Las escuelas de Santa Victoria Este necesitan más que refacciones este año

Casi todos los alumnos en esa zona del Chaco salteño son aborígenes. El reclamo por agua potable es el más urgente. Al menos 40 chicos de las comunidades de Vertiente Chica y Bella Vista no concurren a ninguna escuela.
Salta tiene más de 1.000 escuelas. Las de La Merced Vieja y Pozo El Toro, en Santa Victoria Este, departamento Rivadavia, son solo dos de las 800 que hay en el interior de la provincia. El Gobierno provincial anunció que se destinarán $10 millones, serían $10.000 por escuela, para poner los establecimientos a punto antes del inicio de las clases. Pero en esta parte del Chaco salteño la educación necesita más que remodelaciones.

Al menos 30 chicos de la comunidad de Vertiente Chica no concurren a ninguna escuela. Lo mismo pasa en Bella Vista. Ahí, cualquier establecimiento está más de 15 kilómetros. En Pozo el Bravo denuncian que la escuela está partida al medio y que no tienen agua potable.

En la escuela primaria 4.194 de la comunidad pescadora de 84 familias de San Luis se cocina a leña. Los 145 alumnos reciben desayuno y almuerzo. Al freezer que mandaron del Ministerio de Educación no lo pueden usar porque es a gas y la garrafa en Santa Victoria Este cuesta más de $60.

En La Puntana, hace casi un año, un grupo de aborígenes de la localidad, que tiene 10 caciques y más de 4.000 personas, saqueó en 24 horas todo lo que había en un anexo educativo que funcionaba desde hacía menos de dos años. En el edificio de experimentación didáctica que tenía la Escuela de Educación Técnica 3.146 no quedó ni el techo.

Estas son solo algunas de las situaciones que se viven en una de las zonas más pobres de la provincia y del país.

En Salta, el Plan Provincial de Nutrición del Escolar brindó este año asistencia alimentaria a 146.612 escolares de distintos puntos de la provincia. En Santa Victoria Este los comedores escolares tienen una función vital en las comunidades aborígenes de la zona, sobre todo en las poblaciones pescadoras del Pilcomayo, que tuvieron una mala temporada por el denominado Proyecto Pantalón, que desvió las aguas río abajo.

Las escuelas de La Merced Vieja y Pozo El Toro son dos ejemplos que reflejan realidades distintas: las de las comunidades aborígenes que viven sobre la costa del río Pilcomayo, en el límite con Bolivia y Paraguay, y las que residen en el monte, alejadas del gran cauce que da vida al Chaco. De todas formas, las necesidades no hacen caso a las separaciones geográficas y cuando empiecen las clases miles de chicos del Chaco salteño enfrentarán problemas similares a los de estas dos escuelas.

“Lo primordial es el agua”

En la escuela de Pozo El Toro se habían juntado, convocados por la maestra, las familias aborígenes y criollas de Pozo El Bravo y Vertiente Chica. Los varones hicieron un triangular de fútbol. Las mujeres y los chicos se acomodaron en la sombra, para escapar del calor. Después, todos juntos compartieron un locro.

Delia Mabel Campos, de 49 años, es la directora de la escuela primaria de jornada simple a la que concurren 64 alumnos. Vive en la zona hace 20 años, pero hace uno que está en El Toro, con sus dos hijas. “La vida acá es muy sacrificada para todos. Se pueden paliar algunas necesidades, pero siguen siendo muchísimas”, dijo.

El comedor “funciona religiosamente” todos los días y brinda desayuno, almuerzo y merienda a todos los alumnos.

Hay pozo de agua, pero sin bomba y el motor es prestado. La luz la brindan unos paneles solares que no funcionan bien. “Lo más importante es el agua, con lo demás podemos ir buscando soluciones”, afirmó la directora.

La falta de agua no es un problema de la escuela, sino de la comunidad. El cacique David Pastor había dicho del pozo de la escuela: “En julio hicieron un pozo de 47 metros de profundidad, pero el agua es salada y amarga. Directamente no se puede tomar”.

Algunos chicos aborígenes de Vertiente Chica, a 12 kilómetros, asisten a esta escuela porque tienen familiares en Pozo El Toro. Otros van a la escuela de San Bernardo, a 15 kilómetros de Vertiente Chica, pero en esa comunidad hay más de 30 chicos que directamente no van a clases. “La mayoría no va a la escuela porque es lejos. No estudian”, había dicho a El Tribuno el cacique Eliberto Frías.

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