La llegada del nuevo ministro en reemplazo de Taiana, en medio del escándalo de las coimas, provoca divisiones
Puertas adentro del Palacio San Martín comenzó a tomar cuerpo una elocuente división entre los funcionarios políticos y las líneas de carrera en torno de cómo posicionarse ante el modelo de política exterior del kirchnerismo y que escenificó como pocos el affaire venezolano: el de la diplomacia paralela. La Presidenta ayer cuestionó esa interpretación y la atribuyó a una operación política y mediática (ver Pág. 11).
Según supo La Nacion de fuentes del Palacio San Martín, los miembros permanentes del servicio exterior tienen pocas expectativas de que con la llegada de Timerman haya un cambio sustancial en la vinculación de la Argentina con el mundo.
En cambio, para los funcionarios políticos, la visión es otra. Creen que la llegada de Timerman traerá aire fresco a la relación del Gobierno con la "casa", a partir de un deliberado rescate del funcionariado de carrera, y permitirá desplazar de la agenda el malestar ante la mentada "diplomacia paralela", que es considerada una mera "estigmatización periodística sin asidero en la realidad", en palabras de un hombre clave del nuevo Palacio San Martín.
"Timerman ha dado buenas señales para la diplomacia profesional y tiene buenas intenciones de gestión, pero él no controla a De Vido", dijo un embajador de carrera que ocupa un importante cargo en el organigrama del Palacio. Sus palabras expresan la convicción de que, más allá de buenas intenciones declamadas, el nuevo canciller no tiene en sus planes reales enfrentarse con los demás miembros del gabinete por el control de los canales de ejecución de la política exterior, ni mucho menos desarmar las estructuras ya montadas en algunas relaciones bilaterales, como las que existen con Venezuela, Bolivia y China.
El ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, seguirán siendo referentes para los tres casos citados, y también seguirán siendo un dolor de cabeza para los representantes formales del país en el exterior, y para los negociadores comerciales y políticos con asiento en Buenos Aires.
Por lo bajo, con resquemores, los embajadores se quejan de que el modelo que cobró cuerpo con el kirchnerismo ha contaminado el trabajo de la diplomacia ante la opinión pública y, sobre todo, ha devaluado su credibilidad.
"El equipo económico de la Cancillería quedó como estaba. De Vido quería un cambio para tener más poder, pero lo cierto es que ahora no tiene menos poder que antes. A lo sumo, tiene el mismo", graficó un embajador de carrera.
El ministro de Planificación Federal promovía el ascenso en el área económica de Luis María Kreckler, actual subsecretario de Comercio Internacional. Timerman, sin embargo, dejó a Kreckler en el mismo puesto y dispuso que al menos por el momento la conducción de las Relaciones Económicas Internacionales siguiera en manos de Alfredo Chiaradía.
Existe, empero, la expectativa de que el caso Sadous se transforme en una oportunidad para blanquear la existencia de la mentada "diplomacia paralela".





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