Por Mariano GrondonaEs lógico que haya sido Ángela Merkel, la canciller alemana, quien envió el mensaje más urgente al vencedor de las elecciones del domingo último en España, Mariano Rajoy, para que ponga de inmediato manos a la obra en la difícil, casi "improbable" tarea de sacar a su país de la crisis económica que lo aflige.
A esta altura de los acontecimientos, ¿no es ya evidente que la Europa en crisis, la Europa del euro, es de hechura alemana? Alemania siempre quiso liderar a Europa. El canciller Bismarck dio el primer paso en esta dirección cuando unió a Alemania detrás de Prusia, hacia 1870. Bismarck utilizó medios pacíficos, económicos, para concretar su intento. Pero después vinieron los desvaríos sucesivos del káiser Guillermo en 1914 y de Adolfo Hitler en 1939 para liderar a Europa, esta vez mediante las armas, lo que dio lugar a la derrota alemana en dos catastróficas guerras mundiales. Merkel encarna hoy, por su parte, el retorno al realismo de Bismarck, cuando trata de seducir a Europa otra vez mediante el euro en vez de violarla mediante los tanques. Vista desde la lupa de la historia, el abandono de los tanques a favor del euro significa que Alemania, habiendo cambiado de estrategia, no cesa por eso en su ambición. Vista desde Berlín, por eso, Europa será alemana o no será.
Vista desde la lupa de la historia, el abandono de los tanques a favor del euro significa que Alemania, habiendo cambiado de estrategia, no cesa por eso en su ambición
Pasando ahora a la España que espera a Rajoy, comencemos por recordar que hasta 1977, el año en que todos los partidos políticos españoles, de izquierda a derecha, firmaron los ya famosos Pactos de la Moncloa, nuestra madre patria anduvo a los tumbos, incluidas la Guerra Civil de 1936-1939 y la dictadura de Francisco Franco de 1939 a 1975. Durante estas décadas de frustraciones, la península ibérica mereció el título del libro que le dedicó el gran escritor Pedro Laín Entralgo: España como problema . Con su aguda inestabilidad, con la sangrienta confrontación entre hermanos, con el largo interregno autoritario de Franco, España fue por cierto un "problema". Un gran problema.
Pero a partir de 1977, con los Pactos de la Moncloa y la consiguiente formación de un régimen bipartidario gracias al cual dos grandes partidos, uno de centroizquierda el Socialista Obrero (PSOE) y el otro de centro derecha el Partido Popular (PP), se turnaron en el poder, España dejó de ser el "problema" del que hablaba Laín Entralgo para convertirse en un "sistema", más precisamente un "sistema bipartidario" compartido por el PSOE y el PP. Fue por la aplicación de esta exitosa fórmula política que se sucedieron en el poder los socialistas de Felipe González, los populares de José María Aznar y otra vez los socialistas de Rodriguez Zapatero, éste último desde el año 2000.
Con los Pactos de la Moncloa y la consiguiente formación de un régimen bipartidario España dejó de ser el "problema"
Esta fórmula fue exitosa no sólo porque le dio a España la estabilidad política que necesitaba sino también porque pudo conducirla hacia la Unión Europea y, a través de ella, hacia un formidable progreso económico y social. En las elecciones del domingo pasado, el espíritu "rotativo" de la Moncloa volvió a prevalecer con el segundo reemplazo de los socialistas por los populares cuyo líder, Mariano Rajoy se asoma ahora, con una cautela que irrita a Merkel, al ejercicio del poder.
La cautela de Rajoy, sin embargo, está justificada por el enorme desafío que enfrenta. La España de hoy cruje, en efecto, entre las pinzas de un desafío que pone a prueba la geometría analítica de los observadores. Hasta 1977, España fue un agudo "problema" por falta de "sistema". Entre 1977 y los años dos mil, ese agudo problema dejó de serlo gracias al sistema que generaron los Pactos de la Moncloa. Lo que nos asombra hoy es que España ha pasado a tener, a la vez, un sistema y un problema. De un lado, con el reemplazo del PSOE por el PP en el gobierno, el sistema de la Moncloa se mantiene en el plano político pero ya no consigue proteger a España contra una crisis económica tan profunda que le ha causado, ya, cinco millones de desempleados.
La cautela de Rajoy, sin embargo, está justificada por el enorme desafío que enfrenta. La España de hoy cruje, en efecto, entre las pinzas de un desafío que pone a prueba la geometría analítica de los observadores
Aristóteles llamaba "a-poría" -esto es, "sin-camino"- aquellas situaciones en las cuales el pensador parece quedar encerrado en un callejón sin salida. Pero Aristóteles apuntaba también que las "aporías" alimentan la creatividad. La "aporía" de España es, hoy, cómo enfrentar una emergencia en la cual el sistema político de la Moncloa debe afrontar el problema de la recesión al que venció en 1977 sólo para descubrir que él vuelto en 2011, con la pertinaz insistencia de las malezas. ¿Podrá resolverlo España? ¿Podrá resolverlo Rajoy?.


Comentá la nota