Entre 1960 y 1985 la economía neuquina creció a una tasa 10 veces mayor que la nacional, convirtiendo a Neuquén en una isla de crecimiento. El rol del sector público y la planificación.
Neuquén > La evolución de la economía de Neuquén iniciada a partir de la primera gobernación de Felipe Sapag en 1963 es una historia de crecimiento. Pero en esa historia, como señaló a La Mañana de Neuquén el economista Ernesto Bilder, convivieron dos modelos. Una línea que desde el comienzo, y a tono con el clima de época, fue una suerte de "neoperonismo" en el que la intervención del Estado fue clave para el desarrollo.
Punto de partida
No podría haber sido de otra manera. Las condiciones iniciales que debió enfrentar el fundador del MPN no eran las ideales para un proceso de desarrollo: Un territorio entre montañoso y mesetario inicialmente poco apto para la agricultura, una ubicación mediterránea alejada de los puertos y de los grandes centros de consumo, una población escasa, sin grandes aportes de una ganadería estancada y con una minería casi de subsistencia. Con estos elementos de partida puede decirse que la tarea de Felipe Sapag y el MPN fue inventar una provincia, tarea que sólo fue posible a través del Estado y dónde poco podían hacer por sí solas las fuerzas del mercado.
Algunos números globales dan cuenta de los resultados. Según reseña ante este diario el economista Humberto Zambón, entre 1960 y 1985 la economía neuquina creció a una tasa 10 veces mayor que la nacional. Durante estos tres lustros el producto neuquino creció a una tasa anual del 9,3 por ciento, mientras que el PBI nacional lo hizo al 0,94 por ciento. Mientras la población nacional crecía al 1,7 por ciento anual, la provincial lo hacía al 4,1. Medido por habitante, el producto neuquino se expandió al 5,2 por ciento por año, mientras que a nivel nacional se registraba una contracción del 0,76 por ciento. Neuquén fue una isla de crecimiento en un mar de estancamiento relativo. La diferencia, señala Bilder, no fue resultado de la generación espontánea, sino de un proyecto. La creación del Copade (Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo de Neuquén) a poco de asumir, en el mismo 1963, fue el punto de partida. La acción del consejo sentó las bases de una planificación de tipo indicativa. Una de las cabezas del Copade, el ex ministro de Economía y gobernador Pedro Salvatori, intentó una suerte de etapa superior, con la agregación de valor a las actividades extractivas, como el desarrollo de la Petroquímica.
El rol de gasto público
Para Bilder, la economía de Felipe Sapag fue "social demócrata". El gasto con sentido social fue su motor. Sólo en su primer gobierno se construyeron 13.000 viviendas, lo que dio techo a un tercio de la población de entonces. Se desarrolló un plan de salud que fue una revolución en la medicina pública argentina de la época. En educación se terminó con las escuelas rancho y en 1964 se creó la Universidad Provincial del Neuquén, antecedente de la actual Universidad Nacional del Comahue. Estos beneficios fueron acompañados también por el crecimiento del empleo público, una pesada herencia que, a comienzos de los ’90, superaba el 20 por ciento de la población ocupada. Pero por entonces se creó en Neuquén una suerte de Estado Benefactor, que brindaba empleo, educación, salud y vivienda.
En buena medida este bienestar se encuentra en la raíz del fuerte proceso de migraciones internas que recibió la provincia, proceso que en el imaginario encuentra su máxima expresión en las palabras dichas en su momento por el gobernador Salvatori: "En la Argentina o se consigue un pasaporte o se viene a Neuquén".
Los límites
Estas políticas fueron posibles gracias a la administración de la renta petrolera para un nivel de población que todavía no era tan importante. Las limitaciones se iniciaron cuando las regalías comenzaron a disminuir en relación a la población. Durante el último gobierno de Don Felipe, entre 1995 y 1999, la realidad había cambiado radicalmente. Uno de los ministros de economía de entonces, Silvio Ferracioli, debió administrar no sólo bajo el 1 a 1, sino con pisos del barril de crudo a 9 dólares (ver aparte). Es aquí donde deben buscarse las bases económicas del quiebre del viejo orden de Bienestar que explican, junto a un nuevo clima de época, la nueva línea económica de los gobiernos subsiguientes que, a pesar de todo, soportaron algunos embates, como por ejemplo; las presiones para privatizar el Banco de la Provincia del Neuquén demandadas por el Banco Mundial y Domingo Cavallo. La siguiente limitación, siempre pendiente, es la superación de la economía de enclave; la agenda para el Neuquén del futuro.
Administrar la provincia con el barril de crudo a 9 dólares
A Silvio Ferracioli, ministro de Economía, Obras y Servicios Públicos de Felipe Sapag durante su última gestión 1995-1999, le tocó administrar la provincia con viento en contra, en una etapa en que el presupuesto promedio fue, en términos nominales, siete veces menor al actual. También debió comenzar con medidas impopulares, como la reducción a la mitad del adicional por zona desfavorable del 40 por ciento que, por entonces, cobraban los empleados públicos. La administración precedente de Jorge Sobisch había cobrado alrededor de 700 millones de dólares por la privatización de YPF y la había reinvertido en diversos rubros, entre ellos, la compra de acciones de El Chocón y de Cerros Colorados. Cuando asumió, su cartera era la responsable de pagar sueldos y aguinaldos, pero la plata no estaba. "Empezamos con protestas en la calle y sin plata. Lo primero que tuvimos que hacer fue rebajar los sueldos, no fue el mejor comienzo, pero esa era la realidad de las cuentas de la provincia", recuerda Ferracioli casi 15 años después. Una realidad diametralmente opuesta a las primeras gestiones de Felipe, cuando se contaba con abundantes recursos para el desarrollo y las obras públicas. "Las regalías eran casi lo único que teníamos. Cuando empezamos el barril de crudo estaba entre 18 y 20 dólares. Al final de nuestra gestión había caído a 9 dólares", reseña a La Mañana de Neuquén. "Además, cada vez que viajábamos a Buenos Aires teníamos que ponernos muy firmes, porque se hablaba de eliminar Ingresos Brutos y Sellos, algo que si lo hubiésemos permitido habría aumentado el conflicto social en la provincia". Pero no todo fue superar restricciones. Una vez que lograron equilibrarse las cuentas, también hubo espacio para obras. "Una de las cosas que hicimos fue crear el Consejo Provincial de Educación y construir 50 escuelas", rememora. En materia de infraestructura nos "convertimos en expertos en negociar los créditos del BID, los que se destinaron fundamentalmente a estas escuelas", recuerda. "Con recursos propios construimos los canales de La Picasita, que hoy riega la zona de Picún Leufú, y el de Añelo", agrega. Durante la gestión de Ferracioli también se creó lo que por entonces funcionó como uno de los instrumentos clave para ayudar a la diversificación de la matriz productiva neuquina; el Iadep, Instituto Autárquico de Desarrollo Productivo. "Lo que hacíamos desde el Instituto era bien transparente, con recursos provenientes de las regalías petroleras subsidiábamos una parte de la tasa de interés de los créditos que otorgaba el Banco de la Provincia". Otro de los instrumentos desarrollados por entonces, que hoy siguen jugando un rol clave en la planificación del desarrollo y en el apoyo a las cadenas productivas fue el Centro PYME. Cuando se le pide a Ferracioli su evaluación de la gestión que lo sucedió es taxativo. "A los 4 meses que dejamos el gobierno el crudo pasó de 9 a 28 dólares y poco tiempo después tocaba los 60 dólares".
Opinión
Liderazgo y federalismo
Por RICARDO VILLAR (*)
Murió don Felipe Sapag. Murió uno de los principales arquitectos del desarrollo neuquino. Junto a Jaime Francisco De Nevares, modelaron una sociedad, una provincia, cada uno en su ámbito, muchas veces cruzándose, contradiciéndose, polemizando, pero coincidiendo en implantar su impronta sobre un cuerpo social heterogéneo, aluvional.
Una sociedad que de tal forma adquirió rebeldía contra la injusticia de todo tipo y el centralismo; orgullo por la pertenencia a una región rica y expoliada; convicciones para demandar por la racionalidad en el aprovechamiento de sus recursos naturales y la vigencia de un sistema federal que por ahora es letra muerta en la Constitución Nacional.
Voy a rescatar dos aspectos de la trayectoria y legado de este hombre. El primero está relacionado con la forma como construyó su liderazgo. Lo hizo con la parsimonia y constancia de su andar. Recorriendo la provincia y cada pueblo, y relacionándose en forma directa con cada poblador. Escuchando, más que hablando. Comprendiendo cada situación, dando aliento cuando no había soluciones y dando soluciones cuando las había, sin rodeos.
Hizo política cara a cara, sin estridencias, muy lejos de los métodos mediáticos modernos que fabrican líderes en poco tiempo, fortunas mediante, que no solamente elaboran discursos atractivos sino también figuras estéticamente impecables.
El otro aspecto que creo que es necesario preservar es su prédica por el federalismo, las autonomías provinciales, la regionalización, y dentro de ella, el desarrollo patagónico.
Recuerdo que una vez lo escuché desarrollar una teoría sobre la recuperación de las Malvinas, que creo oportuno rescatar en momentos como estos. Sostenía que el país tenía que darse una estrategia a largo plazo para cautivar a los isleños y que el retorno a la Argentina partiera de su determinación. Pero para ello -decía- había que desarrollar plenamente a la Patagonia, para que desde estas tierras se ejerciera atracción sobre aquellos. Interesante como hipótesis, necesaria como protección de estas tierras, ricas en agua dulce, minerales, pesca y ambiente saludable, todo lo que está faltando en el mundo rico…
Un legado para muchos, sobre todo para los hombres y mujeres que quieran abrirse camino en la militancia política, tomándola como lo que es: una actitud de servicio, un compromiso con la tierra, una elaboración permanente de utopías.
(*) Ex diputado provincial y referente Coalición Cívica-ARI.
Opinión
Honestidad y decencia
Por ALEJANDRO LILLO
Qué efecto tendrá la muerte de un líder en una sociedad mediatizada, reacia a conductas simples, a personas con valores, imprescindibles hoy.
Felipe Sapag es la antítesis de la mayoría de los políticos actuales. Aunque quizás su prédica y su ejemplo no alcancen para la conciencia colectiva, que más que valores humanos se contenta con lo perecedero como bandera.
Felipe Sapag enseña que el compromiso con las ideas plantea desafíos permanentes en la búsqueda de un paradigma que va más allá de lo inmediato, de lo material. Por eso hoy es un referente para parte de la sociedad, que cree en la honestidad, la decencia y la honradez.
Dijo un amigo, su título nobiliario es haber sido Don Felipe. A lo que agrego que construyó con el tiempo, superando la tragedia, con errores, con aciertos, y con una enorme convicción para seguir adelante.
Emoción y homenaje
Desde su casa de la calle Belgrano hasta el Cementerio Central, una multitud se acercó para saludarlo por última vez. El llanto, los aplausos y hasta los cánticos protagonizaron el último encuentro con la gente.



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