El procurador municipal indicó que es posible legislar sobre la cuestión de los grafitis en la ciudad. Dijo que hay, en efecto, un marco normativo que permitiría controlar en qué sitios se emplazan “grafitis, pintadas y murales”. Ahora habrá que ver si los funcionarios quieren asumir los costos.
La preocupación del intendente parece ir por otro lado. Si bien este año la gestión municipal ha decidido ir contra la cartelería y las marquesinas que sobresalen de las paredes porque ocultan el paisaje urbano, nadie toca las pintadas, que parecen ser todas ellas el ejemplo de la militancia política. Tampoco termina el ciudadano de saber si es que todos los carteles serán cuestionados, o efectivamente la marquesina del Gran Hotel Hermitage merecerá un tratamiento especial. O si el gran cartel del edificio Havanna contamina menos porque no sobresale del borde de no se sabe qué cosa.
En el lenguaje común, el grafiti es el resultado de pintar textos abstractos en las paredes de manera libre, creativa e ilimitada con fines de expresión y divulgación. Dicen los teóricos que su esencia es cambiar y evolucionar buscando ser un atractivo visual con un alto impacto, como parte de un movimiento urbano revolucionario y rebelde. Por lo tanto, una pintada política no se consideraría un grafiti como tal. El grafiti se realiza de manera espontánea, veloz, en lugares públicos, y en algunas ocasiones se mantiene en el anonimato. Además, es catalogado como uno de los cuatro elementos básicos de la cultura hip hop.
El debate se inicia cuando los frágiles bordes de la definición hacen que se confunda el arte urbano con el vandalismo desmedido, y no haya ningún límite. Por eso, el concejal de la UCR Maximiliano Abad ha presentado un proyecto que tiene el fin de limitar los espacios en los cuales es posible realizar pintadas espontáneas de carácter expresivo, y postula la creación de corredores culturales sobre los cuales los grafiteros podrían dar cuenta del arte urbano sin perjudicar a los frentistas de edificios. Porque los propietarios deben invertir cifras cercanas a los $30.000 para pintar una fachada completa en planta baja y primer piso cada vez que los chicos del aerosol deciden expresarse en ese lugar.
Sin duda, se trata de un conflicto de intereses sobre el cual nadie parece querer mediar, porque ni Acción Marplatense ni el Frente para la Victoria habían apoyado la idea, que había quedado en comisiones a la espera de informes solicitados a las áreas de Legal y Técnica, Cultura e Inspección General. El primero de los informes al fin llegó.

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