron al 20% si se hace efectivo de inmediato, y exigen una amnistía para los 12 compañeros acusados por el gobierno de vandalismo durante esta última semana, en la que los saqueos, los robos y una fuerte alza de homicidios sacudieron al estado.
El gobernador de Bahía, Jacques Wagner, ofreció un 15% de aumento, pero en forma gradual, y rechazó cualquier perdón a los policías que ya tienen órdenes de captura. Uno de ellos fue detenido el lunes y el otro fue arrestado ayer por el Comando de Operaciones Tácticas, la tropa de elite de la policía federal.
Al caer la noche sobre Salvador, los huelguistas, que culparon al gobierno de la falta de acuerdo, presentaron otra propuesta, que era estudiada por las autoridades.
Mientras tanto, unos 1000 de los 3500 soldados que la presidenta Dilma Rousseff envió el sábado a Bahía para contener la ola de criminalidad mantuvieron ayer el cerco humano alrededor de la Asamblea Legislativa, donde se atrincheraron unos 200 policías militares, liderados por Marco Prisco.
Al principio mantuvieron como escudos humanos a un centenar de familiares y simpatizantes, entre ellos decenas de chicos, pero en la madrugada todos los menores y adolescentes salieron, al igual que muchas mujeres.
Después de varios enfrentamientos entre los soldados y familiares de los huelguistas, ayer fue un día mucho más distendido, ante la expectativa de que las negociaciones arrojaran buenas noticias.
Los militares, que el lunes temprano habían cortado la electricidad en el edificio de la Asamblea, distribuyeron al mediodía agua y comida a los policías cercados . Y cuando un grupo de familiares se enteró de que era el cumpleaños del jefe del operativo del ejército, el general Marco Edson Gonçales Dias, que fue jefe de seguridad del ex presidente Lula da Silva, hasta le acercaron una torta de regalo.
Confianza
El gobernador Wagner, ex sindicalista y miembro de peso en el oficialista Partido de los Trabajadores (PT), había expresado por la mañana su confianza en que la crisis acabaría ayer mismo. "El Carnaval se acerca y tengo la convicción de que llegaremos a un acuerdo. Estamos haciendo propuestas consistentes para que podamos terminar con este movimiento hoy", dijo.
Con 2,6 millones de habitantes, Salvador ha pasado una semana virtualmente paralizada, con escuelas y comercios cerrados. El mayor temor es que se alteren sus festejos de Carnaval, los más importantes después de los de Río de Janeiro.
"¡Oh, oh, el Carnaval se acabó! ¡Oh, oh, la PM lo paró!", coreaban anoche desde el interior de la Asamblea Legislativa los policías militares huelguistas, para ejercer una mayor presión social sobre el gobierno.
Por otra parte, las autoridades federales están preocupadas por la posibilidad de que la huelga se extienda a otros de los 27 estados, como Río de Janeiro, Espíritu Santo, Paraná, Rio Grande do Sul, Mato Grosso, Roraima y Goiás, donde ya hay reclamos similares.
Sucede que la policía militar, que depende de la Secretaría de Seguridad de cada estado, es uno de los cuerpos peor pagos y menos preparados de Brasil, con sueldos que van entre 900 y 2500 dólares..


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