Según documentos secretos revelados por el semanario Der Spiegel, el monarca mostró “comprensión” en 1981 por el levantamiento para frustrar la restauración democrática.
Según Der Spiegel, Lahn –titular de la embajada germana en Madrid entre 1977 y 1982– envió un despacho al Ministerio de Relaciones Exteriores, en el que volcó sus impresiones sobre un encuentro de carácter privado que sostuvo con el Borbón el 26 de marzo de 1981, cuando los ecos de una asonada que conmovió al mundo aún no se habían apagado, ni en el país ni en el exterior.
En el despacho 254, ahora desclasificado por las autoridades germanas, el diplomático escribió que el monarca español “no expresó ni desprecio ni indignación contra los actores, es más, mostró comprensión, cuando no simpatía”.
En su escrito secreto, Lahn dijo que Juan Carlos explicó, “casi justificándolo”, que “los cabecillas (del golpe) sólo habían querido lo que todos queremos: el restablecimiento de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad”. De acuerdo con el relato del diplomático alemán, el rey de España estimó que la responsabilidad última de la intentona le correspondía a Adolfo Suárez, el presidente de gobierno elegido en comicios democráticos, de quien dijo, aparentemente molesto, que “despreciaba a los militares”.
De acuerdo al despacho de Lahn, el monarca le dijo que había intentado de forma infructuosa aconsejar a Suárez para que “atendiese los planteamientos de los militares, hasta que estos obraron por su cuenta”. Juan Carlos le reveló al diplomático alemán que intentaría incidir en el gobierno y los tribunales militares para que los golpistas no fuesen castigados con severidad, alegando que ellos “querían lo mejor” para España. La opinión de Lahn es la primera, tres décadas después de los dramáticos hechos, que cuestiona la vieja creencia de que el monarca fue algo así como el “salvador” de la novel democracia española.
Sin aportar mayores detalles, el escrito del embajador señala que el rey expresó la esperanza de que el 23-F fuera “olvidado lo más pronto posible”, y se mostró convencido, por simple intuición, de que hechos como ese no volverían a repetirse . Der Spiegel dijo en su edición de ayer que la Casa Real española no quiso comentar la información. Sin embargo, el semanario citó a un vocero oficial, según el cual en los archivos oficiales no existe ningún protocolo que registre esta “conversación privada”.
El autor del despacho, que falleció en 1994, era considerado entre sus pares del servicio exterior alemán y de otros países europeos como un diplomático “fiable”. El despacho de Lahn se encuentra en el archivo político del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania.
Según Der Spiegel, el despacho del embajador alemán ante Madrid quedó olvidado en los cajones de la burocracia germana. Al parecer, nunca habría llegado a manos de Helmut Schmidt, el líder socialdemócrata –pero de tendencia conservadora– que por entonces ocupaba la Cancillería de la República Federal de Alemania.
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