El psicólogo Miguel Giaquinto es el nuevo jefe del servicio de Salud Mental del Hospital habló con LA MAÑANA y resalta los cambios que hubo en ese sector del nosocomio desde el cambio de gobierno. Seguro de que lo que se está haciendo es mejor de lo que se hizo, el profesional desarrolla un proyecto que le había presentado a la gestión anterior pero que recién le dieron cabida con la llegada de Bali Bucca a la intendencia.
- El trabajo que estamos haciendo es grupal, los lineamientos se corresponden a un proyecto de trabajo que elaboramos todos los integrantes del servicio de Salud Mental el año pasado, y con la llegada de Bali nos permitió el espacio como para que ese proyecto se plasme.
A partir de ahí empezamos a trabajar básicamente en dos frentes que consideramos prioritarios: por un lado el frente interno, empezar a darle otro confort y otra calidad de vida a los pacientes crónicos que están en el servicio, que son alrededor de 20, que viven ahí por distintas causas. Y el otro plano de acción es trabajar en volver a jerarquizar la salud mental en lo que es el funcionamiento hospitalario y en la comunidad.
En relación al trabajo con los internos, empezamos a diseñar distintas actividades, algunas pocas promovidas desde nosotros, y otras articuladas con otras direcciones del municipio. Estamos trabajando muy bien con el área de Discapacidad, que es con quien coordinamos el hecho de que por primera vez hay un grupo de pacientes de Salud Mental que pueden acceder a una colonia de vacaciones, a pasar un mediodía integrados con otra gente, a nada, a aprender, a disfrutar, a recrearse, a que los pasen a buscar por la puerta del servicio como a cualquier hijo de vecino, que le preparen su vianda.
¿Esa es gente que hacía cuánto tiempo que no salía?
- Salen muy poco, si no son salidas promovidas por nosotros, no salen. Algo que para cualquiera es lo más común, abrís la puerta de tu casa y te vas, acá no es tan sencillo. Que les podamos ofertar estas cosas me parece central en esta etapa de nuestro trabajo.
Con Deportes arrancaremos en marzo con actividades muy puntuales, muy sencillas, pero que son herramientas muy interesantes para la gente que está ahí, para los crónicos; pero también para el paciente ambulatorio, porque vemos mucho a pacientes que están solos, que no salen a caminar porque no tienen con quién, que no se animan porque les queda lejos adonde ir. Entonces, poner un profe que diga que "nos encontramos a las 9 en la puerta del servicio y salimos a caminar", eso solo a veces es sumamente valioso, sobre todo porque en la salud mental hay que trabajar mucho con reconectar los lazos sociales, se tiene que romper ese estigma de que quien tiene un problema de salud mental es peligroso. Eso pasa, para eso están los tratamientos, se hace el abordaje, se estabiliza y después es uno más en la comunidad.
Viéndolo desde afuera, y lo que se ve desde afuera es el edificio, es la única parte que queda del Hospital viejo…
- Sin duda, es una construcción de inicio del siglo pasado, y me parece que fue desatendida durante 15 años.
¿Cuáles son los proyectos para cambiarlo?
- Los proyectos son varios, tenemos el aval de Bali para hacer una reformulación completa del servicio, pasa que hay que esperar que baje el arquitecto de Salud de Provincia, que vea qué se aprovecha de lo que está, cómo hay que hacer la reforma, eso desde el plano de lo edilicio.
Porque imagino que el estado del edificio también debe influir en el estado de ánimo de las personas que se encuentran allí…
- Sí, tratamos de ponerlos un poquito por encima de eso. Muchos de nosotros hace más de 20 años que trabajamos ahí, puede ser chocante para la persona que va por primera vez, para nosotros ya es normal, rompimos esa barrera y estamos tratando de poner un salto de calidad en lo que es la atención en sí, la cuestión humana, que muchos de los familiares de las personas que están internadas después te lo reconocen: el trato, la contención, el acompañamiento.
¿Cómo está el servicio hoy en cuanto a la cantidad de profesionales?
- Tenemos una muy buena dotación de psicólogos, tenemos dos psiquiatras, nos estaría faltando otra trabajadora social, hoy tenemos una sola y por la dinámica del servicio y la impronta que le queremos poner, el trabajo social es clave, porque implica el nexo con la familia, con la comunidad, con las instituciones, el acompañamiento al mismo paciente. En ese sentido una sola está al límite, así y todo está trabajando muy bien.
Hay otras áreas en las que necesitaríamos gente, como terapistas ocupacionales, estamos trabajando en conjunto con el CRIB, nos hemos acercado con Mariángeles (Gómez) para ver cómo podemos articular mejor cada una de las prestaciones que hacemos desde nuestros lugares, y desde ahí surgió la idea de realizar actividades con terapistas ocupacionales que aportaría el CRIB.
Hay una asociación civil que se ofreció para lo que necesitáramos, empezamos con el cine el sábado pasado, lo proyectamos dentro del servicio pero a su vez es abierto, la idea es que vengan familiares a acompañar.
¿Cuál es la respuesta de los familiares?
- En el cine se han incorporado algunos, no muchos. Ese es un tema muy arduo, muy complejo para comenzar con la externación de pacientes, porque hay muchos que no merecen estar ahí, ya no.
Con esta asociación que te contaba vamos a comenzar con un cuenta cuentos, la idea es que tengan la posibilidad de que se les aporte desde afuera elementos simbólicos: palabras, imágenes, cosas que sean estímulos para ellos.
Hace muy poquito nos conectamos con Walter Cordero, con excelente disposición y apertura cuando le transmitimos la idea de, en la línea de la inclusión, trabajar con ellos de alguna manera en la comparsa. A los poquitos días resolvimos que 8 ó 9 pacientes fueran a los ensayos de la comparsa y participaran de alguna actividad, no sé si todos van a poder bailar, algunos empujarán el carro, otros llevarán una cuerda; pero la idea es que puedan ser parte.
¿Estas cosas por qué no se hacían antes?
- Por falta de decisión política, indudablemente. Hay dos gestos que son muy significativos para nosotros como profesionales de la salud mental, es la primera vez que un intendente hace el brindis de fin de año en el servicio, y desde ahí, más todas las cosas que previamente fuimos hablando, es todo un gesto político, hay una señal muy fuerte que el camino de la acción política va a transitar para avalar un cambio ahí.
También puede tener que ver con que es el primer intendente médico desde el regreso a la democracia…
- También; pero viste que a veces los médicos también tienen una mirada muy particular sobre salud mental, eso no es garantía de nada. Esa fue una señal muy fuerte, y la otra es que se produjo un quiebre muy importante de lo que era la conducción de la salud mental hasta ahora, que hegemónicamente venía siendo manejada por psiquiatras. A partir de la llegada del proyecto político de Bali, de que hay una promulgación por primera vez en el país de la Ley Nacional de Salud Mental, se abre la posibilidad de que otros profesionales podamos estar encabezando una jefatura, y en este caso me tocó a mí.
Me parece que son dos instancias muy importantes de que empiezan a sentar precedentes de que la cuestión vira hacia otro lado.
¿Te costó mucho aceptar el cargo?
- (Piensa) No tanto, porque si bien no me esperaba que me lo propusieran, había trabajado fuertemente desde adentro para un cambio, nosotros venimos de los últimos tres años que fueron incalificables, entonces todo ese proceso interno requirió de muchas ganas, mucha energía, mucha resistencia, ahí tuvimos distintos grados de protagonismo todos; pero todos de alguna manera pudimos trabajar en pos de superar esa instancia y por eso es que armamos el proyecto de salud mental que le habíamos presentado a la gestión anterior, que al final no le dieron cabida para hacerlo, y que fue el lineamiento que se respetó.
Una de las presentaciones que hizo el grupo de salud cuando me oficializaron en la jefatura del servicio fue reconocer que el eje del trabajo iba a ser el proyecto que habíamos armado, en ese sentido no era muy difícil tomar una decisión.
¿Cómo imaginás los resultados de este proyecto con todos los aditamentos que hoy están y que antes no estaban?
- Expectativas hay muchísimas, vos lo sondeás en la gente cuando le acercás una propuesta. Nadie puede tentar saber qué resultado va a tener, suponemos que altamente positivo.
No es un descubrimiento nuestro esto de hacer talleres para trabajar desde la salud mental, en los lugares que se ha hecho ha tenido mucha incidencia, es un clásico que los pacientes crónicos fumen mucho, o tengan algunos problemas de convivencia, y todo eso se reduce cuando ellos empiezan a incorporar actividades.
Tuvimos un acercamiento con Ramiro Amado, de INTA, y en estos días empezamos con algunos pacientes con problemas motores, que no pueden deambular, para trabajar desde su lugar fraccionando semillas, embolsando, que eso pueda salir con un loguito que diga "Fraccionado en Salud Mental". Y después vendrá la etapa de armar plantines, de armar la huerta.
¿Tienen espacio físico para la huerta?
- Hay un pequeño espacio físico, lidero a la terminal y también a Casa Hogar. Ahí ya habíamos empezamos a armar una huerta hace un tiempo, que quedó trunca, y ahí vamos a armar la cancha de tejo ahora.
¿Qué mensaje le da a las familias de los pacientes internados para que se acerquen?
- El mensaje a la familia es que se acerque, que se involucre, porque nosotros estamos ocupando un lugar que no siempre nos corresponde, hay responsabilidades que son de los familiares cercanos, y hay decisiones muy fuertes de tomar, es el familiar el que tiene que estar involucrado o acompañando. Nos parecería fantástico que en las distintas actividades haya algún familiar acompañando, en una caminata, en la comparsa, que pueda ir un día a regar la huerta o lo que sea, todo eso es muy estimulante. Muchas de las crisis que se desencadenan en pacientes que están internos tiene que ver con eso, con que reclaman la visita del familiar y el familiar no aparece

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