El esquema de poder que improvisa el peronismo hasta que se recupere Balestrini

El esquema de poder que improvisa el peronismo hasta que se recupere Balestrini
El vicegobernador sufrió un accidente cerebro vascular que lo mantiene en grave estado y, de mínima, en su entorno creen que no estará óptimo para tomar decisiones por mucho tiempo.
Federico Scarabino presidirá el Senado, donde el oficialismo tiene minoría y Scioli necesita un líder que armonice con la oposición. Hugo Moyano heredará la presidencia del PJ bonaerense, si es que no se decide convocar a una nueva elección. En La Matanza hay varios caciques que disputan poder.

La salud del vicegobernador Alberto Balestrini obligó a los líderes del peronismo bonaerense a diagramar nuevos esquemas de poder que, al menos, puedan sostenerse durante su ausencia, que en su entorno aceptan que será prolongada. Sobre sus espaldas pesa nada menos que el control del Senado bonaerense, del peronismo provincial y de La Matanza, el distrito más populoso de la provincia de Buenos Aires.

Balestrini nunca perdió su obsesión por el poder territorial que cuidó y administró en La Matanza y en la provincia, ya cuando se convirtió en un dirigente de peso con Néstor Kirchner como líder..

Tanto fue así que ni bien arribó a la vicegobernación, en diciembre de 2007, y todos especulaban con que le pondría palos en la rueda a Daniel Scioli, solía repetir que su máximo anhelo sería ser presidencia del PJ bonaerense, cargo que alcanzó el 30 de noviembre de 2008 y ejerció con ímpetu desde el mes siguiente.

Trasladó la sede del partido a La Plata, presidió todas las sesiones, que convocó hasta en momentos difíciles como la derrota electoral del año pasado. Sufrió un desaire inesperado en diciembre, cuando Kirchner lo obligó a retroceder con una reforma política que había impulsado y estudiado con un grupo de consejeros provinciales. Todo se calmó a los pocos días cuando juntos impusieron a José María Díaz Bancalari como presidente del Congreso del partido.

El vacío que ya hace sentir en el peronismo será difícil de cubrir, no sólo porque no muchos consideran tanto como él que ese organismo es esencial para el funcionamiento de los gobiernos, sino porque la Carta Orgánica del partido no establece una forma de sucesión en caso de que el presidente del Consejo no pueda volver a ese cargo.

Sólo dice en el artículo 35 que ante su ausencia será reemplazado por el vicepresidente primero, "quien es su reemplazante natural y el vicepresidente segundo del primero". No diferencia de ausencia temporal o definitiva.

Además, es el presidente el único cargo elegido por el conjunto de los afiliados. Los 47 consejeros llegan o por sus secciones electorales (se designan cuatro por cada una de las ocho) o por rama, que puede ser gremial, la de juventud o la de mujeres, para las que se reservan cinco lugares. Moyano llegó por la primera de ellas. La vicepresidenta segundadle partido, la ministra de Infraestructura bonaerense, Cristina Álvarez Rodríguez, arribó por el cupo femenino.

Para evitar que haya una sucesión natural se debería convocar a una nueva elección, un trámite más que inoportuno en una época en que ya se vislumbran los primeros rebeldes del peronismo provincial, la mayoría de ellos intendentes jóvenes con ansias de alcanzar una cuota de poder

Scarabino, sostén del Senado

La salud de Balestrini se complicó justo cuando mantenía quizá el mejor momento de su relación con Daniel Scioli. Es que si bien nunca tuvieron enfrentamientos severos, después de la derrota electoral del año pasado ambos comenzaron a necesitarse como nunca.

Además de por su fidelidad a Kirchner, Scioli sustenta sus chances de ser reelegido en 2011 en el apoyo peronismo bonaerense, que promueve su conducción, que no piensa en otro nombre que el gobernador para mantener el control de la provincia.

Balestrini también le garantizaba un manejo criterioso del Senado, donde desde diciembre el oficialismo pasó de tener 32 senadores sobre 46 a quedarse con sólo 19. Ese número le alcanzó para mantener una armonía con el resto del recinto que le permitió mantener como vicepresidente primero al quilmeño Federico Scarabino.

Scarabino deberá asumir ahora como presidente del Senado, tal como establece el artículo 202 del Reglamento interno de ese cuerpo, que es bien claro: "En los casos que el Vicegobernador esté temporaria o definitivamente impedido para desempeñar la Presidencia, será reemplazado en el cargo por el vicepresidente que corresponda, quien la asumirá con todos los derechos, deberes y atribuciones que este Reglamento acuerda al titular, sin perder su condición de senador", señala.

Ex intendente de Quilmes y con décadas en el peronismo bonaerense, donde mantuvo fuertes diferencias con Eduardo Duhalde, Scarabino es el principal ejecutor de los deseos de Scioli y Balestrini en la Cámara alta, para lo que cuenta vastos conocimientos reglamentarios y una reconocida cintura política. Los dos coinciden en algo: cultivan el perfil bajo, con nulas apariciones en la prensa.

Scarabino fue, por ejemplo, quien en 2008 se lanzó a proponer una reforma constitucional que le otorgara autonomía a los municipios y fue quien escribió la reforma política de la provincia que Kirchner bloqueó. También fue el primero que bregó por la reelección de Scioli, allá por julio del año pasado.

Es que, paciente y sin pedir nada más que el buen destino de sus proyectos, Scioli llegó a la última parte de su mandato más aliado al viejo PJ que a los resabios del kirchnerismo o el Frente para la Victoria que en 2005 combatieron a la estructura del peronismo provincial.

Scarabino deberá lidiar las internas de su bloque, donde un grupo de kirchneristas viene pidiendo pista, y soportar cualquier embestida externa, sobre todo, justamente, de los acérrimos K que pululan la Nación y nunca pudieron mirar desde cerca el poder de la Legislatura bonaerense.

Hay tres senadores kirchneristas puros que por voluntad y/o mandato, siempre se mostraron rebeldes: Cristina Fioramonti, esposa del diptuado Carlos Kunkel; Roberto Fernández, ladero del diputado Carlos "Cuto" Moreno, y Guido Carlotto, hijo de Estela. Nadie cree en el Senado que ahora rememorarán sus recelos.

La capacidad de aminorar las derrotas del Gobierno en un recinto con mayoría opositora, una tarea difícil para cualquiera, le jugarán a favor a Scarabino ante una eventual embestida.

El otro frente a resolver será La Matanza, donde Fernando Espinoza gobierna desde que Balestrini le dejó la posta en 2005, para asumir, por pedido de Kirchner, como diputado nacional.

Su presencia evitó hasta ahora internas suculentas, que no tardarían en llegar después de la elección del año pasado, en la que aventajó por sólo 10 puntos al PJ disidente (40% a 30%). Sobre un electorado de 800 mil votos, esas porciones de votos pesan mucho en una elección provincial.

Ese resultado le dio pista a viejos enemigos, como el ex senador Rubén Ledesma o hasta el ahora diputado provincial Juan Carlos Piriz, viejo ladero de Alberto Pierri, el al que Balestrini enfrentó logró vencer en la interna local del PJ de 1999, cuando el ex presidente de la Cámara de Diputados le envió a un ladero suyo. Poco después se convirtió en intendente al derrotar por pocos votos a Lydia "Pinky" Satragno.

Aunque no perdió su perfil bajo, nunca más pasó inadvertido en cualquier discusión política de la provincia.

Comentá la nota