El espionaje sigue preocupando a Rusia y a los Estados Unidos, como en las viejas épocas de la Guerra Fría. El presidente ruso intentó apaciguar los ánimos y le envió una carta a su par estadounidense. Mientras, surgen detalles de los presuntos espías rusos detenidos en días recientes.
Según publicó el diario británico The Guardian, un bombero irlandés se encontró en el centro del escándalo de espionaje ya que uno de los supuestos agentes usaba los datos que figuran en su pasaporte. Todavía no le confirmaron a Eunan Gerard Doherty si era su documento o una copia la que Richard Murphy usaba. Murphy y su esposa fueron arrestados la semana pasada en Nueva Jersey. El trabajador irlandés comentó a la prensa que había viajado en 2005 por vacaciones a Moscú. Antes de volar hacia allí, debió enviar una copia a la embajada rusa en Dublín para solicitar la visa. La revelación de que se usó un documento irlandés en la supuesta conspiración se suma a la anterior denuncia de que agentes secretos israelíes usaron pasaportes de esa nación para ingresar a Dubai y cometer un asesinato.
El supuesto espía ruso Murphy habría obtenido el pasaporte en Roma y después viajado hacia Rusia. El Departamento de Justicia norteamericano afirmó que los sospechosos habían sido arrestados por una investigación que venían desarrollando hace varios años. Según la Casa Blanca existen documentos que prueban que, en la primavera de 2009, Moscú les solicitó a los Murphy que enviaran información acerca de la próxima visita de Obama a la ex república soviética.
En medio de la conmoción suscitada por los supuestos infiltrados, el Parlamento ruso podría aprobar el viernes una ley que amplía los poderes del Servicio Federal de Seguridad (FSB), del ex KGB. Según el proyecto presentado por el Ejecutivo, el FSB puede convocar a cualquier persona que intente perpetrar un crimen. Los opositores pusieron el grito en el cielo porque esa formulación es demasiado vaga. Asimismo, las personas que dificulten el trabajo de un agente del FSB podrían ser procesadas y condenadas a altas multas o incluso ser recluidas durante 15 días como máximo. La propuesta de ley fue muy criticada por la oposición rusa y los defensores de los derechos humanos, que temen que se vuelva a la época de las detenciones arbitrarias por parte del KGB en la era soviética. El proyecto ya cuenta con media aprobación de los diputados y en dos días el Parlamento ruso deberá decidir si lo pone en vigencia.

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