Era previsible. Había antecedentes. Es que nada puede perdurar si se construye sin cimientos sólidos. Y en el cimiento del acuerdo entre los partidos políticos que vencieron al kirchnerismo en las elecciones parlamentarias de junio último había más barro que hierro y cemento. Era lógico, entonces, que rápidamente se desplomara.
El caso del Banco Central de la República donde la oposición tuvo un grotesco comportamiento, puso de manifiesto en forma singularmente elocuente que no alcanza con una buena oratoria para erigirse en líder de sus conciudadanos si se carece de las condiciones necesarias para hacerlo. Siempre tiene vigencia aquello que lo que «Natura no da, Salamanca no presta». A fuer de sinceros debemos reconocer que en el firmamento político opositor no ha aparecido hasta ahora quien pueda enarbolar legítimamente esa bandera. Es posible que existan, pero están eclipsados por los figurones que desde 1983, con más audacia que talento, están prestos para vender el alma del diablo con tal de llegar al Poder.
Frente al desolador panorama que ofrece una oposición convertida en una bolsa de gatos, no nos debe sorprender el optimismo del presidente del partido oficialista que asegura que habrá kirchnerismo hasta el 2020.
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