Los europeos sacaron ventaja de entrada y después, aunque pasaron varios sofocones, pudieron controlar el resultado. Fue 5 a 4, con goles de Ordeig, Torra, Bargallo, Panadero y Gil. Para los albicelestes descontaron Pablo Álvarez (2), David Páez y Emanuel García.
A esta altura, con el resultado puesto, será fácil encontrarle explicaciones al nuevo traspie que sufrió el equipo que armó José Martinazzo. Y seguro podemos coincidir o no en que se regalaron los primeros diez minutos de cada tiempo. O en que Martín Álvarez debió ocupar el puesto que finalmente fue del Turco Kenan. Pero la verdad de la milanesa, por lo que se pudo ver y apreciar, es que más de uno no rindió en la medida de lo esperado. Y en eso, hay que exceptuarlo a David Páez. Es que el Cachi, que fue el más parejo y de mayor rendimiento a lo largo y ancho del campeonato, fue el hombre más frío y cerebral incluso cuando Argentina la pasaba mal.
También hubo buenos pasajes de Pablo Álvarez y de Emanuel García, que no se achicó nunca. Y quedó la sensación de que el Cabezón Nicolía podía dar mucho más. Lo mismo que Lucas Ordoñez. Ni hablar del Nalo García. Obvio que aquí no se discute o se objeta que jugaron bien, regular o mal. Pero da la sensación que pudieron rendir un poco más, sabiendo que son grandes y notables jugadores.
De España, hay que decir que logró su objetivo de entrada nomás y después supo manejar el resultado. Es que además de tener un arquerazo, como Guillem Trabal, tuvo hombres con alto poder de definición que cuando tuvieron su chance no la desperdiciaron. Y eso, nos da la pauta que en el hockey de ahora se gana campeonatos teniendo un buen arquero y buenos definidores.
De hecho, está claro que Argentina le hizo pasar varios sofocones al equipo de Feriche. Pero no tuvo ni la claridad ni la efectividad de otras veces. Incluso, le costó hacer pie en defensa ante un equipo que no perdona.
En definitiva, una vez más Argentina se queda en las puertas de la gloria. Y España, como en el 70, el 89 y en el 2001, se lleva los laureles. Si es justo o no, es otra historia. Lo que cuenta y vale, es que nos vamos con la frente marchita y las manos vacías.
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