Espionaje made in Mendoza

Espionaje made in Mendoza
Dentro del clima político general que se ha instalado en la Argentina -donde el espionaje, los escraches y la intolerancia son moneda corriente y creciente- las denuncias del Vicegobernador de Mendoza no deberían ser tomadas en broma ni minimizadas
Pero también es cierto que, hasta el momento, la provincia -salvo manifestaciones muy aisladas- no ha participado de ese invivible clima nacional, siendo bastante razonable la convivencia entre las distintas fuerzas políticas, como la tolerancia a las críticas que ellas puedan recibir por parte de la prensa, de la opinión pública o del resto de las instituciones y sectores sociales.

Por lo tanto, así como es necesario investigar hasta las últimas consecuencias las denuncias del Vicegobernador, todo denunciante -particularmente alguien de su envergadura- debería fundamentar y probar adecuadamente tales acusaciones. Es de esperar, entonces, que de una y otra parte se cumpla acabadamente con las responsabilidades que exigen la trascendencia y significado de los lugares institucionales que ocupan.

Pero más allá de esa cuestión, lo cierto es que, en términos políticos, la fractura entre gobernador y vice cada día es mayor aunque el primero que mostró las diferencias es Racconto, mientras que Jaque aún sigue intentado quitar trascendencia al tema, a fin de no dar relevancia política al Vicegobernador temeroso, quizá, de que un cobitos se le pueda infiltrar en sus filas.

Aún así, las declaraciones del Vicegobernador van tomando cada vez más el estilo y el contenido de un político opositor al oficialismo del cual forma parte.

Ayer, en una entrevista con Radio Mitre, no dudó en relacionar el tema del supuesto espionaje del cual es víctima, con todo lo que en ese sentido se está viviendo en el país, al decir textualmente: "Yo creo que los problemas están globalizados y me parece que, en mayor o menor medida, se están repitiendo en diferentes puntos del país y no sé si esto formará parte de un sistema que responde a una construcción federal".

"Pero es contradictorio, porque la verdad que en Mendoza siempre hemos peleado por demostrar lo capaces que somos, pero en algunos momentos hemos sido perjudicados o, en el mejor de los casos, no se han cumplido los compromisos realizados con nuestra provincia, lo que ha implicado que Mendoza vaya quedándose de a poco".

En su elíptico lenguaje, Racconto insinuó que el espionaje nacional ha llegado a la provincia. Además aprovechó la ocasión para criticar al Gobierno nacional por las promesas incumplidas con Mendoza y aceptó que la provincia está cada día más rezagada.

Eso, más que una denuncia, es toda una declaración política.

Celso Jaque, por su lado, respondió a su vice sugeriéndole que hable menos por los medios y se dedique más a trabajar, pero luego -tal vez en un momento de furia- se rebeló contra la denuncia de Racconto de que una cámara de seguridad lo está espiando, acusándolo de servir a intereses a los "que les gustaría que las cámaras no estén porque obviamente lo que les gustaría es que no agarremos a los delincuentes".

Si uno analiza el contexto provincial y las declaraciones de los políticos en pugna, podría llegarse a la conclusión de que estamos ante un debate sobredimensionado, cuya importancia sólo se obtiene por la calidad institucional de los cargos que detentan los polemistas.

Y, quizá, por la intrascendencia de los debates políticos locales que no pasan de ser una desabrida copia borroneada de los nacionales, debido a la incapacidad de generar temas propios. No obstante, lo preocupante es que si insistimos en pelearnos como se pelean en Buenos Aires, lo más probable es que terminemos igual que allá, con las mismas furias, con los mismos odios.

En síntesis, cuesta creer que Racconto sea un verdadero opositor a este gobierno o que Jaque lo mande espiar. Pero sin descartar en absoluto lo que la Justicia deberá investigar, en lo que se refiere a lo estrictamente político, ambos -Jaque y Racconto- deberían replantearse el papel que los mendocinos les otorgaron, pero hacerlo juntos, como los mendocinos los votaron.

Ya bastante tenemos con un vicepresidente y un gobernador en pugna total desde antes que Kirchner y Cobos rompieran, para que a ese conflicto le agreguemos el del gobernador con su propio vice. Mendoza no lo merece.

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