Un sistema de emergencias médicas agonizante es responsable de muchas muertes al año. O al menos, de que sea imposible saber a ciencia cierta quiénes podrían haberse salvado. Los funcionarios ni se enteran, pero dicen que se pondrán a disposición de los deudos. ¿Por qué no pusieron a disposición una ambulancia cuando se llamó al 107?
Es la plaza ubicada en Balcarce y Remedios de Escalada, lugar en donde el viernes 28 de octubre de 2011, Joaquín, de 16 años, fue herido de un balazo disparado por un menor de 13, que aparentemente jugaba con un revolver. El proyectil impactó en su cabeza, y Sálias murió al día siguiente en el Hospital Interzonal General de Agudos. En ese momento, el autor de los disparos fue aprehendido y puesto a disposición del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil.
Se trata de un barrio con alto índice de pertenencia de los vecinos, porque todos se conocen desde chicos y han estudiado juntos en la escuela 57. Por eso la gente se consternó con la noticia, y con la manera en que habían sucedido las cosas. Entonces hicieron una primera marcha, la que los condujo por la avenida Luro y desde allí hasta la Municipalidad. Luego caminaron hasta la zona del Auditórium, donde estaba pronto a comenzar el Festival de Cine. Los familiares directos fueron recibidos por el gobernador Daniel Scioli, quien les manifestó su solidaridad y compromiso frente al caso. ¿Qué significaba, visto a la distancia, este espaldarazo virtual? La nada misma. Tres meses después no hay novedades contundentes.
Durante el encuentro, también estuvo presente el intendente municipal Gustavo Pulti, quien también expresó su pesar a los padres del chico asesinado. Pero él es el responsable de un servicio de ambulancias deficiente, y eso lo convertía en un cómplice de la muerte del menor, que no pudo ser trasladado en tiempo y forma. Si las ambulancias en la ciudad de Mar del Plata funcionaran, quizá Joaquín – más allá del delito del que fuera víctima- estaría vivo aún.
Precisamente fue Andrea, la madre de Joaquín, quien dio detalles respecto de esta ineficiencia con todo el dolor que conlleva su pérdida, cuando en entrevista concedida a la emisora 99.9 detalló que a tres meses de la inexplicable muerte, nada ha cambiado. Cuando su hijo, el menor de cinco hermanos, fue herido por un chico en aquella plaza, no pudo ser trasladado por un servicio de emergencias, porque la ambulancia no llegó nunca. Cuando su hermano Iván intentó conseguir que fuera llevado al HIGA a bordo de un patrullero de la policía, el móvil se quedó sin nafta. Así, como en una novela del realismo mágico, esta ciudad ve morir a diario a personas en la vía pública sin que medie ninguna posible explicación racional. El servicio de ambulancias no funciona, jamás tarda menos de cuarenta minutos, y cuando llega, a veces no está equipado con el recurso humano o técnico necesario para proceder en una emergencia. Como si el servicio en la vía pública estuviera reservado a la simple atención de esguinces o golpes de calor.
En otra frecuencia
El pasado 11 de enero, en el Concejo Deliberante de esta ciudad, el juez de la Corte Suprema de Justicia Raúl Eugenio Zaffaroni procuraba legitimar el rumbo que el Ejecutivo municipal adoptará para el tratamiento de los hechos violentos que se cometen en la ciudad. Tras la presentación del primer informe sobre homicidios dolosos del Observatorio de Seguridad, dice que ya tiene datos empíricos para diseñar responsablemente políticas públicas criminales para el Partido de General Pueyrredon. ¿Será?
Primero halagó la iniciativa municipal por la que se confeccionó un informe que establece el número de homicidios intencionales cometidos en 2010 en la ciudad, deteniéndose en sus causas, zonas y grupos poblacionales afectados.¡Qué importante! Luego, Zaffaroni contó los resultados que obtuvieron en la Corte tras una investigación que sistematizó este tipo de delitos en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Para qué? Como si conocer los pormenores de los muertos de hace más de un año sirviera para algo en una gran ciudad que no puede levantar moribundos de plena calle porque siempre hay algo mejor que hacer. Porque la ambulancia no llega, no le toca esa zona, se le enfría el mate, y vaya a saber qué más.
Según dijo, en un universo poblacional de 3.000.000 de personas, sólo acontecieron 168 homicidios dolosos durante 2010. ¿Qué quiso decir con “sólo”? ¿Le parece poco?
Nada agrega. Se supone que tales pormenores pretenden enfrentar el proceso de demonización de las clases más carenciadas, y afirmar que no son ellos los responsables de los crímenes. Más allá de tales o cuales evaluaciones, esta ciudad no está en condiciones de dar ninguna respuesta eficiente a las emergencias que se producen en la calle, sea por causa de un disparo o del más cotidiano de los accidentes viales. Nadie alza a un agonizante del asfalto.
El discurso de Zaffaroni sólo conformó a los políticos que esperaban una buena foto en la primera plana. Afuera, familiares de víctimas de hechos violentos y accidentes viales siguen esperando una respuesta que satisfaga, más que una estadística altisonante.
A poncho
Sucedió hace unos diez días en las inmediaciones del EMDER, cuando una mujer que conducía una motocicleta perdió el equilibrio y se cayó sin que mediara ninguna colisión. Como resultado del golpe, comenzó a sufrir una intensa hemorragia en una pierna que sorprendió a los que habían visto la caída y llamaron a la ambulancia.
El primer hombre que la asistió sólo atinó a apretarle la pierna, y un deportista que salía de su entrenamiento corrió hacia allí, desgarró la camiseta que extrajo de su bolso y le improvisó un torniquete. La resolución fue intuitiva: ninguno de ellos tenía una capacitación en primeros auxilios. Quizá simplemente lo hubieran visto en la televisión. Tenían apuro y voluntad.
Pasado un tiempo interminable, el servicio de emergencia se presentó y el médico preguntó quién había realizado la maniobra. “Quizá usted le haya salvado la vida”, repuso, de lo cual puede deducirse que se trataría de una hemorragia de la arteria femoral, capaz de ocasionar la muerte de la víctima en pocos minutos.
La anécdota es más que eso, porque demuestra que una ciudad entera está –más allá de la clase social a la que pertenezca y de los recursos con que cuente- en manos de la buena voluntad de sus vecinos, y de los elementos que ellos tengan para socorrerlo de la forma más primitiva. Aun del combustible que tengan sus coches. Una locura.
Marcos Salvatierra es una de las personas que ha presentado proyectos para mejorar el servicio de ambulancias en esta ciudad, con poca o ninguna suerte.
Él conduce una ambulancia, y ve que las disposiciones que organizan el servicio no son, por lejos, las que una ciudad de este tamaño necesita.
Diez días antes de la muerte de Joaquín, se había comunicado con Noticias & Protagonistas, y había dado noticias sobre el estado del proyecto presentado por él oportunamente. Pero las nuevas no eran buenas, ni lo son ahora. El proyecto terminó en un cajón y nadie da demasiados detalles sobre su destino. Dijeron que lo habían archivado el 1 de abril de 2011 por falta de repuesta del sector de Salud. Pero cuando Marcos se presentó allí para indagar sobre la veracidad de tales afirmaciones, se encontró con que la respuesta de Salud era del 3 de junio: iban a hacer un curso de contingencia y catástrofe en el que intervendrían el Ministerio de la provincia e integrantes de Zona Sanitaria VIII. Sin embargo hasta el momento, meses después, muertes de por medio, nadie sabe nada.
Sin duda, si hubiera sido cierto, una ambulancia habría alzado a Joaquín con vida de la plaza del barrio 9 de Julio.
Mientras tanto, dice Marcos que Mar del Plata sigue organizando eventos de gran magnitud en los que cada vez hay más personas y menos servicio de emergencia: no hay planes de contingencia, sostiene. Refiere que tuvo oportunidad de asistir casualmente a una mujer accidentada en las calles Guido y Balcarce, a la que no podía trasladar porque no tenía médico en la ambulancia. Llamó al 107, y pudo verificar que cuarenta minutos después el servicio de emergencia no había llegado. La operadora se excusó ante el reclamo reiterado diciendo que en cuanto se reportara una ambulancia de la empresa Vital la enviaría, pero en cambio no acudió ninguna de las cinco de Zona Sanitaria VIII, que en ese momento estaban estacionadas a escasas nueve cuadras del accidente.
La razón es el deficiente sistema que hace que las empresas se repartan la ciudad por zonas, y si las ambulancias están ociosas en un sitio, no pueden asistir a los heridos de otro sector que no les corresponde. Otra locura.
“Además”, insiste Salvatierra, “es necesario que los operadores del 107 se identifiquen cuando la persona que llama se los solicita, y no den únicamente un número, porque se dificulta luego verificar exactamente quién fue el responsable de que la ambulancia no llegara”. En la actualidad, el servicio de salud deficiente en ambulancias y hospitales se escuda en el desconocimiento del ciudadano común, y en afirmar que los datos ofrecidos no son correctos. Es necesaria una acción judicial para saber exactamente quién fue el que dejó morir a un paciente en la guardia, o quién no llegó a tiempo a asistir a quien agonizaba en la vía pública.
Sea en la ciudad o en las rutas, el problema es el mismo. Relata Salvatierra que, a pesar de que se había establecido la necesidad de que fuera un servicio de ambulancias eficiente el que coordinara con el Operativo Sol la asistencia a los accidentados en las autopistas y rutas, esto nunca se llevó a cabo. Y que en la actualidad, ciertas localidades dependen de que los heridos de la ruta sean recogidos pos simples camionetas- habilitadas o no- que carecen de elementos para asistir una verdadera emergencia.
La salud está en coma, mientras nuestro intendente recibe personalidades en su despacho para celebrar la Gala del Mar, y nuestro gobernador se aboca a organizar recitales de Pimpinela. Ojalá no les quepa la experiencia de esperar una ambulancia en plena calle como cualquier hijo de vecino. Y que no llegue nunca.




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