Dice que no debe descuidarse el Copahue, al que además complican las dos lagunas. La advertencia es del vulcanólogo Gustavo Bertotto. "Sin ánimo de alarmar", avisa.
Y le pone la firma a sus dichos, pero sólo con intención de llevar información. Esa información que no intuye ni predice. Sino esa que sale de la historia viva que cuentan las rocas. En general "las rocas más aburridas", ríe, porque él es experto en "Volcanismo basáltico", ese que no "explota" ni muestra su costado más escandaloso, como lo está realizando el temido Puyehue.
Ya se ha hablado tanto, dice, pero lo que tratamos es de llevar información clara y precisa a la gente. Por eso, el martes por la tarde fue el gran protagonista de una conferencia que organizó, en Roca, la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN).
Insiste en que "lo suyo" es el estudio de las rocas "más aburridas", las llamadas "basálticas", porque "me hacen pensar en todo aquello que pasó, que pudo pasar cuando tuvieron actividad, dice, "como hace 50 millones de años, cuando hubo actividad en la Meseta de Somuncura y toda esta región, en Río Negro y Neuquén, estaba bajo lava".
Bertotto es experto en volcanes, docente en la Universidad Nacional de La Pampa e investigador del Conicet.
Prefiere no ahondar en el Puyehue, y lo que minuto a minuto define su presente y futuro, pero sí de la importancia del monitoreo persistente y constante que, en este caso -a diferencia de la sorpresa del Chaitén que despertó después de larguísimos años de letargo en 2008- hizo posible una evacuación a tiempo que evitó pérdidas humanas.
El especialista analizó el escenario de la Cordillera, del lado argentino, donde según el Instituto Geográfico Nacional de Argentina, se registran alrededor de 40 volcanes activos –considerados aquellos que han tenido erupciones en los últimos 10.000 años–, pero entre los cuales merecen la mayor atención dos: el Copahue, ubicado en Neuquén, en el límite con Chile, y el Peteroa en el departamento de Malargüe en Mendoza.
"Creo que ahí hay que poner, en estos momentos, la lupa", advierte, al tiempo que alerta sobre la escasez de estudios de rigor y monitoreos permanentes de 'este lado' de la Cordillera.
"El Copahue es el central, a tener en cuenta -coinciden otros geólogos- porque tiene un problema adicional y es que abajo del edificio volcánico hay dos lagunas que están ubicadas arriba del pueblo".
Se sabe que Chile posee la segunda cadena volcánica más grande y de mayor actividad en el mundo, después de Indonesia. En el vecino país hay más de 2.000 volcanes, de los cuales unos 600 han sido clasificados por expertos como potencialmente activos. De éstos, entre 50 y 60 poseen registro de erupciones y se monitorean los considerados de mayor riesgo.
–¿Qué es y cómo se dimensiona el riesgo volcánico? –consultó "Río Negro".
–El riesgo tiene que ver con la explosividad que pueda llegar a tener el volcán, relacionada a la vida humana. Tiene que ver con el efecto que produzca sobre el hombre, (porque) en sí mismo, si está aislado de todo, podemos definir que es poco o muy explosivo pero, para tener en cuenta el riesgo hay que tener en cuenta el efecto potencial –explica Bertotto.
"Los que están en la Cordillera, tanto argentina como chilena –asegura– se consideran muy riesgosos porque la dispersión de cenizas está gobernada por los vientos y aquí los vientos son preponderantes hacia el oeste. Entonces cualquier erupción violenta afecta".
El vulcanólogo, en su paso por esta ciudad, se mostró cauto sobre las posibles consecuencias de las cenizas en el ambiente y para la salud humana y no duda en afirmar que "hasta que no haya estudios completos y serios, no hay que alarmar".
Sí, considera, "hay que tener en cuenta que las cenizas son fragmentos de rocas, cuanto más explosiva la erupción, más fragmentaria es también, es decir más fragmentos genera. Pero el efecto en sí no es más que el efecto del polvo en suspensión los días de viento".
Bertotto explica que "la composición química pertenece a la roca, que luego se ve fragmentada en partículas. Y en este caso es un tipo de roca ígnea que no se desintegra en contacto con el agua. Tal vez en cientos o miles de años, pero no es como la sal o como la ceniza de carbón", grafica. No obstante, "se deben realizar permanentes monitoreos sobre el agua y en el ambiente".
El estudio de los volcanes
El estudio que se realiza sobre estos gigantes en general abarca el vulcanismo antiguo, la historia geológica del volcán "eso se ha venido haciendo en Argentina, Chile, en todos lados, pero lo que se ha intensificado, por lo menos se ve que ha sido muy importante con esta erupción, en Chile, es la instalación de redes sísmicas alrededor de zonas potencialmente activas, o directamente activas. Esto es con cámaras fijas, GPS, algunos aparatos para medir informaciones de terrenos o cámaras que captan las diferencias de temperatura", explica el especialista. "Estudiar la historia geológica es esencial, pero la segunda parte importante es el monitoreo activo, por lo menos de los que están con más posibilidades de hacer erupción".
"El Chaitén no estaba siendo monitoreado –recuerda–, las erupciones tenían 9 o 10 mil años, algunas 6.000, entonces era considerado que ese no merecía ser monitoreado, y después pasó lo que pasó".
Comentá la nota